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Breve historia del periodismo español en China (1973-2012)

Este artículo forma parte del libro Las relaciones hispano-chinas, publicado en 2013 con motivo del aniversario de los cuarenta años de relaciones diplomáticas entre España y la República Popular de China. Tan sólo tuve un mes para elaborarlo, así que no se trata de una investigación exhaustiva, pero sí un primer acercamiento a la historia del periodismo español en China. En los próximos días publicaremos la segunda parte del capítulo, donde se realiza un análisis crítico del discurso de los medios españoles sobre el país.

Los primeros periodistas españoles en la República Popular

La fecha todavía está impresa en su viejo pasaporte: 10 de marzo de 1978. Fue entonces cuando Manuel Molares puso por primera vez un pie en China. A su llegada al aeropuerto de Pekín le estaba esperando el señor Chen, quien haría de intérprete para él y para otros periodistas españoles hasta mediados de los 80. Manuel Molares llegaba entonces como el primer delegado de la Agencia EFE en Pekín. Cinco años después del establecimiento de relaciones diplomáticas, se trató del primer periodista español que trabajó de forma permanente en la República Popular de China.

Hubo dos motivos que llevaron a Manuel Molares hasta Pekín. Según sus jefes, este periodista tenía cierto estilo literario y una gran habilidad para escribir “artículos de color”. Una de sus principales misiones en el país iba a ser precisamente contar cómo eran los chinos, qué comían y cómo vivían, en una especie de mezcla entre el análisis antropológico y la crónica de viajes. Como explica este veterano periodista, “en aquella época China era un enigma absoluto” y una parte importante de su trabajo consistió en acercar a los hispanohablantes un poco de la vida de China.

El segundo motivo que llevó a Manuel Molares a China es una buena muestra de las tensiones ideológicas de la época. Entre 1976 y 1983, el director de la Agencia EFE fue Luis María Ansón, un famoso periodista conservador que más tarde sería director del diario ABC y fundador del periódico La Razón. Manuel Molares, por su parte, era en aquellos momentos de la transición española militante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). En su opinión, durante aquellos años Luis María Ansón envió de forma premeditada a numerosos periodistas de izquierdas a los países socialistas. Su objetivo era que estos simpatizantes del socialismo se dieran cuenta de primera mano del retraso, la pobreza y la falta de libertades de los regímenes comunistas. Como explica Molares, “los que fuimos a los países del socialismo real volvimos bastante vacunados”.

Antes de la llegada de Manuel Molares, otros muchos periodistas españoles habían pasado por China de forma intermitente al menos desde principios del siglo XX. Ya en enero de 1909, en la revista Blanco y Negro (embrión de la editorial Prensa Española, fundadora del diario ABC), una persona desde Guangzhou bajo el nombre de H.G. del Castillo ofrecía su visión de primera mano sobre esta ciudad. Estos primeros relatos directos son una mezcla entre la literatura de viajes y el análisis político y social, muy parecidos a esas “crónicas de color” que le pedían a Manuel Molares a finales de los 70.

Durante décadas, los medios de comunicación españoles informaron sobre China gracias a las informaciones de agencias europeas, al trabajo de foto-periodistas extranjeros (como los franceses Charles Chusseau-Flaviens o Albert Harlingue a principios del siglo XX), los testimonios de los misioneros religiosos y los viajes ocasionales de reporteros o escritores. Existía sin duda información sobre la realidad del país, pero el interés de los medios de comunicación era todavía muy escaso y su presencia en China casi siempre circunstancial.

La década de los 70 trajo consigo un nuevo interés por el país. Las visitas de Henry Kissinger en 1971 y de Richard Nixon en 1972 despertaron una gran atención mediática en todo el mundo, también en España. El impulso cobró todavía más fuerza con el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1973, que se vio acompañado por la visita de varios periodistas españoles a China. El 17 de marzo de ese año, por ejemplo, el diario ABC (edición de Sevilla) publicaba en exclusiva una entrevista con Zhou Enlai que venía presentada con el siguiente texto:

“Con motivo del establecimiento de relaciones diplomáticas entre España y la República Popular China publicamos hoy, en rigurosa exclusiva nacional, una entrevista con Zhou Enlai, el primer nombre chino tras el de Mao Zedong, y el negociador flexible e inteligente que ha abierto hacia el exterior las puertas de la Ciudad Prohibida. Ante esta política, sin duda acertada y conveniente para la paz del mundo, conviene no olvidar que el pueblo chino padece un régimen totalitario comunista que ha borrado la libertad del gran país amarillo”.

La visión que los medios españoles ofrecen de China en esta época está marcada tanto por el contexto internacional como por la situación política española. En los años 70, el acercamiento de China a Estados Unidos y Europa occidental provocó una modesta corriente de simpatía hacia el país que acabó extendiéndose a los medios españoles. Las constantes críticas del gobierno chino a la URSS, unidas a las nuevas relaciones establecidas con los países capitalistas, encajaban bien con los intereses del mundo occidental. Es así como la realidad de la China comunista, que hasta entonces había sido vista casi siempre como una amenaza en el contexto de la guerra fría, sufre una importante transformación.

Por otro lado, España experimentó a lo largo de los años 70 el fin del Franquismo y la progresiva instauración de una democracia parlamentaria. Los partidos políticos de izquierdas, muchos de ellos ligados al marxismo, luchaban por ser legalizados dentro del nuevo sistema político español e intentaban acabar con el monopolio del poder ejercido por la derecha durante décadas. Parte de esta batalla política e ideológica pasaba por acabar con la demonización del comunismo y las ideas socialistas. En estas circunstancias, la izquierda española tenía una visión mucho más amigable de la realidad política, social y económica de China, la cual era utilizada para defender sus posturas políticas en España.

Un buen ejemplo de esto se puede encontrar en la visita del Rey Juan Carlos a China en 1978, otro de los acontecimientos más mediáticos tras el establecimiento de relaciones entre los dos países. Con la Casa Real llegaron a China numerosos periodistas españoles, entre ellos Juan Luis Cebrián, el entonces director de El País, un diario cercano a la izquierda. En su primer artículo desde China, Juan Luis Cebrián elogiaba el gesto simbólizo de los Reyes al entregar una corona de flores en el Mausoleo de Mao Zedong, a quien define como “el fundador de la China moderna”.

Unos días después, el director de El País publicó otro artículo titulado “Claves para un largo viaje”:

No se puede juzgar a los países sin analizar su historia. Sin duda el régimen de la actual China padece de los defectos y las lacras de las sociedades totalitarias, pero hay que estar muy ciego para no apreciar cómo en el curso de pocos años, este país milenario y superpoblado está pugnando con éxito por autotrasladarse desde el feudalismo a la era atómica.

Es inútil criticar la China moderna sin ser conscientes de sus orígenes. El esfuerzo titánico que este país está haciendo merece, cuando menos, el respeto y el reconocimiento ajenos.

Como con tantos otros temas, un vistazo a la hemeroteca trae numerosas sorpresas. Es como mínimo curioso, por ejemplo, que El País fuera más amable y amistoso con la China de 1978 (todavía bajo la larga sombra de Mao) que con la China de Hu Jintao o Xi Jinping. A pesar de las numerosas mejoras que ha experimentado el país en todos los sentidos en los últimos 35 años, esos artículos de Juan Luis Cebrián difícilmente serían hoy publicables en el diario en español más influyente del mundo. La respuesta, sin embargo, no se encuentra en lo que ha cambiado China, sino en la forma en la que ha cambiado el contexto internacional y el propio contexto español.

Las manifestaciones de Tiananmen y los años 90

Con el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1973, los medios españoles fueron poco a poco incrementando sus contactos con China. A pesar de este primer acercamiento, durante los años 80 y 90 los medios españoles no consolidaron su presencia en China. Junto con EFE, otra de las excepciones fue el diario ABC, quien en 1985 contó ya con un corresponsal en Pekín, Fernando Pastrano. A éste le siguió el peruano Antonio Fernández Arce, quien colaboró en régimen de freelance con este diario (y también otros latinoamericanos) desde 1986 hasta el 2004. Esta relativa continuidad es sin embargo la excepción y no la norma entre la mayoría de medios españoles, que siguen informando sobre China a través de las noticias de agencias o con puntuales enviados especiales.

En algunos casos, los medios españoles que se instalaron en Asia lo hicieron en otros países. Fue lo que hizo el diario El País, que contó con varios corresponsales en los años 80 trabajando desde Tokio. Desde aquí, dependiendo de los picos informativos y de los acontecimientos que se sucedían en China, algunos viajaron hasta Pekín para cubrir la información sobre el terreno. (Otros, por su parte, se instalaron en Hong-Kong)

Esta escasa relación de los medios españoles con China se puso de manifiesto durante las protestas en la Plaza de Tiananmen de 1989. Televisión Española, por ejemplo, todavía no contaba de forma oficial con su corresponsalía Asia-Pacífico (se abriría en Hong-Kong en 1998), por lo que informó sobre los acontecimientos con dos equipos que habían llegado desde Madrid y Filipinas para cubrir la visita de mayo de Mijaíl Gorbachov. Ninguno de los dos se había desplazado para seguir las manifestaciones y protestas contra el gobierno, que habían empezado un mes antes. El equipo llegado desde Madrid tenía pensado permanecer tres días en Pekín, pero a la vista de los acontecimientos se quedaron 55.

A pesar de esta presencia “accidental” en China, que fue compartida por otros medios españoles y extranjeros, el equipo de TVE consiguió lo que puede considerarse como la mayor exclusiva periodística de los medios españoles en el país: el periodista Juan Restrepo, el cámara Jose Luis Márquez y el técnico de sonido Fermín Rodríguez fueron testigos de la violencia militar en las calles de Pekín y del completo desalojo de la Plaza de Tiananmen en la madrugada del 4 de junio. Esas imágenes de los estudiantes y obreros abandonando la Plaza, que ningún otro medio pudo conseguir, dieron la vuelta al mundo y fueron utilizadas por numerosos medios extranjeros.

La llegada de periodistas españoles a partir de 2002

Los medios españoles amplían y consolidan su presencia en China a partir de 2002. Ese año llega a Pekín Rafael Poch como corresponsal de La Vanguardia y José Reinoso como corresponsal de Cinco Días, aunque este último enseguida empezó a colaborar con el diario El País (ambos pertenecen al Grupo PRISA).

La llegada de estos periodistas se produce en el trasfondo del continuo crecimiento económico de China y del nuevo peso internacional del país en el mundo. Además de esto, hubo dos acontecimientos recientes que provocaron el aumento de interés en los medios de comunicación: primero, la entrada de China en 2001 en la Organización Mundial del Comercio (OMC), que confirmó definitivamente la inclusión del país en el comercio internacional; y segundo, la crisis en torno a la enfermedad del SARS entre finales de 2002 y principios de 2003, que también tuvo importantes ramificaciones en el exterior. Este último acontecimiento informativo, como explica el periodista Vicenç Sanclemente, fue importante para que Televisión Española decidiera finalmente abrir corresponsalía en Pekín en noviembre de 2003.

En comparación con otros países europeos con más recursos económicos y mayores vínculos con China, como Francia o Alemania, los medios de comunicación españoles llegaron con retraso al país. En julio de 2003, España contaba con cinco periodistas acreditados en China, tres de la Agencia EFE (Ana Martínez Riba, José Ignacio Ortega Vasalo y Antonia Paloma Caballero Feijoo) y los recién llegados de La Vanguardia y Cinco Días. Francia, por su parte, contaba en China con 21 periodistas, mientras que Alemania tenía 30. La agencia de comunicación británica Reuters tenía en el país 19 periodistas acreditados, casi cuatro veces el número total de periodistas españoles. Por otro lado, los medios españoles cuentan ya en esta fecha con más periodistas que Italia (que tiene 2), Portugal (2), Cuba (2) o México (0).

A medida que se fueron acercando los Juegos Olímpicos de 2008, la presencia de los medios españoles se fue intensificando. Esta cita internacional, convertida en símbolo del auge definitivo de China en el mundo, coincidió además con el crecimiento económico español de los años precedentes. Esta relativa bonanza económica facilitó que las empresas periodísticas contaran con recursos suficientes para informar desde China y también provocó la aparición de nuevos medios de comunicación (como Cuatro Televisión, Intereconomía o diario Público) que en poco tiempo tuvieron también periodistas instalados en Pekín.

Según las cifras oficiales, en febrero de 2008 había acreditados en China 18 periodistas trabajando para 12 medios españoles. Este boom de reporteros españoles en torno a los Juegos Olímpicos de Pekín redujo las distancias con el número de periodistas franceses y alemanes y situaron a España claramente por encima de otros países como Italia (con 12 periodistas), Portugal (2), Cuba (1) o México (3).

Esta tendencia al alza se ha mantenido hasta el 2013. En abril de ese año, había en China un total de 25 periodistas trabajando para medios españoles, más del doble que el número de reporteros italianos. En relación a su peso económico, población y distancia con China, se puede decir que España es uno de los países con más reporteros en el país.

 

Esta mayor presencia de periodistas españoles en China no responde sin embargo a una meditada planificación por parte de la dirección de los medios de comunicación. En muchos casos, a veces de forma totalmente independiente, son los propios reporteros los que deciden mudarse al país y comenzar a buscar colaboraciones desde allí. Las empresas de comunicación españolas han ido casi siempre por detrás de las iniciativas individuales de los periodistas en su llegada a China y su presencia en el país sigue siendo en muchas ocasiones precaria y poco sólida.

En los últimos 40 años, y especialmente desde 2002, los medios españoles han aumentado de forma considerable su presencia en el país. Si en 1978 Manuel Molares era el único periodista español instalado en China, en abril de 2013 había 25. En ese mismo momento, la propia Agencia EFE contaba con cuatro periodistas acreditados en Pekín y uno en Shanghai, a los que habría que añadir un colaborador en Hong-Kong y otro en Taiwán.

Además de contar con más periodistas en China, todo lo relativo a este país ha ganado peso en los medios de comunicación españoles. En el diario ABC, por ejemplo, la palabra China fue mencionada entre 1993 y 2002 un total de 23.078 veces, un 26,3% más que en los diez años precedentes. En los siete años que van desde 2003 a 2009, cuando China alcanzó su mayor interés mediático, este mismo periódico aumentó en un 39,8% las informaciones relacionadas con el país asiático.

Gráfico: Número de veces que aparece la palabra China en las informaciones publicadas por el diario ABC (y también la revista Blanco y Negro) entre 1903 y 2009. Aunque se trata tan sólo de un medio de comunicación, es una muestra del aumento cuantitativo de noticias en los medios de comunicación españoles. Fuente: Hemeroteca ABC

El mayor interés mediático de China ha provocado un aumento en el número de noticias relacionadas con este país, una mayor variedad en las informaciones y un contacto directo con la realidad política, económica y social de China. A pesar de eso, al igual que pasaba en los años 70, los medios han ido modificando su interpretación del país en función de los cambios en política internacional y de las propias transformaciones que ha vivido España. Para comprender el discurso general de los medios de comunicación españoles es necesario analizar su funcionamiento y las particularidades de la información sobre China.

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Acerca de Daniel Méndez

Daniel Méndez es el creador y director de ZaiChina. Licenciado en Periodismo y Estudios de Asia Oriental, colabora desde Pekín con varios medios de comunicación (entre ellos El Confidencial, Radio Francia Internacional, El Tiempo y EsGlobal) y es el autor del libro "Universitario en China. Así son los futuros líderes del país". Es profesor asociado de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde ha impartido el curso "Información, medios de comunicación e Internet en la China actual". [Más artículos de Daniel Méndez]

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