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El documental sobre los cuatro activistas que están cambiando China

La próxima semana se estrena en Televisión Española (TVE) el documental “El viejo loco que movió las montañas”, la historia de cuatro activistas y su lucha (o cooperación) con el gobierno chino.

El cineasta Antón Calderón y el periodista Diego Torres se han inmerso en uno de los temas más fascinantes de la China contemporánea: la tensión entre la sociedad civil y el poder político. Viajando a lo largo y ancho del país y siguiendo a cuatro activistas chinos (entre ellos Hu Jia) los dos han sido testigos en primera persona de la lucha contra la pobreza rural, la defensa del medio ambiente, el movimiento obrero y el activismo político. El resultado es un documental de emotivas historias humanas que ofrece uno de los análisis más profundos y complejos sobre la sociedad civil, los derechos humanos, las estrategias opuestas que utilizan los activistas y el sistema de represión chino. [Si estás en España, puedes verlo aquí]


 

En ZaiChina hemos tenido la oportunidad de hablar con ellos dos unos días antes de su inminente estreno el martes 6 de diciembre por la noche en el programa Documentos TV de La 2. [Si estás en España, puedes verlo aquí]

– Antes de nada, ¿podéis contarnos cómo surge el documental? ¿Cuál es la historia que queréis contar?

Anton Calderón: Nuestro documental es básicamente la historia de cuatro activistas. Cada uno de ellos proviene de un campo de acción distinto (el medio ambiente, la lucha sindical, el activismo prodemocrático, etc) y tiene un grado de compromiso y una estrategia de acción distinta. Algunos creen que es mejor enfrentarse al Gobierno. Otros piensan que no, que ese tipo de conflictos no dan ningún fruto. Y muchos quedan en una tierra de nadie, entre un campo y otro, tratando de no buscarse problemas, pero encontrándolos muchas veces en el camino. Y luego, además de contar estas pequeñas historias, también hablamos de la gran historia: de cómo es el activismo social en China y la lucha por las libertades.

Diego Torres: Yo había trabajado durante varios años como periodista en China y me sorprendía mucho el contraste entre la imagen que se tiene en general en España o en Europa de China y la realidad sobre el terreno. Se suele pensar que China es una dictadura implacable donde el primero que levanta la voz o se organiza, pues le encarcelan. Esta es una parte cierta de la realidad, pero no es toda la realidad. Gracias a mi trabajo, empecé a conocer a gente que no estaba en esa situación: académicos como Yu Jianrong, defensores de los derechos laborales, activistas por el medio ambiente… gente muy valiosa sobre los cuales no se escuchaba hablar en Europa, porque generalmente solo se oía hablar de los activistas cuando habían sido encarcelados. Me intrigó la historia de estas personas y también su trabajo; tal vez no eran mundialmente conocidas o no habían sido represaliadas, pero a mi entender eran estos activistas quienes estaban cambiando poco a poco la sociedad china… y al mismo tiempo enfrentándose a muchísimos obstáculos.

– Una de estas personas es precisamente Deng Fei (邓飞), el personaje con quien empieza la película, y su programa para dar alimentos a los niños en las zonas rurales más pobres de China.

Diego Torres: Sí, la historia de Deng Fei es muy interesante. Él era un periodista de investigación bastante prestigioso, había trabajado durante muchos años para una revista de Hong-Kong (Phoenix Weekly,凤凰周刊), donde tenía bastante más libertad que en la China continental. Entonces empezó a hacer investigaciones, entre ellas sobre los pueblos del cáncer en China. Fue el primero que encontró un montón de sitios pequeñitos donde la contaminación había generado una explosión del nivel de cáncer y eso estaba completamente encubierto por las autoridades locales. Y éste y otros reportajes le llevaron a ser un periodista bastante combativo y de mucho prestigio.

Llegó un momento, sin embargo, en que Deng Fei tomó contacto con una realidad que le cambió la vida. Él es originario del mundo rural y comienza a investigar sobre la pobreza en el campo y la situación de muchos niños cuyos padres se han ido a trabajar a la ciudad [los niños dejados atrás]. Se involucra mucho con estos niños y se da cuenta de las enormes desigualdades en China, donde todavía hay muchas zonas que son súper pobres. Igual los niños allí no estaban pasando hambre, pero no se estaban alimentando todo lo bien que deberían. Entonces Deng Fei piensa: “Mira, esto del periodismo combativo, el intentar arrojar luz sobre aspectos oscuros del país, pues no es tan fructífero como tratar de cambiar las cosas mediante la organización social; aunque esa organización social sea menos combativa”.


– Es decir, cambió el periodismo por el activismo.

Diego Torres: Claro, y entonces abandonó ese enfrentamiento con el gobierno por una vía más conciliadora: la de fundar una ONG, recaudar fondos a través de donaciones por internet e intentar solucionar la pobreza sin criticar demasiado al gobierno… y en la actualidad es uno de los emprendedores sociales más exitosos de China. Deng Fei no sólo ha conseguido aliviar la situación de pobreza de estas zonas y de esos niños, sino que además ha conseguido movilizar y organizar a la opinión pública en favor de estas causas; y también ha logrado que el propio Gobierno se movilice económicamente a favor de estos proyectos. Deng Fei es el ejemplo perfecto de cuán lejos puede llegar el activismo dentro de los límites marcados por el Partido Comunista de China (PCCh).

Antón Calderón: Yo creo que también merece la pena decir que Deng Fei es un tío muy listo y sabe que en los campos en los que se mueve tiene cierta libertad para actuar. Hay temas que se consideran líneas rojas, por las que no se puede pasar. Nadie del gobierno le va a poner trabas para que le dé de comer a los niños pobres del campo; ni para que la gente se involucre y cree un movimiento casi de masas en esta dirección. Ahora, este tipo de trabajo social en otros campos no se puede hacer.

El activista y emprendedor social Deng Fei ofrece comida a los niños chinos mas necesitados
El activista y emprendedor social Deng Fei ofrece comida a los niños chinos mas necesitados

 

– Esas líneas rojas se comienzan a ver con el segundo activista que aparece en la película, Da Shi (aquí en Baidu Baike), un joven que ha fundado una ONG para luchar contra la contaminación. Éste es uno de los temas clave de los actuales movimientos sociales en China. ¿Cuál es la actitud del gobierno ante estos movimientos independientes que buscan una mayor protección y respeto al medio ambiente?

Antón Calderón: En el caso de Da Shi (大石), él tenía más problemas a nivel local. Este es un tema que se ve muy bien en el documental: lo que puede ser una directriz marcada por el gobierno central, a la hora de llegar a las distintas capas y a las distintas regiones, pues llega completamente cambiada. Las autoridades locales tienen bastante autonomía, o por lo menos la ejercen; las reglas cambian mucho de un sitio a otro . Y muchas veces la gente no sabe muy bien a qué atenerse.

Los problemas que ha tenido Da Shi han sido más de tener que enfrentarse a autoridades locales que están compinchadas con algunas industrias que él intentaba denunciar. Entonces esa dispersión o atomización del poder en China, por la corrupción y por muchas otras cosas, crea muchos problemas a activistas como Da Shi. Su caso es particular, porque es el más joven de todos [nació en 1992] y trabaja en un campo que despierta muchas sensibilidades entre la gente joven y tiene mucho potencial para ser un movimiento de masas (yo creo que ya lo está siendo). También es muy curioso porque es el más inocente de todos; es el que menos encuentros ha tenido con las autoridades y es el que menos consciente es de las consecuencias que puede tener un mal paso.


– Has comentado un elemento que es fundamental: la juventud, las nuevas generaciones.

Antón Calderón: Sí, la historia de Da Shi es un reflejo de esa transformación generacional. El tío empieza a trabajar en una fábrica que está tirando vertidos a un río; y a Da Shi no le gusta, renuncia a su puesto de trabajo y se va de la empresa. Luego crea una ONG en un sitio donde no había ninguna organización medioambiental; y poco a poco va avanzando y protestando en un campo donde no había nada; es él el que va abriendo camino. Es interesante porque forma parte de la nueva generación de jóvenes chinos que ha facilitado la creciente sensibilización por el medio ambiente en China.

Diego Torres: Sí, esto se ve muy bien también en la historia de Deng Fei. Él ha creado una decena de organizaciones: la más famosa es la de comidas gratis (Mianfei Wucan), pero tiene otras contra el secuestro de niños, para favorecer el comercio justo entre el campo y la ciudad, seguros médicos para los niños más necesitados… ha creado una serie de organizaciones y la mayor parte de la financiación proviene de micro-donaciones. Utilizando nuevas herramientas de Internet, como WeChat o Sina Weibo (que en este sentido están muy desarrolladas en China) él puede primero publicar y concienciar a la población, pero al mismo tiempo organizarla y recaudar fondos.

Entonces, la mayor parte de estas microdonaciones proviene de pequeñas aportaciones de gente joven; y eso refleja también un cambio en las nuevas generaciones chinas, que ya no están tan concentradas en la subsistencia, como sus padres, que se decían: “mira, somos tan pobres, que lo que tenemos que hacer es currar, currar, currar… y tampoco preocuparnos mucho de que pasa con nuestros semejantes porque al final tenemos una situación de mucha desesperación”. Entonces al final la gente joven, en las ciudades, sí que empieza poco a poco a ser más consciente de su país, y a ser más solidario y a contribuir con su dinero y con su trabajo para estas causas.

El joven Da Shi y su defensa del medio ambiente son uno de los protagonistas del documental.
El joven Da Shi y su defensa del medio ambiente son uno de los protagonistas del documental.

 

– En vuestra tercera historia os adentráis en el movimiento obrero. ¿Tienen alguna herramienta los trabajadores chinos para organizarse y defender sus derechos laborales?

Diego Torres: Nosotros aquí contamos la historia de Zhang Zhiru, (张治儒) que es muy curiosa. En realidad, todos nuestros personajes tienen un punto excepcional; son personas que le han echado mucho coraje y mucha inteligencia a lo que hacen. Zhang Zhiru, por ejemplo, es un tipo sin educación, que viene del mundo rural (de la provincia de Henan) y que se fue a uno de los pueblos industriales de Guangdong como trabajador migrante (nongmingong). Él nos decía un refrán de la época: “Norte, sur, este, oeste o centro, para hacer dinero lo mejor es en Cantón” (东西南北中发财在广东). En esa época se creía que si te ibas al sur a trabajar a las zonas industriales del país, te ibas a hacer rico.

– ¿Estamos hablando de los años 90?

Diego Torres: Sí. Él empieza a trabajar en la provincia de Guangdong en los 90. Y lo que se encuentra es una situación de explotación brutal: con salarios enormemente bajos; trabajadores que no tenían ningún tipo de contrapeso contra el poder empresarial… Zhang Zhiru trabajaba en una fábrica de zapatos taiwanesa y cuenta anécdotas terroríficas; por ejemplo, que los supervisores iban por ahí con una vara y cada vez que veían un error le pegaban a los trabajadores. Si alguno protestaba o se organizaba, sencillamente le despedían y además le daban una paliza de propina. Eran situaciones muy dramáticas.

Para él, el punto de inflexión se produjo cuando tuvo un accidente laboral mientras repartía productos con una moto. Ya entonces la ley china (y este es uno de los problemas, porque las leyes muchas veces son correctas, pero el problema es la aplicación de la ley) protegía y decía que si estás en un trabajo y tienes un accidente, la empresa debe cubrir los gastos médicos. Pero él se encuentra pidiéndole a su jefe que le pague los gastos de la operación… y el jefe le dice que no. Entonces se embarca en un proceso primero administrativo y después judicial, pero los pierde. Y pierde porque no tiene dinero para pagar buenos abogados, no conoce la ley… y se encuentra en una situación de completa desprotección.

Y es ahí cuando cambia un poco el chip y dice: “mira, en esta situación en la que estoy yo hay muchísima gente. Y yo voy a intentar trabajar porque esta gente tenga más apoyo. Voy a estudiar la ley y voy a intentar que nos organicemos para que los trabajadores tengan una vida mejor”. Y eso es lo que hizo desde entonces. Tiene una ONG en Shenzhen, Spring Labor Dispute Organization [link en chino], donde acude mucha gente a pedir ayuda: trabajadores de una fábrica que les han despedido por organizarse o por cualquier otra razón; gente que ha tenido un accidente laboral y no les pagan; va gente con todo tipo de problemas; y luego él se dedica también a organizar sindicatos independientes dentro de las empresas.


– Imagino que es entonces muy incómodo para el gobierno.

Diego Torres: Claro. En China, en la actualidad, es un poco como en la España franquista: hay organizaciones de trabajadores que están completamente controladas por el gobierno y que siempre que hay alguna disyuntiva se posicionan a favor de la empresa o de las autoridades locales. Él intenta superar esa estructura, que la gente se organice de manera independiente y que reclame por sus derechos. Y eso es una tarea a veces un poco clandestina, a través de las redes sociales, ir contactando con gente… tener tal vez un enlace dentro de la fábrica que vaya difundiendo el mensaje. Reunirse. Dar talleres.

Zhang Zhiru, por ejemplo, va a dar talleres en los que explica: ¿qué peligro tiene una huelga para un trabajador? Y dice: “tened mucho cuidado por no romper ninguna valla, por no pegarle a nadie… es decir: “os pueden detener, pero no les deis ninguna excusa para que la represión esté más o menos justificada”. Él intenta es que la gente se organice de manera independiente. Y lo consigue. Una de las huelgas más exitosas de los últimos años en China tuvo lugar allí precisamente en Guangdong, en una fábrica taiwanesa, y Zhang Zhiru estuvo precisamente asesorando a los trabajadores sobre cómo hacerlo. Y a veces esas huelgas, si están lo suficientemente bien organizadas, si los trabajadores consiguen resistir la presión (primero de la empresa y luego del gobierno) pues a veces consiguen sus objetivos.

– En este caso, entonces, una de las herramientas de activistas como Zhang Zhiru es la ley. ¿Él es abogado laboralista?

Diego Torres: Él tiene conocimientos legales, pero no es abogado. En cuanto a la ley: siempre es mejor estar dentro de las fronteras de la Ley. Pero la ley no es suficiente. La ley puede ser una herramienta más con la que los trabajadores pueden hacer valer sus derechos; pero sin organización y sin cierta valentía y sacrificio no se consigue nada en China. La Ley es papel mojado.

Zhang Zhiru, de pie, junto a un obrero hospitalizado, en una de las escenas del documental.
Zhang Zhiru, de pie, junto a un obrero hospitalizado, en una de las escenas del documental.

 

– El último personaje de vuestro documental es tal vez el más conocido por el público occidental, Hu Jia, quien recibió en 2008 el Premio Sajorov de la Unión Europea. Es tal vez el activista más prototipo: un disidente político que defiende la democracia y acabar con el Partido Comunista. Es también aquí cuando vemos de forma más clara la dureza de la represión por parte del gobierno.

Antón Calderón: Sí, Hu Jia es con mucha diferencia el personaje más hardcore de la película. Haciendo el documental, hubo una cosa que me pareció muy curiosa: todos los activistas, salvo Hu Jia, siempre le reconocían algo de mérito al Partido Comunista. Sea porque piensan que el contexto chino es muy complicado, por su lugar de origen, porque miran a las democracias occidentales y tampoco ven un modelo perfecto… no sé muy bien exactamente por qué, pero todos reconocen que se han hecho cosas buenas. Pero Hu Jia no. Hu Jia quiere destruir al Partido Comunista porque son todos unos asesinos y unos criminales. Esa es su postura.

Y Hu Jia es una persona que se ha situado, por sus propias posturas políticas, totalmente fuera de juego. Es un tipo que vive en una especie de purgatorio: nadie le escucha, no puede salir apenas de su casa… está completamente neutralizado. Y es un tipo que ha sacrificado su vida entera por esto. Perdió a su mujer y a su hijo, que se fueron a Hong-Kong; ve a sus padres de vez en cuando. Vive como un prisionero en su casa. Y es una muestra de hasta qué punto puedes llegar a sacrificar tu vida, el contacto con tu gente, la posibilidad de llegar a tener una vida decente en China. Él pasó tres años en la cárcel… y debe llevar por lo menos el triple neutralizado.

Este tipo de castigo refleja muy bien cómo funciona el aparato represivo chino. No siempre es duro, lo que se suele esperar: “una dictadura que te coge, te encierra y te mata”. No. Casi nunca es así. Tiene formas más sofisticadas de colocarte en un lugar donde no molestas. De ponerte una serie de barreras: Diego, por ejemplo, consiguió hablar con él. Hay un pequeño espacio. Pero lo suficientemente duro como para tenerte en una situación que sirve de mecanismo de miedo, para asustar a la gente; para que la gente pueda ver un poquito dónde te puede llegar a colocar.

El activista Hu Jia ayuda a otros afectados por la represión del gobierno a defender sus derechos.
El activista Hu Jia ayuda a otros afectados por la represión del gobierno a defender sus derechos.

 

– La historia personal de Hu Jia es muy impactante.

Antón Calderón: Sí. Hu Jia comienza con distintos tipos de activismo social. Empieza con temas de medio ambiente y visibilizando el problema del SIDA en el país, pero él explica que enseguida se da cuenta de que el problema es mayor y que lo que hace falta es una oposición directa para intentar derrocar al Partido Comunista; él se considera a sí mismo un arma, una herramienta dentro de este camino para derrocar al Partido Comunista, que son unos criminales y unos asesinos. Pero ahora mismo si hay alguien que le da un poquito de cancha de vez en cuando son los medios extranjeros, que tienen que sudar tinta para poder verle; también hay medios internacionales de mucho prestigio intentando acceder a él y no lo consiguen. En 2008 le dieron el Premio Sajarov de derechos humanos, lo que le dio un perfil un poquito más alto fuera de China… pero ahora mismo en China no es nadie. En China la mayoría de la gente no sabe ni quién es.


 

– El título del documental es “El viejo loco que movía las montañas” (The Foolish Old Man Removes the Mountains), en referencia al famoso refrán chino Yugong Yishan. En ese sentido, tal vez el caso de Hu Jia sea el más extremo, pero todos los personajes tienen algo de locura, ¿verdad?

Diego Torres: Igual sí. Por mucho que la sociedad esté cambiando, la realidad es que es una sociedad bastante homogénea en la que la propaganda es muy poderosa; la gente que se sale un poco de los mensajes que lanza el gobierno es retratada a veces como antipatriota; es una sociedad en la que la gente está muy concentrada en el porvenir económico propio y de sus familias; en la que la gente en general es conservadora y aversa al riesgo.

Entonces, es impactante encontrarte con personas como Hu Jia, que lo ha sacrificado todo (su familia, su libertad…) por una causa que a corto plazo… él dice lo contrario, pero realmente no está dando frutos (China en estos momentos no está cambiando hacia ser un país más democrático, como a él le gustaría). Hace falta una cierta vocación de mártir… porque te enfrentas a una sociedad que en muchos casos no responde a tus mensajes, a una familia que en muchos casos te pide que pares, a un entorno que también te conmina a lo mismo… necesitas una fuerza de voluntad enorme para perseverar en ese camino. Y Hu Jia es un ejemplo de las personas que lo tienen.

Antón Calderón: Yo creo que es importante también romper una lanza a favor de los activistas sociales.

Diego Torres: Claro, claro.

Antón Calderón: ¿Son unos locos? Sí, son unos locos. Pero menos mal que hay locos como estos. También lo vemos ahora mismo nosotros en Occidente: ves lo que pasa cuando dejas que las cosas tomen su curso, que la gente se desvincule de la democracia y de la toma de decisiones; no quieren ir a votar, no se quieren involucrar en lo que pasa en su economía local… Es necesario que la gente de a pie, que los ciudadanos, actúen como formas control.

Entonces, los activistas de nuestro documental son parte de la generación que ha fomentado todo esto un poquito en China. Es cierto que ya hay antecedentes como el de Tiananmen en 1989, que se reprimió duramente y poquito a poco comienza a surgir otra vez. Entonces son parte de la nueva ola y hay que reconocérselo. Los activistas sociales en el mundo entero han sido muchas veces la vanguardia de cambios sociales muy positivos y aunque los podamos ver un poquito como locos yo creo que también tenemos que agradecer que haya mucha gente que sea lo suficientemente valiente de hacer el sacrificio por lo que creen.

En muchas ocasiones, los activistas chinos tienen que enfrentarse a la incomprensión de la sociedad y de sus propias familias. A la derecha de la imagen, el joven Da Shi, en una de las escenas del documental.
En muchas ocasiones, los activistas chinos tienen que enfrentarse a la incomprensión de la sociedad y de sus propias familias. A la derecha de la imagen, el joven Da Shi, en una de las escenas del documental.

 

– Decías antes, Diego, que precisamente en los últimos años China no está cambiando a mejor. Vosotros rodastéis el documental dos años después de la llegada al poder de Xi Jinping… ¿sentistéis ese retroceso en las libertades del que se responsabiliza al nuevo presidente de China? ¿Qué os comentaban los cuatro activistas del documental?

Diego Torres: Me gustaría matizar también que, aunque es cierto que en la época de Xi Jinping se está viviendo una regresión muy fuerte en las libertades civiles, el trabajo de estos activistas sí ha dado frutos. Hoy China es un país mejor y más respetuoso con las libertades de lo que era hace dos décadas. Un ejemplo muy claro es el trabajo que hacía Chen Guangcheng, el abogado ciego. Él se encontró en su zona geográfica con unas autoridades que aplicaban la política del hijo único de forma completamente bestial: llegaban a los pueblos como si fueran tropas de asalto, cogían a las mujeres que estaban embarazadas, las obligaban a abortar, esterilizaban forzosamente a las que ya tenían un hijo, derruían las casas de la gente que tenía más de dos niños, daban palizas… y eso no era por ser activista; era tan sólo por tener más niños de lo permitido. Chen Guangcheng se involucró en eso, sufrió, pagó cárcel por ello… después de prisión las autoridades lo tuvieron encerrado en su casa sin permitirle salir. Y al final acabó huyendo a través de la embajada de Estados Unidos; pero esas cosas que hizo, aunque sigue habiendo ciertos abusos, esas cosas ya no suceden.

Con el tema laboral, con el tema ambiental… hay muchos ejemplos en los que vemos que se han conseguido muchas cosas. Cuando digo que no se está haciendo más democrático me refiero exclusivamente al periodo de Xi Jinping, en el que sí es verdad que ha habido una represión brutal contra los abogados que defienden los derechos humanos, activistas laborales… está habiendo mucho más control de internet y de lo que se dice en las universidades… es un ambiente mucho más tóxico. Pero yo soy optimista en el largo plazo. Gracias a esta gente que son unos valientes y se sacrifican, el porvenir de China a largo plazo sí es más democrático. Ahora con Xi Jinping estamos en una fase de regresión, en la que China está dando un paso atrás; pero probablemente luego vengan dos pasos hacia adelante .

Antón Calderón: Yo creo que la oleada de represión comenzó más o menos en la época en la que estuvimos filmando el documental, entre octubre y diciembre de 2014. Nosotros teníamos un personaje que no pudimos grabar porque la encarcelaron estando nosotros allí: Ye Haiyan, una activista por los derechos sexuales y de la mujer.

Diego Torres: Sí, la detuvieron durante 10 o 15 días justo cuando nosotros habíamos quedado con ella.

Antón Calderón: Y en esa época comenzamos a preguntar un poquito, a contactar… y empezaba a hablarse de que la cosa se estaba poniendo más complicada; y desde entonces la cosa no ha hecho sino ponerse más difícil. Comenzó en esa época en la que nosotros estábamos allí.

– Una cosa que se me muy bien en el documental son los distintos grados de represión que ejerce el gobierno. Habláis con algunos expertos que lo comparan con una Anaconda: una serpiente enorme que siempre está ahí, pero que nunca sabes cuándo va a atacar. Otros, como Mao Yushi, lo comparan con un partido de ping-pong donde los activistas están siempre intentando golpear en las líneas que delimitan el terreno de juego. Todo esto parece apuntar a un sistema de represión mucho más elaborado de lo que se suele pensar a simple vista.

Diego Torres: Sí. Yo creo que el sistema represivo chino, su sistema de control, es único en el mundo. Yo nunca he conocido nada igual . Tú tienes países como Arabia Saudí, donde un bloguero publica un mal tweet, lo encarcelan diez años y cada semana lo sacan a darle latigazos en la plaza pública; o tienes sitios en Latinoamérica donde sindicalistas, activistas del medio ambiente o periodistas son asesinados todos los años a manos de sicarios contratados por empresas o el narco (a veces con la connivencia o gracias a la negligencia de  las autoridades).

Pero China no es así. China tiene un sistema muy especial que es, primero, incremental; es decir, es muy progresivo. No es lo mismo cuando tú empiezas y eres un jovencito, como Da Shi, que a lo mejor la primera medida que toman contra ti es hablar con tus abuelos. Y nada más. Viene una persona del Partido Comunista del barrio, ni siquiera un gran capo, y le dice a tus abuelos: “oye, mira, que el niño está haciendo estas cosas, que no nos gusta, que se va a meter en problemas… habla con él”. Puede ser tan sutil como eso. Pero también todo lo contrario: porque sí hay ocasiones en las que te encarcelan casi de por vida. China, por ejemplo, es el único país que tiene a un Premio Nobel encerrado en la cárcel, Liu Xiaobo; y hace poco al intelectual uigur Ilham Tohti le han condenado a cadena perpetua simplemente por ser un profesor que defiende los derechos de la minoría uigur.

Entonces, tienen grandes extremos, es incremental. Poco a poco la presión va llegando. Imagínate el caso de Zhang Zhiru. Él no es un activista que luche contra el Partido Comunista, pero es un activista laboralista que crea problemas para las empresas locales. Y muy a menudo estas empresas están conectadas con gerifaltes locales del PCCh. Hay un problema dramático de corrupción. Entonces, al final, aunque el activismo laboralista esté semi-tolerado, a lo mejor al jefe local del Partido no le interesa que Zhang Zhiru monte una huelga; porque el jefe de la fábrica es su amigo y además lo lleva a cenar y le da unos hongbao [sobornos] muy jugosos; entonces Zhang Zhiru está ahora mismo en una situación de bastante presión.


– ¿De qué tipo de presión estamos hablando?

Diego Torres: Pues a él le han expulsado de casa en muchas ocasiones. Viene la gente del gobierno, habla con el casero y le dicen: “mira, tienes un delincuente viviendo en tu casa. Lo que vas a hacer es cortar el contrato y lo echas de casa”. Y eso a lo mejor a Zhang Zhiru, con su mujer y su hijo pequeño, le ha pasado trece veces en un par de años. Tienes que estar constantemente moviéndote y buscando una nueva casa; siempre bajo la amenaza de que no te van a dejar vivir.

A veces, si quieres ir a reunirte con los trabajadores, viene la policía secreta y te detiene; no te van a procesar o encarcelar, pero te detienen durante dos días para que te pierdas la reunión con los trabajadores. Otra cosa que pueden hacer es que si tienes una ONG que está intentando recaudar fondos por Internet, pues llegan y te cancelan la cuenta para que no tengas acceso a esas herramientas de financiación. Si a lo mejor el nivel de represión es más alto, y tú tienes un hijo en la guardería, pues no le dan la plaza a tu niño. O si tu mujer tiene un trabajo, aunque sea en una empresa privada, pues a lo mejor hablan con el jefe de la empresa y le dicen: “oye, mira, que a esta mujer hay que despedirla”. Y como todo el mundo sabe que el Estado en China tiene un poder inmenso, pues la gente tiene miedo. Y generalmente acata esas decisiones. Entonces es un sistema muy incremental.

Antón Calderón: La represión china es un traje casi a medida. Eso es lo que impresiona . La cantidad de dinero que se le echa a un sistema represivo que sabe evaluar en cada momento qué puede ganar, qué puede perder, hasta dónde puede empujar, qué puede causar un revuelo internacional, qué persona te puede armar un barullo mucho más grande dentro de China… Da la sensación de que hay mucha gente pensando en cuál es la mejor estrategia para reprimir a cada individuo y cómo hay que hacerlo.

Diego Torres: Es muy sofisticado. Muy sofisticado.

Antón Calderón: Hace poco, por ejemplo, saltó un vídeo de la BBC intentado entrevistar a una candidata independiente a las elecciones locales… y se movilizan quince tíos (probablemente policías de paisano o matones contratados al efecto) para impedir la entrada en la casa del periodista… le dan la espalda y se colocan de tal forma que no pueda abrir una puerta de la candidata. ¡Quince tíos para no abrir una puerta! Pues imagínate todo lo demás. Cuánta gente tiene que trabajar para que no se abra esa puerta, ni la otra ventana, ni ese teléfono llame… y es alucinante. Si tuviéramos los detalles de cuántas personas trabajan en reprimir a la gente, en cuánto dinero se dedica… yo creo que sería una cifra para echarse las manos a la cabeza.

Diego Torres: Y luego también tiene un componente impredecible. Es decir: dos comportamientos similares, uno en un pueblo y otro en otro lugar diferente, uno en un momento y otro en otro, pueden ser penalizados de manera muy distinta. Entonces también tiene ese punto de imprevisiblidad que lo hace más terrorífico, porque la gente nunca tiene claro a qué atenerse. Da mucho miedo.

– En este contexto, muchos lectores se preguntarán por los problemas que tuvisteis durante el rodaje. ¿Cómo hicistéis para tener acceso a estos cuatro activistas? ¿Tuvisteis problemas con las autoridades?

Antón Calderón: Fue complicado. Y más todavía para mí, porque Diego, al ser periodista, tener carnet de prensa y estar acreditado en China, estaba en principio autorizado legalmente para ir a hablar con esta gente (o al menos de intentarlo) e informar sobre su situación. Yo en cambio tenía muchas más posibilidades de que me deportaran; incluso antes de darme el visado de turista me hicieron firmar un documento prometiendo que no iba a ir a hacer ningún documental.

Y hubo situaciones curiosas: por ejemplo, con Hu Jia, cuando fuimos a hacerle la entrevista, él estaba en arresto domiciliario y tenía un ratito del día en el que podía salir. Entonces nosotros quedamos con él en una tetería donde puedes alquilar reservados; entramos ahí, cerramos la puerta, pedimos que nos trajeran té y que no entraran más; montamos todo el equipo (las luces, las cámaras…) y cuando estaba todo listo, yo me fui. Porque claro, el riesgo de que entraran y me pillaran a mí dentro era muy grande. Entonces se quedó todo montado para que Diego hiciera la entrevista y cuando yo me fui, a los dos minutos, entró Hu Jia; hicieron la entrevista y yo un tiempo después tenía que volver a acercarme si veía que no había nada raro. Entonces durante el rodaje hubo situaciones así un poquito de película detectivesca .

Diego Torres: Nosotros íbamos con dos cámaras réflex y lo más discretos posible, no con un gran equipo que llamara la atención. También hay una cosa que hay que tener en cuenta: nosotros, como extranjeros, estamos protegidos en China. A nosotros no nos van a encarcelar, ni nos van a apalear… como mucho nos pueden deportar o, en mi caso, cancelar el visado de periodista y expulsarme del país. Pero bueno, también nosotros teníamos en mente que quienes se arriesgan de verdad son los activistas, los personajes de nuestro documental. Ellos son los que verdaderamente se juegan el tipo, porque la represión puede llegar a ellos o a sus familias.

– Una de las escenas más tensas del documental es durante una de las huelgas obreras en las que participa Zhang Zhiru.

Diego Torres: Sí. Cuando hay un movimiento de masas en China, siempre acuden las autoridades, la policía, piden tu identificación, te detienen momentáneamente para ver qué estás haciendo, de dónde vienes… y luego pues te intentan impedir por todos los medios que sigas grabando. Te hacen bajar la cámara… Al menos en mi caso yo no he vivido ninguna situación violenta, pero sí varias situaciones, como la huelga que filmamos con Zhang Zhiru, en la que trataban de entorpecer por todos los medios tu trabajo.

Antón Calderón: Yo por ejemplo a esa huelga no pude ir. Sabiendo que iba a haber autoridades, para mí era un riesgo innecesario. Porque en el momento en el que te cogieran, te vieran las cámaras y lo que habías grabado…

Diego Torres: Nuestra prioridad era terminar el documental y proteger a los personajes.

Zhang Zhiru aconseja a los obreros del sur de China sobre la mejor forma de organizarse y defender sus derechos laborales.
Zhang Zhiru aconseja a los obreros del sur de China sobre la mejor forma de organizarse y defender sus derechos laborales.

 

– Antón, tú tenías mucha experiencia como productor audiovisual, pero era la primera vez que ibas a China; y te metiste en un fregado considerable con este documental. ¿Cómo lo viviste a nivel personal?

Antón Calderón: Sí, fue muy impactante. Pero bueno, ten en cuenta que antes de hacer esto Diego y yo habíamos hablado mucho de lo que íbamos a hacer, de los personajes que íbamos a entrevistar, de los temas que íbamos a tratar… Y Diego me había comentado muchas cosas a lo largo de todos los años que había estado él en China. Pero claro, verlo en primera persona es distinto.

Pero bueno, cuando empiezas a trabajar en este tipo de proyectos, es súper inmersivo. Estás en una burbuja durante dos meses y no haces otra cosa que pensar en el documental, en trabajar, en cómo hacerlo lo mejor posible, cómo solucionar los problemas que te van saliendo… entonces yo me metí completamente en esta experiencia. Yo no tuve una experiencia de turista en China. Me pasé todo el tiempo que estuve allí trabajando. Intentando sacar adelante cada situación, no llamar demasiado la atención, ser conscientes de los riesgos de hacer cada cosa. Y fue una experiencia muy política: muy de enfrentarte a los temas más importantes para la gente, a problemas políticos y sociales… pero fue también una experiencia súper enriquecedora. Tienes un acceso a la realidad de la vida de la gente que jamás puedes tener si vienes de visita.

– Diego, tú por tu parte llevabas muchos años trabajando para el diario El Mundo y otros medios de comunicación. Imagino que este documental fue para ti tu despedida de China, tu última contribución a explicar a la audiencia lo que está pasando en el país.

Diego Torres: Sí, yo llevaba entonces como cinco años en China. Y es verdad que lo viví así. Como periodista ya había tratado varios de estos temas, pero me parecían tan interesantes que merecía la pena explorarlo un poco más y darlo a conocer; y hacer un cierto homenaje a esta gente, que está haciendo un trabajo tan valioso y tan solitario.

Yo recuerdo lo que decía Antón: estar dos meses sumergido en la problemática del activismo en China. Y recuerdo muchas noches que al final tienes que hacer muchas gestiones, después de haber estado todo el día rodando. Tienes que coger las tarjetas, volcarlas en el disco duro, hacer una copia de seguridad… y eso nos llevaba un par de horas. Y en ese tiempo discutíamos sobre la temática de estos personajes. Es decir: ¿quién hace un trabajo más útil? ¿Es mejor el que dice: “bueno, yo no voy a atacar al gobierno, déjame hacer esto que voy a transformar la sociedad, pero poco a poco y sin atacar a la élite política”? ¿O es más útil el que dice: “yo no, yo soy un kamikaze y voy contra el sistema”? ¿Qué estrategia da más frutos? ¿En el corto o en el largo plazo? Y esas discusiones las hemos tenido mil veces. Y al final llegamos a algunas conclusiones, pero tampoco lo tenemos tan claro. Estamos en duda, igual que están muchos de nuestros personajes.

– Una cosa muy destacable es que en este documental habéis hecho mucho con muy poco, ya que en realidad contabáis con pocos recursos. Prácticamente lo habéis hecho vosotros dos solos, ¿verdad?

Antón Calderón: Lo bueno que tiene esto es que intentas hacer de una debilidad una fortaleza. Porque en China con un súper equipo técnico y mucho personal, como suelen hacerse estas producciones, pues no habríamos podido filmar. No teníamos permiso. Este documental no se puede hacer así. Este documental sólo se puede hacer como lo hicimos nosotros: de calladito, escondido, sin decir nada a nadie e intentando sacar el máximo . Por eso pudimos hacerlo con muy pocos recursos técnicos, solamente Diego y yo, que éramos los únicos que trabajamos en el documental; e intentando que esto se notara lo menos posible. Hemos intentado pensar un poquito en cuestiones estéticas, en darle variedad visual al documental, ver si podíamos mostrar diferentes paisajes de China… Éramos conscientes de las limitaciones técnicas que teníamos, pero intentamos suplirlas y la verdad es que estamos contentos con el resultado.

– ¿Dónde podemos ver el documental?

Diego Torres: Si no hay cambios, se estrena en Documentos TV, en La 2, el día 6 de diciembre a las 0:45 horas [la madrugada del 6 al 7 de diciembre]. Pero luego se podrá ver también en la web. [Si estás en España, ya puedes verlo aquí]

– El documental da la impresión de haber sido hecho pensando para una audiencia global, tanto en inglés como en español como en cualquier otro idioma. Imagino que estáis moviéndolo en otros países.

Diego Torres: Sí, el objetivo es que la película se vea también en el extranjero. Estamos hablando con diferentes televisiones, pero de momento lo único seguro al 100% es La 2 de Televisión Española.

Antón Calderón: Tenemos un corte de 90 minutos que hemos estado presentando a festivales, aunque de momento no hemos tenido mucha suerte; pero nos gustaría que pudiera llegar a algún festival. También vamos a seguir moviéndolo por las televisiones. Y si no, pues lo colgaremos en Internet para que lo pueda ver más gente, porque nuestra intención es que lo vea cuanta más gente mejor.


 

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El documental sobre los cuatro activistas que están cambiando China, 5.0 out of 5 based on 5 ratings
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2 Comments

  1. Me parece realmente interesante el debate que intenta generar el documental respecto a cuál es el camino más adecuado para llevar a cabo el activismo. Es el eterno debate entre revolucionarios y reformistas. ¿Colaborar con las autoridades para conseguir un bien mayor, como Deng Fei? ¿O sacrificarlo todo por unos ideales, como Hu Jia? Quizá en ese sentido Deng Fei esté siendo más efectivo. Pero la postura de Hu Jia seguirá siendo que no se puede realizar ningún avance significativo dentro del marco de acción que deja la dictadura del Partido Comunista.

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