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El fin del sueño chino de Rupert Murdoch

Este artículo ha sido publicada anteriormente en El Confidencial.

Después de dos décadas intentando conquistar el mercado chino, Rupert Murdoch se ha dado por vencido. El pasado enero, el magnate de los medios de comunicación se desprendió de la cadena de televisión Star China TV, poniendo así fin a todas sus aspiraciones en el gigante asiático. La habilidad para los negocios de Murdoch, capaz de forjar el segundo mayor grupo mediático del planeta, no ha sido suficiente para triunfar en China, el país que representa probablemente la mayor derrota de su carrera.

El fracaso del gran magnate en el gigante no se reduce al ámbito empresarial, sino que también se extiende a su vida privada. En agosto del año pasado se anunció su divorcio con la china Wendi Deng, con quien compartió su vida durante los últimos catorce años. “Murdoch ahora mismo ya no tiene nada en China, ni siquiera a su esposa”, explica para Bruce Dover, vicepresidente entre 1992 y 1998 de News Corporation en el país asiático y autor del libro Las aventuras de Rupert Murdoch en China: de cómo Murdoch perdió su fortuna y encontró a su mujer.

La huida china del magnate de 82 años ha sido inevitable a pesar del enorme capital político y económico que puso en juego durante los últimos 20 años. Consciente de la necesidad de mantener buenas relaciones con Pekín, Murdoch no escatimó esfuerzos para complacer a las autoridades chinas.En 1994 eliminó de su oferta televisiva el canal internacional de la BBC, que contenía informaciones críticas con el Partido Comunista. Más tarde, evitó que su editorial Harper Collins publicara las memorias del último gobernador británico de Hong-Kong, Chris Patten. A todo ello unió su buena relación con la familia de Deng Xiaoping y las críticas públicas contra el Dalai Lama y el Falun Gong, demostrando que estaba dispuesto a casi todo con tal de triunfar en el gigante asiático.

Sin embargo, sus cálculos políticos, que con tanto éxito había explotado en Occidente, no le sirvieron de mucho en China. “Murdoch no entendió que los políticos chinos no necesitan a los medios de comunicación para ocupar su cargo”, explica Bruce Dover. Si en Reino Unido y Estados Unidos sus alianzas con los partidos políticos le han servido para conseguir licencias televisivas y cerrar adquisiciones, en China la misma estrategia le condenó al fracaso. “Murdoch nunca entendió que China no es una democracia, sencillamente malinterpretó las bases del poder en ese país”, sentencia Dover.

Además de utilizar todos los recursos económicos y políticos a su alcance, el compromiso de Murdoch con China siempre tuvo algo de personal. Su padre, de quien heredó los primeros periódicos en Australia, había sido reportero de guerra en el país asiático en los años 30 y coleccionista de porcelanas de la dinastía Ming. Por su parte, en 1999 Rupert Murdoch puso fin a sus 32 años de matrimonio con la escocesa Anna Torv y se casó con Wendi Deng, quien había estudiado en la Universidad de Yale y por aquel entonces trabajaba en Hong-Kong. Su nueva esposa, 37 años menor que él, le dio dos hijos y debía convertirse en la pieza final para derribar la muralla china, pero a largo plazo tampoco consiguió cambiar las reglas del juego. “Wendi Deng le ayudó mucho a comprender la cultura china, pero ella nunca entendió la política, así que pudo acabar trabajando en contra de Murdoch”, dice Bruce Dover.

La pareja Rupert Murdoch - Wendi Deng
La pareja Rupert Murdoch - Wendi Deng

 

Como otros empresarios extranjeros antes, Rupert Murdoch estaba obnubilado con el potencial del mercado chino. Cuando en 1993 compró la cadena asiática de televisión Star TV, el país vivía una ola de reformas aperturistas y se preparaba para su entrada en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Murdoch soñaba con poder llegar a los 1.300 millones de chinos, una ambición compartida por todas las multinacionales del planeta que en ocasiones impide apreciar las enormes dificultades que presenta el país. “La historia de Murdoch en China es la de un extranjero que tiene el sueño de China, pero que no consigue llevarlo a cabo”, explica a Liu Xianying, profesor de la Universidad de Comunicación de China.

El escollo permanente con el que se encontró Murdoch fue la estricta regulación china sobre los medios de comunicación, que limita la entrada de capital extranjero en el sector audiovisual y sus actividades en el país. El paquete por satélite de su buque insignia, Star China TV, sólo podía ser contratado en los hoteles y urbanizaciones de lujo de las grandes ciudades chinas. En el año 2003, su grupo News Corporation se convirtió en la primera empresa extranjera con vía libre para vender sus programas por cable en la provincia de Guangdong, una de las regiones más ricas y pobladas del país (actualmente unos 100 millones de habitantes), pero las autoridades nunca extendieron el permiso al resto de China.

Agotadas las posibilidades de abarcar todo el territorio en solitario, Murdoch buscó en 2005 aliarse con la televisión de la provincia de Qinghai (que sí contaba con un canal nacional), en un movimiento al límite de la legalidad que el Gobierno central no dudó en frenar. “Murdoch quiso circunvalar algunas de las políticas chinas, pero se equivocó de estrategia y no supo adaptarse al país”, explica Liu Xianying. A partir de aquel año, con la consolidación en el poder de los nuevos líderes, Hu Jintao y Wen Jiabao, se aprobaron nuevas leyes que limitaron de forma más clara la participación de las empresas extranjeras en el sector audiovisual.

Aunque Murdoch consiguió algunos éxitos importantes con 20th Century Fox, que vendió sus películas de Hollywood a las televisiones chinas, y con su participación en Phoenix Television, una cadena hongkonesa que ha conseguido una presencia importante en todo el país, lo cierto es que el magnate australiano-estadounidense nunca pudo contar con una plataforma de contenidos propia con la que llegar a las audiencias chinas. Debido a su importancia ideológica y cultural, Pekín considera el sector audiovisual como un sector estratégico, lo que ha provocado que otras multinacionales como Time Warner, Viacom o Disney, que comenzaron a invertir en los años 90, tampoco hayan podido cumplir sus objetivos.

“China es un mercado muy difícil”, dice Bruce Dover. “En algunos casos, si insistes durante mucho tiempo puedes triunfar, pero en los sectores sensibles como los medios de comunicación o las telecomunicaciones se aseguran de que estén operados por chinos y que los extranjeros no puedan acceder”.

A pesar de todas las polémicas en torno a sus medios de comunicación, como las escuchas ilegales de News of the World o su apoyo a las políticas estadounidenses más conservadoras, Rupert Murdoch siempre ha destacado por su olfato para los negocios. Si en Reino Unido supo hacerse de oro con los tabloides, en EEUU fue capaz de crear Fox Television y romper con el monopolio de las tres grandes cadenas nacionales. A su imperio mediático, que quería convertir en la gran empresa global del entretenimiento y la información, tan sólo le faltaba hacerse con el país más poblado del mundo. Un sueño en el que empleó dos décadas y que acabó por convertirse en su peor pesadilla.

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Acerca de Daniel Méndez

Daniel Méndez es el creador y director de ZaiChina. Licenciado en Periodismo y Estudios de Asia Oriental, colabora desde Pekín con varios medios de comunicación (entre ellos El Confidencial, Radio Francia Internacional, El Tiempo y EsGlobal) y es el autor del libro "Universitario en China. Así son los futuros líderes del país". Es profesor asociado de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde ha impartido el curso "Información, medios de comunicación e Internet en la China actual". [Más artículos de Daniel Méndez]

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