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México presenta en China su carácter alegre ante la muerte

En vida nunca imaginó el grabador mexicano, José Guadalupe Posada, que su sardónico legado cultural, la Catrina, serviría 100 años después de muerto para estrechar la amistad de México con China.

En la mansión del Príncipe Gong, otrora símbolo de poder y corrupción en la corte imperial de la dinastía Qing, los osados chinos miran de frente al álter ego mexicano de la muerte misma, a la garbancera, a la huesuda, a la Catrina de Posada.

La Catrina de José Guadalupe Posada. [Imagen Vía Wikipedia]
La Catrina de José Guadalupe Posada. [Imagen Vía Wikipedia]

 

Un camino de flores de muerto o de la gran longevidad, como se conoce al Cempazúchitl en China, encamina al Salón Baosha de la lujosa mansión Qing, en el centro de Pekín, en donde un acervo de 59 grabados facsimilares del célebre Posada brillarán del 30 de octubre al 22 de noviembre en los ojos del público chino.

Con el nombre de “La muerte tiene permiso”, la exhibición toma prestado el título de una de las obras más icónicas del escritor mexicano, Edmundo Valadés. A diferencia de su polémico cuento, la exhibición no está para decirle al pueblo chino que ante la corrupción de algunos de sus funcionarios el pueblo puede hacerse justicia por su propia mano.

Es, por el contrario, una exhibición que impulsa el Instituto Nacional de Bellas Artes de México para mostrar, paradójicamente, que en el imaginario del pueblo mexicano, la amistad puede revelarse al pueblo chino por medio de la muerte, con la Catrina de Posada.

La muerte en el imaginario chino

En lo más profundo del inframundo, en el décimo octavo infierno, Yan Wang, señor de la muerte, desuella, arranca los ojos y sumerge en aceite hirviendo a los chinos que han obrado mal.

El horror al diyu (地狱) o al averno chino deja lívidos a los supersticiosos chinos quienes, en el mundo de los vivos, son incapaces de mencionar en voz alta a Yan Wang, a la muerte o a cualquiera de sus sílabas homófonas.

Imagen del mural "Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central", realizado por Diego Rivera. El niño a la derecha de La Catrina es Diego Rivera; detrás de él se puede ver a Frida Kahlo; a la izquierda, con bastón, José Guadalupe Posada.
Imagen del mural "Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central", realizado por Diego Rivera. El niño a la derecha de La Catrina es Diego Rivera; detrás de él se puede ver a Frida Kahlo; a la izquierda, con bastón, José Guadalupe Posada.

“Nosotros no hablamos de muerte. Esa palabra no se dice en China, nos da miedo, es una palabra que quema los labios. Para nosotros muerte es dolor, es horror y sufrimiento,” dice Yu Yanan, fotoperiodista china que asistió a la inauguración de las calacas de Posada.

En China el 4 es un número de mala suerte por tener una fonética similar a la palabra muerte, pero en la mansión del Príncipe Gong, el alborozo de las hilarantes calacas mexicanas libera a los chinos del temor y del respeto que guardan por Yan Wang.

En opinión de Pedro Cisneros, agregado cultural de la embajada de México en China, la obra de Posada redefine el concepto de la muerte en el imaginario chino y anima al chino a encarar sus propios miedos: “La prueba está en todos los chinos que han venido a la exposición y que al ver a las Catrinas andando se quedan encantados y van y se toman fotos. [La Catrina] puede adaptarse a diferentes culturas y es una de las muchas facetas de la cultura mexicana.”

La lujosa mansión del Príncipe Gong, morada de las obras de Posada en China

Al primer dueño de la portentosa mansión, el horror de morir lentamente desollado por 10.000 afiladas dagas lo atormentó hasta los últimos minutos de su vida. Después su suerte cambió.

Protegido por la gracia del emperador Qianlong, Heshen construyó la lujosa mansión con el dinero de los hurtos y las tropelías que cometió como ministro del erario chino.

“Heshen fue uno de los funcionarios más corruptos en la historia de la china antigua. Era tan rico que su fortuna era 25 veces más grande que la de todo el imperio,” explica Sun Xuguang, director del museo del Príncipe Gong, antigua casa de Heshen.

Al morir su mecenas, la ira del nuevo monarca, Jiaqing, cayó implacable sobre Heshen, a quien condenó a que lo desollaran públicamente con el tormento de las 10.000 cuchillas.

La corrupción generada por el decadente emperador Qianlong convenció al nuevo monarca que desollar en vida a Heshen generaría tumultuosas demandas contra funcionarios corruptos en todo el imperio.

El emperador Jiaqing, finalmente, perdonó a Heshen de que lo despellejaran en vida y concedió al condenado, agobiado por el horroroso tormento, la gracia de ahorcarse con una soga de seda en el interior de su lujosa mansión.

“Desde entonces,” dice Sun Xuguang, director del museo, “han habido numerosas leyendas de fantasmas y demonios que se aparecen por las noches en esta gran mansión.”

Y ahora, junto a los espectrales demonios del averno chino, las chocarreras calacas de Posada turbarán durante tres semanas al público oriental en la mansión del Príncipe Gong, otrora casa de Heshen, despreciado funcionario chino.

La obra de Posada, vieja amiga del pueblo chino

Junto con trabajos de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Leopoldo Méndez e Ignacio Aguirre, parte de la obra de José Guadalupe Posada desfiló el 18 de marzo de 1956 en la Galería de Bellas Artes de Pekín.

Según el archivo privado de la Sociedad Mexicana de Amistad con China Popular, 270 obras de artistas mexicanos vinculados al Taller de Gráfica Popular estimularon el fervor revolucionario y anti-imperialista del público chino en el recién fundado estado comunista.

La Calavera Huertista de afilados colmillos y cuerpo de arpía debutó junto a otros de sus grabados presentando a los chinos la lucha del pueblo de México contra las intervenciones extranjeras, la Guerra de Reforma, la dictadura de Porfirio Díaz y el inicio de la Revolución Mexicana.

Los comunistas chinos prestaron especial atención a la Calavera Huertista por ver en ella a la representación bélica de Estados Unidos, país al que acusaban de buscar el exterminio de la humanidad con su monopolio de la bomba atómica.

A más de 50 años de que Leopoldo Méndez e Ignacio Aguirre llevaron personalmente la obra de Posada por primera vez a China, la labor del Instituto Nacional de Bellas Artes deja atrás la idea progresista de los luchadores sociales de aquella época y se decanta por la modesta tarea de presentar a China el carácter alegre del mexicano ante la muerte.

Y si ahora “La muerte tiene permiso” no puede, como sugiere Edmundo Valadés, alentar al pueblo chino a hacerse justicia contra los malos gobernantes, la garbancera sí puede recordar hilarantemente a los dirigentes corruptos que de obrar en detrimento del pueblo, la justicia puede enviarlos al décimo octavo averno, a juntarse con Heshen y recibir los tormentos del inefable dios Yan Wang.

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Acerca de Jorge Octavio Fernández

Jorge Octavio Fernández es periodista e historiador, especializado en las relaciones internacionales de China con México y América Latina en la Guerra Fría. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM y cuenta con una maestría en Política Internacional y un doctorado en Historia de las Relaciones Diplomáticas de China, otorgados ambos por la Universidad de Pekín.

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