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China también se siente amenazada

Este artículo ha sido publicado anteriormente en El Confidencial.

Desde el extranjero, China es a menudo considerada como un país peligroso, pero lo cierto es que el gigante asiático también se siente amenazado. La presencia militar de Estados Unidos en toda Asia, unida a la creciente rivalidad con Japón, hacen que China se sienta insegura en sus propias fronteras. Después de décadas de desarrollo económico, Pekín piensa que ha llegado su momento de ser importante en la escena internacional, pero el eje Washington-Tokio-Bruselas está haciendo todo lo posible por limitar su ascenso.

La amenaza militar de Estados Unidos

Dentro de las preocupaciones chinas, tanto a nivel gubernamental como mediático, la mayor de todas apunta a Estados Unidos. A pocos años para perder el liderazgo económico mundial (al menos en producto interior bruto), Barack Obama anunció en noviembre de 2011 su “giro hacia Asia”. En el marco de esta nueva estrategia, Estados Unidos ha aumentado el número de soldados en el continente (por ejemplo, en Australia), ha resucitado algunas de las instalaciones abandonadas tras la Segunda Guerra Mundial (como en la isla de Tinian, desde donde despegaron los aviones que lanzaron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki) y ha incrementado los acuerdos militares con países como India, Tailandia, Vietnam, Singapur o Filipinas.

Si a todo lo anterior unimos las bases militares en Japón y Corea del Sur (casi 80.000 soldados estadounidenses entre los dos países), junto con la presencia en Afganistán y Kirguistán, son muchos los chinos que piensan que su país está rodeado. La idea la puso por escrito a finales de 2010 el periodista Ding Li en el diario chino The Economic Observer, alcanzando gran notoriedad en la opinión pública y las redes sociales chinas. “Ante la realidad de que China ha sido rodeada, hay mucha gente que lo puede sentir en su interior”, escribió Ding Li. “A medida que los acontecimientos poco amistosos con China se han incrementado en el extranjero, la pasividad en política exterior del Gobierno ha aumentado entre la población la sensación de estar rodeados”.

Uno de los mapas, con las bases militares estadounidenses, que frecuentemente aparece en las redes sociales chinas.
Uno de los mapas, con las bases militares estadounidenses, que frecuentemente aparece en las redes sociales chinas.

 

Aunque las relaciones entre Pekín y Washington son aparentemente cordiales y ambos tienen numerosos intereses económicos compartidos, en las últimas semanas la política exterior de Estados Unidos ha vuelto a hacer saltar las alarmas en Zhongnanhai, la sede del poder político chino. La acusación lanzada por el Departamento de Justicia el pasado mes de mayo contra cinco militares chinos por espionaje, una acción directa sin precedentes en la historia reciente, fue interpretada en China como el último paso en el acoso constante a las aspiraciones del país.

Japón, el enemigo histórico

A pie de calle, sin embargo, es probable que la mayor amenaza en el imaginario colectivo de los chinos sea Japón. En diciembre de 2012, la vuelta al poder de Shinzo Abe, identificado con el ala más nacionalista y derechista de Japón, cayó como un jarró de agua fría en Pekín. Sus intenciones de modificar el contenido pacifista de la Constitución japonesa, así como el aumento de los presupuestos destinados a comprar submarinos, destructores, aviones y drones, han confirmado en China la imagen de un Japón en proceso de rearme.

A la rivalidad geoestratégica y económica en Asia entre los dos países se unen también los contenciosos históricos, recordados frecuentemente en los medios de comunicación chinos. “La mayor amenaza a la seguridad y la paz en China y Asia no proviene de Estados Unidos, sino de Japón. Durante la Segunda Guerra Mundial, Japón invadió la mayoría de países asiáticos, provocando millones de muertos”, escribían recientemente dos académicos en el exitoso y nacionalista diario Global Times. “La amenaza a la seguridad de China y de toda Asia por parte de Japón no proviene sólo de la negación de sus crímenes en la historia, sino de su actual inclinación hacia la derecha política”.

El último ejemplo de las tensiones entre Tokio y Pekín se produjo el pasado 1 de junio en Singapur, durante la celebración anual del Shangri-La Dialogue, un encuentro asiático en torno a temas de seguridad. Allí, las palabras de Shinzo Abe ofreciendo barcos para patrullar las costas de Filipinas y Vietnam, dos países con disputas regionales con Pekín, fueron interpretadas por el gigante asiático como un intento por crear un frente regional contra los intereses chinos.

Rodeada por seis naciones nucleares

Aunque los conflictos más evidentes y mediáticos giran en torno a Washington y Tokio, lo cierto es que la geografía tampoco ha sido generosa con una potencia emergente como China. A diferencia de países como Reino Unido o Japón, territorios protegidos naturalmente por el mar, o de Estados Unidos (que tan sólo tiene a dos aliados por vecinos), el gigante asiático cuenta con una frontera de más de 22.000 kilómetros con 14 países. Eso implica mayores factores de riesgo y la posibilidad de tener que lidiar con crisis en varios frentes a la vez.

En la frontera occidental, el otro gigante asiático, India, implica una importante rivalidad económica en el Océano Índico y en el sudeste asiático. Un poco más al oeste, los grupos terroristas instalados en el centro de Asia (especialmente Afganistán y Pakistán) han servido de apoyo a los independentistas de la región de Xinjiang, que durante este año han aumentado sus ataques en China. Desde octubre de 2013, distintos ataques terroristas en el país han causado al menos 72 fallecidos y 300 heridos, y han aumentado la sensación de inseguridad entre la ciudadanía.

En el sur, China lleva varios años librando contenciosos con Filipinas y Vietnam en torno a las islas y fronteras marítimas. En el último y más grave episodio, Pekín se vio obligado a evacuar a hasta 4.000 ciudadanos chinos ante los ataques que estaban sufriendo en Vietnam. China teme que la unión de varios países en el sudeste asiático pueda contrarrestar su nueva y creciente influencia en el continente.

En el norte, China se encuentra con una patata caliente de difícil solución: el régimen de Pyonyang. “Las pruebas nucleares en Corea de Norte se realizan a tan sólo 100 kilómetros de la frontera con China, por lo que la gente del noreste del país está muy preocupada”, explica Wang Yiwei, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad del Pueblo de Pekín.

La cuestión nuclear, que también forma parte del imaginario colectivo chino, da una muestra de la complejidad geográfica en la que se sitúa Pekín. “China es probablemente el único país rodeado por armas nucleares: Rusia, Corea del Norte, Pakistán, Irán, India y Japón (que sin duda también es un país nuclear). ¿Hay algún otro país que esté rodeado por seis naciones nucleares?”, se pregunta Wang Yiwei.

Los límites al ascenso económico y científico

La inseguridad de China se explica por todas estas cuestiones militares y de defensa, pero también por la falta de voluntad para incorporar al país en las principales instituciones internacionales. Uno de los ejemplos más claros está en el Fondo Monetario Internacional, que en el año 2010 aprobó un nuevo reparto de votos para aumentar el poder de los países emergentes. El acuerdo, sin embargo, lleva casi cuatro años paralizados ante la negativa del Congreso de Estados Unidos a ratificarlo.

Lo que China está constatando es que existen muchas resistencias por parte de Occidente a la hora de aceptar la necesidad de hacerle un hueco progresivamente a China en los grandes espacios globales”, explica Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China. Todo ello hace que los ciudadanos chinos se reafirmen en la idea de que Estados Unidos, Europa y Japón están intentando por todos los medios limitar y retrasar el ascenso de China.

También en el campo tecnológico y científico siente el gigante asiático que los países desarrollados le están poniendo el pie encima. China necesita de los avances tecnológicos de los países desarrollados para consolidar su crecimiento económico, pero el embargo impuesto desde 1989 (tras la matanza contra los manifestantes en Pekín) limita las exportaciones de este tipo de productos (no sólo los militares). “El camino más rápido muchas veces es comprar la tecnología, pero esto no siempre es fácil, porque obviamente los países que son estratégicamente rivales se cuidan mucho de proporcionar esta tecnología a sus competidores, y en concreto a China”, explica Xulio Ríos.

Como país más poblado del planeta y aún en vías de desarrollo, a muchos chinos les cuesta entender los recelos que el crecimiento del gigante despierta en el extranjero. Con una renta per cápita todavía entre 4 y 8 veces menor que los europeos y estadounidenses, para el chino medio su país se enfrenta a un contexto internacional hostil; un contexto en el que los países desarrollados, mucho más estables, ricos y dominadores de las instituciones globales, pueden en cualquier momento amenazar el futuro de su país.

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1 Comentario

  1. BRIAN GANGA

    Pero tmb tiene muchas pretenciones
    http://actualidad.rt.com/actualidad/view/132189-nuevo-mapa-china-pone-foco-zonas-disputadas

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