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El economista Thomas Piketty no convence a los países emergentes

Este artículo ha sido publicado anteriormente en El Confidencial.

La obra de Piketty ha situado las desigualdades en el centro del debate político en Estados Unidos y Europa; pero, ¿cómo lo ven los países emergentes, qué precisamente están entre los más desiguales?

El economista francés Thomas Piketty ha provocado un tornado en Estados Unidos y Europa con su análisis sobre las desigualdades en el mundo desarrollado. Con el movimiento Occupy Wall Street todavía fresco y la crisis en Europa haciendo estragos, su tesis de que la riqueza está hoy tan mal repartida como hace 100 años ha sido bien acogida por las clases medias de estos países.

Mucha menos atención han despertado, sin embargo, otras cifras que Piketty también incluye brevemente en su obra, y que de hecho hablan de un planeta mucho más igualitario que hace un siglo. Y es que la distancia entre ricos y pobres dentro de las naciones desarrolladas parece haber crecido, pero las diferencias entre países (entre Norte y Sur) se han reducido considerablemente. “Independientemente de la forma en que se mida, el mundo parece haber entrado claramente en una fase en la que los países ricos y pobres están convergiendo en ingresos”, escribe el propio Piketty en el primer capítulo de su obra.

Esa reducción de la brecha entre el mundo desarrollado y los países del Tercer Mundo se debe sobre todo al crecimiento de las economías emergentes. Según una investigación publicada por el estadounidense National Bureau of Economic Research (NBER), el crecimiento de países como China, India y Brasil fue el gran responsable de reducir en cerca de un 28% las diferencias de Producto Interior Bruto per capita entre el Norte y el Sur entre 1990 y 2009. También a la hora de medir el porcentaje de las exportaciones mundiales, la inversión extranjera directa o la capitalización bursátil las desigualdades han disminuido. Incluso en baremos menos económicos, como el Índice de Desarrollo Humano, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señala que la mayoría de países que más han mejorado en las últimas dos décadas se encuentran en el Tercer Mundo (entre ellos Irán, China, Chile, Argentina, Malasia, Túnez, Turquía, México, Argelia, Panamá o Brasil).

Piketty reconoce este cambio global sin ambages y de hecho incluye algunas curvas en su libro que van en la dirección contraria a las que se han hecho famosas en los medios de comunicación. Es en los años 80, el momento en el que los ricos en Francia, Reino Unido o Estados Unidos comienzan a aumentar su distancia con las clases medias, cuando las diferencias con el Sur se acortan. En términos históricos, el gráfico de la desigualdad regional durante los últimos 200 años también hace la curva contraria: desde la Revolución Industrial, el mundo nunca había sido tan igualitario como lo es hoy, sobre todo si se tiene en cuenta el peso de la población. “Entre 1900 y 1980, el 70-80% de la producción mundial de bienes y servicios estaba concentrada en Europa y América, que dominaban al resto del planeta. Para el año 2010, el porcentaje europeo-americano se había reducido aproximadamente a un 50%, más o menos el mismo nivel que en 1860”, escribe Piketty.

 

A pesar de este proceso de convergencia, las diferencias con los países desarrollados todavía son muy grandes, y de hecho la reducción de las desigualdades responde sobre todo al rápido crecimiento económico de países muy poblados como China, India, Brasil o Indonesia. “India y China son economías muy grandes, ambos tienen más de 1.000 millones de habitantes, así que sin duda ha habido una convergencia masiva. Pero si excluyes a China, entonces te darás cuenta de que el cambio en el nivel de desigualdad puede no haber sido tan grande”, explica Mudit Kapoor, profesor asociado de la Indian School of Business.

Además de eso, muchas naciones del Sur han reducido las distancias con el Norte, pero lo han hecho a costa de aumentar las desigualdades dentro de sus fronteras. Según el breve análisis de Piketty de algunas economías en desarrollo (Sudáfrica, India, Indonesia, Argentina, Colombia y China) en estos países el 1% más acaudalado también ha ido acaparando cada vez más riqueza durante los últimos 20 años. En las clasificaciones internacionales de desigualdad (utilizando el coeficiente de Gini), son las economías emergentes y los países del Sur los que lideran la lista, mientras que algunos de los que más menciona Piketty (como Reino Unido, Francia, Suecia o Alemania) se encuentran precisamente a la cola.

 

La libertad de movimiento de capitales en todo el mundo, unido al desigual acceso a las oportunidades de la globalización, también han provocado en los países en vías de desarrollo que ese denominado 1% se aleje de los demás. De hecho, algunos de ellos (como el mexicano Carlos Slim, el indio Mukesh Ambani o el chino Wang Jianlin) han entrado recientemente al club de las mayores fortunas del globo. “Los mercados cada vez están más integrados, así que los ricos han conseguido aumentar su porcentaje en unos mercados que cada vez son más grandes”, explica el economista chino Mao Yushi. “Las diferencias de ingresos están creciendo en todo el mundo, en los países desarrollados y en las economías emergentes”, explica.

Las ideas del economista francés están por lo tanto siendo estudiadas en los países del Sur, pero su influencia ha sido hasta ahora mucho menor que en los países occidentales. Si bien se están preparando versiones en otros idiomas (por ejemplo, en chino), está por ver hasta qué punto su análisis, que está basado en la evolución de las economías desarrolladas, puede acertar en el resto del planeta. “Se ha hablado del libro de Piketty en los medios indios, pero no ha generado tanta atención como en Estados Unidos, y el motivo es que India no se enfrenta al mismo tipo de preocupaciones”, explica Mudit Kapoor. “No estoy seguro de la influencia de Piketty en Asia, y tal vez la razón sea que las desigualdades en este continente no son algo nuevo, llevan aquí desde hace siglos”, dice Bala Ramasamy, profesor de economía en la China Europe International Business School de Shanghai.

 

Las dudas sobre la relevancia de libro de Piketty no tienen que ver con la ausencia de desigualdades, sino con el distinto momento económico por el que atraviesan estos países. Una de las tesis más persistentes del economista francés es que el rendimiento de capital (bienes inmuebles, acciones, intereses…) aumenta las desigualdades cuando el crecimiento del Producto Interior Bruto es lento, ya que los ingresos de las clases medias y bajas se resienten. “Lo interesante es que India y China son países que han tenido tasas de crecimiento económico muy alto, así que si utilizáramos la lógica de Piketty, entonces India y China no tendrían un problema de desigualdad tan grave como el de los países que crecen a ritmos más bajos”, dice Mudit Kapoor.

Además de las rápidas tasas de crecimiento, las dudas sobre la obra de Piketty también responden a la distinta naturaleza de las desigualdades, sobre todo en países donde las clases medias son un fenómeno reciente y escaso. “En muchas economías emergentes de Asia el problema de desigualdades es entre ricos y pobres, mientras que en el mundo desarrollado el problema es entre las clases medias y los ricos”, explica Bala Ramasamy. “La diferencia es por lo tanto mucho mayor en los mercados emergentes, ya que todavía tenemos a un porcentaje significativo de la población que está por debajo del umbral de la pobreza”.

Thomas Piketty habla sobre todo de países con ingresos altos, donde las necesidades más básicas están casi siempre cubiertas y en ocasiones cuentan desde hace décadas con sólidos sistemas del bienestar. Una vez más, en el Tercer Mundo hay economistas a los que les cuesta ver el paralelismo. “En las economías emergentes, al menos en India, tenemos que centrarnos fundamentalmente en el crecimiento. Primero tenemos que incrementar el tamaño de la tarta antes de poder hablar de una distribución significativa. Si el gobierno no tiene recursos, entonces no hay nada que repartir”, afirma convencido Mudit Kapoor. Su lógica se enmarca en las dificultades que todavía atraviesa India, que a pesar de ser la décima economía del planeta en PIB, cuando éste se divide entre sus más de 1.200 millones de habitantes, a penas tocan a 1.500 dólares por persona al año.

Piketty tampoco convence en los países emergentes por su exclusivo énfasis en los ingresos. En países como China, India, Sudáfrica o Brasil, otras barreras tienen que ver, por ejemplo, con las diferencias entre el mundo urbano y el mundo rural. En China, ciudades como Pekín o Shanghai pueden acercarse a las condiciones de vida de los países ricos, mientras que regiones del interior como Guizhou o Guangxi están más cerca del África subsahariana. En India, por su parte, en los últimos años los ingresos han crecido significativamente en el sector servicios, pero mucho menos en la agricultura, donde todavía trabaja en torno a la mitad de la población. “En India no todos los ciudadanos tienen un acceso igualitario al gobierno, a la educación, sanidad o al sistema de justicia”, dice Mudit Kapoor. “Esa es la mayor batalla que tenemos que luchar. No se trata de una cuestión de desigualdad de ingresos, porque somos un país del Tercer Mundo que de todos modos tiene unos niveles de ingresos bajos”, concluye.

Al mismo tiempo, Piketty centra su crítica en la economía de mercado y la propiedad privada, pero muchas naciones en desarrollo tienen otros problemas, como el control del Estado sobre la riqueza nacional, el desigual acceso al crédito o la corrupción en el gobierno, como defendía recientemente el analista Moisés Naim . En países como China o India, donde la población identifica la globalización y la liberalización económica con las mejoras vividas en los últimos 20 años, una importante corriente de opinión piensa que la mejor forma de reducir las desigualdades es precisamente con más mercado. “Es necesaria más libertad económica, que las oportunidades estén disponibles para todos”, dice Bala Ramasamy. “Las pequeñas y medianas empresas no crecen, y eso se debe a que la mayoría de las oportunidades están monopolizadas por el Estado o por grandes compañías que ya están en el país”.

Lo curioso del fenómeno Piketty es que salvo en el caso de Estados Unidos, el resto de países que analiza en profundidad en su libro (básicamente Europa y Japón) no se encuentran entre las naciones con más problemas de desigualdad. Y es precisamente en los países en vías de desarrollado, donde las desigualdades llevan siendo un problema desde hace décadas, donde las tesis del economista francés han sido recibidas con más escepticismo.

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