Economía, Lo último, Política

Un nido de liberales en el corazón de la China comunista

Este artículo ha sido publicado anteriormente en El Confidencial.

Garantizar la propiedad privada, promover reformas de mercado y limitar el rol del Estado en la economía. Defender estas ideas no siempre es sencillo en un país gobernado desde hace más de 60 años por el Partido Comunista de China, pero el Instituto Económico Unirule, un think tank fundado en 1993, está empeñado en llevar hasta el país asiático las teorías de Adam Smith. “Nosotros somos una fuerza del pueblo, somos una voz independiente que quiere decirle a los ciudadanos y a los gobernantes cómo emprender el camino de la liberalización”, explica Ma Junjie, uno de los investigadores de Unirule.

Por lo que se puede ver en su sede principal en Pekín, este centro de investigación económica pasa por un momento dulce. En agosto de 2013 se mudaron a sus nuevas oficinas, un espacio moderno y diáfano de 900 metros cuadrados donde trabajan una veintena de personas. Además de varios despachos para sus principales economistas, Unirule cuenta también aquí con una pequeña cafetería, un salón de actos y un centro para medios de comunicación. Entre la colección de revistas que se pueden encontrar en su librería ocupan un lugar destacado The Economist o The American Economic Review.

El investigador Ma Junjie en la sede de Unirule. [FOTO: Daniel Méndez]
El investigador Ma Junjie en la sede de Unirule. [FOTO: Daniel Méndez]

 

“El mercado debería jugar un rol más importante en China. Hay que dejar que la gente escoja voluntariamente, no que el gobierno decida”, resume a los 85 años el economista Mao Yushi, uno de los fundadores de Unirule y galardonado en 2012 con el Premio Milton Friedman. Como él, casi otros 200 profesores, sociólogos y economistas colaboran con este think tank, que puede ser considerado como el mayor centro de economistas liberales de toda China. Si durante el gobierno de Hu Jintao y Wen Jiabao (2002 – 2012) se popularizó la expresión “el Estado avanza, el sector privado retrocede”, ellos piden exactamente lo contrario: menos gobierno y más iniciativa privada.

Una de sus actividades más conocidas son las conferencias bisemanales que realizan en su sede en Pekín, abiertas a todo el mundo y donde participan algunos de los expertos más destacados del país. El pasado 18 de julio fue el turno de Dang Guoying, investigador en cuestiones agrarias de la Academia de Ciencias Sociales de China. Ante la atenta mirada de una treintena de personas, Dang Guoying propuso asegurar los derechos de propiedad de los campesinos, permitirles decidir qué hacer con el suelo (y no que el gobierno central decida) y repartir entre los agricultores las millonarias cantidades que las autoridades consiguen con la venta y gestión de la tierra (todavía hoy, toda ella en manos del Estado).

Una de las charlas bisemanales en el Instituto Unirule. [FOTO: Daniel Méndez]
Una de las charlas bisemanales en el Instituto Unirule. [FOTO: Daniel Méndez]

 

La misión de Unirule cobra todavía más importancia en el actual contexto chino, en el que el presidente Xi Jinping y el primer ministro Li Keqiang se han presentado desde su llegada al poder en 2012 como los reformistas que el país necesita para transformar la economía. En un momento en el que el modelo basado en exportaciones e inversiones parece llegar a su fin, el Gobierno chino desliza que está dispuesto a darle más importancia a la iniciativa privada. De momento, sin embargo, pocas medidas concretas se han puesto en práctica, y uno de los motivos parece ser la propia resistencia dentro del Partido Comunista.

Es esa resistencia la que hace que promover el liberalismo resulte aún una misión complicada en China. Aunque el país asiático ha avanzado hacia una economía de mercado y en muchos ámbitos puede ser considerado un país capitalista, el sector público todavía es enorme y muchas de las propuestas de Unirule pretenden acabar con el poder (y los privilegios económicos) de los altos cuadros del Partido Comunista. “Hay muchos intereses creados en el Gobierno, así que por supuesto, como todos los que promovemos reformas de mercado, nosotros también enfrentamos muchos obstáculos”, explica Ma Junjie. Para mantener su independencia, Unirule no es legalmente un centro de investigación (para lo que se requiere la supervisión de una institución ligada al gobierno), sino una empresa privada.

A pesar de estos obstáculos, el liberalismo se ha ido abriendo paso desde los años 90, especialmente en las grandes ciudades y entre los jóvenes con mayor poder adquisitivo. El Instituto Económico Unirule tiene acuerdos con varios medios de comunicación (entre ellos Caixin y Phoenix) y páginas webs afines (como Sina y Sohu), todos ellos interesados en promover reformas de mercado. Este think tank también recibe financiación y ayuda de instituciones y embajadas extranjeras (sobre todo desde Estados Unidos y Europa), para quienes facilitar la apertura de la segunda economía del mundo también forma parte de su agenda.

“Si no fuera por el apoyo del gobierno, no podríamos existir”

Pero además de estos apoyos sociales y mediáticos, probablemente la ayuda más importante con la que cuenta Unirule provenga directamente de Zhongnanhai, la sede del poder político en China. “Ya no estamos en 1967, estamos en 2014. En el Gobierno chino también hay muchas facciones reformistas, y a ellos les gusta Unirule. Si no fuera así, no podríamos existir”, reconoce Ma Junjie. “Muchos de los funcionarios del gobierno que se han jubilado, cuando estaban en el poder no podían defender abiertamente estas posturas pro-mercado, pero ahora reconocen que es necesario, así que nos apoyan mucho”, concluye.

Unirule libra su batalla por la liberalización económica a través de conferencias, detallados informes, estudios para los gobiernos locales y publicaciones académicas. Aunque sus críticas y propuestas son variadas y dependen en gran medida de las contribuciones personales de cada economista, en sus estudios suelen defender acabar con las subvenciones a las empresas públicas, reducir los impuestos en el sector privado, promover un Estado de Derecho en el que la Ley sea igual para todos, acabar con los monopolios estatales (en sectores como la energía, las telecomunicaciones o los trenes), profundizar en la transparencia de los gobiernos locales, permitir el surgimiento de bancos privados y dejar que el mercado promueva la competencia, eficacia y rentabilidad de la economía china.

De esta guerra contra la economía planificada, tal vez la batalla más conocida de todas sea su lucha contra las empresas de propiedad estatal, que en China suponen (dependiendo de la fuente) entre un 35% y un 50% del Producto Interior Bruto. En un influyente estudio de 2011, Unirule llegó a la conclusión de que, una vez descontadas todas las ayudas y tratos favorables que reciben (financiación muy barata de los bancos estatales, subvenciones encubiertas, menos impuestos y acceso a activos inmobiliarios) estas compañías eran muy improductivas y apenas conseguían beneficios. “Las empresas de propiedad estatal no sólo son ineficientes, sino que además son injustas”, explicó en una conferencia en Kuala Lumpur el investigador Sheng Hong, otro de los economistas estrellas de Unirule.

La batalla contra las empresas públicas es un buen ejemplo de la dimensión política que toman muchos de los estudios de Unirule. En el citado informe de 2011, una de las denuncias más claras era contra las comunes “puertas giratorias”, en las que los funcionarios del gobierno se convierten fácilmente en directores ejecutivos de empresas públicas (y viceversa). En su propia presentación, este think tank explica su intención de difundir ideas democráticas-constitucionales, sin las cuales no se podría garantizar una economía justa y equilibrada. “Para poder llevar a cabo reformas económicas, el mayor obstáculo es la reforma política”, explica Mao Yushi, quien ha destacado en los últimos años también por sus críticas hacia Mao Zedong.

Aunque Unirule mira sobre todo hacia Estados Unidos y Japón para realizar estas transformaciones políticas y económicas, también promueve el conocimiento y la difusión de la cultura tradicional china. Entre sus conferencias se incluyen reflexiones sobre la forma en la que los principios del confucianismo, budismo y taoísmo se podrían aplicar a la China contemporánea. En medio de la gran transformación social que vive el país, para ellos es necesario llenar el vacío moral de la sociedad con la enraizada (pero muchas veces olvidada) tradición china.

El propio nombre chino de Unirule, Tianze (天则), incorpora la antigua cultura china a este moderno centro de investigación económica. La expresión proviene del Clásico de la Poesía, uno de los cinco libros más importantes del confucianismo, y viene a significar que la naturaleza ha creado unas leyes naturales que los hombres deben seguir. Unirule ha sabido encontrar así un referente cultural chino al que adaptar el liberalismo nacido en occidente. “El concepto de Tianze se parece un poco a ‘la mano invisible’ de Adam Smith. Pero a nosotros nos gustaría que esa mano se volviera visible, para que todo el mundo pudiera obedecer las reglas”, explica Ma Junjie.

Entrada al Instituto Unirule, en el centro de Pekín. [FOTO: Daniel Méndez]
Entrada al Instituto Unirule, en el centro de Pekín. [FOTO: Daniel Méndez]
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1 Comentario

  1. gustav

    Si claro, que china asuma nuestro sistema de abuso empresarial, estados inexistentes que sucumben ante cualquier presion de las empresas transnacionales que finalmente son quienes derrocan a los estados independientes, para hacerce con el control de cada pais.

    Dejemosnos de cinismos estas operaciones son financiadas por las grandes transnacionales quienes estan interesados en meterle mano al poder de China y controlarla como una sucursal mas.

    Si un pais debe ser controlado mejor que sea desde su propia organización, y no a partir de los antojos de las transnacionales que se proclaman como libres, cuando en realidad le pertenecen a las mismas redes de poder occidentales que han destruido y saqueado medio planeta.

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