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“Kim Jong-un piensa que Corea del Norte es un gran país, que él está al mando y que las cosas van genial”

Este artículo ha sido publicado anteriormente en El Confidencial.

Ciudad de Pyongyang, julio de 2014 (FOTO: Daniel Méndez)
Ciudad de Pyongyang, julio de 2014 (FOTO: Daniel Méndez)

 

Cuando el veinteañero Kim Jong-un tomó el poder a finales de 2011, se convirtió en el presidente más joven del mundo. Su corta edad parecía aventurar cambios radicales en un país hasta entonces dirigido por octogenarios, pero lo cierto es que durante los últimos dos años y medio las modificaciones introducidas en el sistema norcoreano han sido mínimas.

“Si la gente esperaba un cambio profundo tras la muerte de Kim Jong-il, este no se ha producido. Hemos visto algunas modificaciones y pequeños ajustes, pero Kim Jong-un parece haber tomado la fórmula creada por su padre y por su abuelo y le ha añadido unos pocos cambios”, resume Adam Catchart, profesor de la Universidad de Leeds y director de la página web SinoNK, especializada en Corea del Norte.

Uno de esos pequeños cambios se ha producido en la situación económica, que ha mejorado desde que Kim Jong-un llegó al poder. El presidente norcoreano parece haberse alejado de la austeridad que preconizó su padre, y por las calles de Pyongyang se han multiplicado los coches, los restaurantes privados y las tiendas de lujo. Si hasta hace cuatro años era complicado ver un vehículo por las calles de la capital norcoreana, actualmente se producen pequeños atascos a la salida del trabajo.

El moderno hotel hotel Ryugyong se puede ver ahora acabado (al menos por fuera) en el centro de Pyongyang (FOTO: Daniel Méndez)
El moderno hotel hotel Ryugyong se puede ver ahora acabado (al menos por fuera) en el centro de Pyongyang (FOTO: Daniel Méndez)
Aunque es difícil obtener datos fiables de la economía norcoreana, Chen Xiaohe, experto en Corea del Norte de la Universidad del Pueblo de China, estima que el producto interior bruto ha crecido durante estos últimos dos años en torno a un 1,7%-2%. “Aunque se trata de una pequeña mejora, si la comparamos con su padre, Kim Jong-il, la economía es hoy más estable y hay un pequeño desarrollo”, explica Chen.

Algunos de estos “ajustes” económicos (a los políticos norcoreanos la palabra “reforma” les parece demasiado atrevida) son visibles en las calles de Pyongyang, donde se han multiplicado las grúas y los edificios en construcción. En el año 2011, las autoridades anunciaron que habían finalizado el exterior del hotel Ryugyong, un moderno edificio de 105 plantas que había comenzado a construirse en 1987. “Kim Jong-un ha estado gastando un montón de dinero. Corea del Norte ha construido mucho en Pyongyang y también en la frontera con China, donde puedes ver nuevas carreteras, nuevas casas y nuevas estatuas”, confirma Adam Catchart, quien sin embargo tiene dudas de hasta cuándo se podrá mantener este boom de la construcción.

Parte de este crecimiento económico se explica por el desarrollo de las zonas económicas especiales en la frontera con China. En la zona industrial de Sinouju, a unos pocos cientos de metros de la ciudad china de Dandong, los intercambios comerciales (formales e informales) están a la orden del día. En el tren que tomó este periodista hasta Pyongyang, uno de los baños de los vagones estaba inoperativo: el motivo era hacer hueco para los productos que los norcoreanos transportan desde China (papel higiénico, ventiladores, aparatos eléctricos, sartenes y cajas de cervezas, entre otros). Por las tardes, hasta 20 camiones de mercancías cruzan el puente que separa los dos países en menos de una hora.

Zona industrial de Sinouju, en la frontera con China (FOTO: Daniel Méndez)
Zona industrial de Sinouju, en la frontera con China (FOTO: Daniel Méndez)

 

Este desarrollo económico (que se lleva produciendo desde hace años) pareció en peligro cuando el nuevo presidente norcoreano acabó con la carrera política (y la vida) de su tío, Jang Sung-thaek. Su purga a finales de 2013, junto con la de otros miembros del Partido y del Ejército, ha sido sin duda el acontecimiento político más importante de los últimos dos años y medio, en lo que la mayoría de expertos interpreta como una forma de consolidar su poder y librarse de cualquier oposición interna.

Jang Sung-taek era también el político con más experiencia en la gestión de las zonas económicas especiales en la frontera con China. La muerte de Jang no ha frenado por completo el desarrollo de estos proyectos (que incluso han crecido en número), pero ha dejado claro que Kim Jong-un no apuesta por seguir el modelo chino que Deng Xiaoping lanzó a finales de los 70. “Ahora con Kim Jong-un se han declarado unas 25 zonas económicas especiales. En la superficie suena genial, y es mucho más que con Kim Jong-il, pero sólo un puñado de ella están en funcionamiento y cuentan con electricidad o inversores”, explica Adam Catchart.

Junto a la plaza de Kim Il-sung, en el centro de Pyongyang (FOTO: Daniel Méndez)
Junto a la plaza de Kim Il-sung, en el centro de Pyongyang (FOTO: Daniel Méndez)
Estas zonas económicas son el laboratorio perfecto para experimentar con la economía de mercado y para ver hasta qué punto Kim Jong-un está dispuesto a introducir reformas en el país. Su buen funcionamiento, sin embargo, está reñido con la propia esencia y funcionamiento del régimen. “Los norcoreanos están deseando inversiones extranjeras, pero no están dispuestos a aceptar las consecuencias políticas de abrir su economía. No creo que Corea del Norte esté preparada para aceptar su dependencia de una economía basada en exportaciones. El concepto de autosuficiencia todavía es un aspecto muy importante de su ideología doméstica”, explica Edward Schwarck, investigador de temas asiáticos del Royal United Services Institute.

La caída en desgracia de Jang Song-thaek también ha dañado las relaciones con China, lo único parecido a un aliado que Corea del Norte tiene en la comunidad internacional. El tío de Kim Jong-un había sido desde hace décadas un interlocutor clave de Pekín y estaba al frente de proyectos concretos con el Gobierno chino, por lo que académicos como Chen Xiaohe no dudan en definirle como “un buen amigo de China”. Su purga significó de golpe y porrazo ahondar en el aislamiento internacional de Corea del Norte.

La mayor muestra de la desafección entre Pekín y Pyongyang se produjo a principios de julio de 2014, cuando el presidente Xi Jinping hizo un viaje oficial a Seúl antes de visitar Corea del Norte, un acontecimiento sin precedentes en la historia de la República Popular de China. Kim Jong-un, por su parte, todavía no ha visitado Pekín, y nadie parece esperarle en Zhongnanhai. “En más de dos años, Kim Jong-un todavía no ha visitado China, y eso es un problema. El año pasado, cuando se produjo la tercera prueba nuclear de Corea del Norte, el Gobierno no escuchó las advertencias de China. Así que China no está contenta”, resume Chen Xiaohe.

En el terreno militar, Kim Jong-un se mantiene como mínimo tan firme como sus antecesores, y las relaciones con Washington, Seúl y Tokio tampoco han mejorado. En febrero de 2013, su tercera prueba nuclear en los últimos siete años volvió a dejar claro a la comunidad internacional que los planes militares de Corea del Norte iban a continuar con el nuevo presidente. “Nadie se plantea que el programa nuclear norcoreano es negociable. La disuasión nuclear ha sido ahora incluida en la Constitución y ellos lo ven como algo absolutamente esencial para protegerse de un ataque de Estados Unidos, o incluso de China”, afirma Edward Schwarck.

La juventud de Kim Jong-un sí se ha notado, al menos según los estándares norcoreanos, en la promoción de una sociedad más moderna y liberal. Las mujeres, especialmente en Pyongyang, han apostado por faldas más cortas y tacones más altos, ampliando sus opciones de vestimenta y maquillaje (imitando al popular grupo femenino Moranbong, promovido por el propio presidente). Frente a las dos grandes estatuas de bronce de Kim Il-sung y Kim Jong-il que presiden la capital norcoreana, se puede ver hoy a elegantes mujeres de pelo corto que no desentonarían demasiado en París, Londres o Nueva York.


 

Parte de ello está promovido por el nuevo Gobierno, que ha intentado darle un aire más internacional y joven al país. A los pocos meses de la llegada al poder de Kim Jong-un, un espectáculo en el que aparecieron personajes de Walt Disney (como Mickey Mouse o Dumbo) y se interpretaron canciones en inglés (entre ellas “My Way” de Sinatra o la banda sonora de Rocky) parecieron demostrar que el pequeño de los Kim estaba algo más abierto a la cultura global. También su mujer, Ri Sol-ju, que ha aparecido con bolsos Dior, parece formar parte de lo más parecido que Corea del Norte tiene a una estrategia de softpower. “La primera dama es en cierto sentido un buen ejemplo del intento de poner una cara más joven a un sistema que está gestionado por hombres viejos y muy conservadores”, dice Adam Catchart.

Por las calles de Pyongyang se siente un cierto aire de cambio, pero nada parecido a una ruptura sustancial o a un colapso del sistema. Mientras Corea del Sur sigue subiendo escalones en la economía global y liderando la revolución digital, Corea del Norte continúa enfrascada en una economía estatal que a duras penas puede alimentar a la población. Aun así, los viejos autobuses siguen circulando por Pyongyang, los profesores acuden puntuales a las escuelas y los funcionarios no se pierden un día de trabajo. En las series de televisión nacionales, Corea del Norte sigue siendo un país heroico y orgulloso de su avanzado sistema comunista y la eterna lucha contra los imperialistas yanquis. “Kim Jong-un parece que se cree los aplausos que recibe. Él piensa que Corea del Norte es un gran país, que está al mando y que las cosas van genial”, dice Adam Catchart.

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