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China: una potencia global, pero no tanto

El ascenso de China en la escena internacional es uno de los fenómenos mundiales más importante de las últimas décadas. Pero, ¿cuál es realmente la influencia que Pekín ha alcanzado en el mundo? ¿Cuáles son los puntos fuertes y débiles de esta nueva potencia? Estas son algunas de las preguntas que se plantea David Shambaugh en su nuevo libro, “China Goes Global: The Partial Power”, publicado en enero de 2013.

Este profesor estadounidense, que lleva 20 años publicando libros sobre la política y las relaciones exteriores de China, ofrece en su obra un amplio análisis de las facetas en las que el país asiático ha ampliado su influencia en el mundo. Desde la diplomacia hasta el ejército, pasando por la economía o la cultura (el famoso softpower), el autor desgrana uno tras otro todos los avances que han situado a Pekín en el centro de la escena internacional. A pesar de este poderío creciente, David Shambaugh llega a la conclusión de que China es “la potencia parcial” (the partial power): “China no es tan importante, y ciertamente no es tan influyente, como la sabiduría convencional defiende”, explica en el prólogo.

En su opinión, Pekín sigue sin tener alianzas sólidas en el mundo y se encuentra enfrentado con muchos de sus vecinos asiáticos. En las organizaciones internacionales, China casi siempre es un país abstencionista, que rara vez propone iniciativas y que casi nunca lleva la voz cantante en propuestas de ámbito global. A pesar de estar en el Consejo de Naciones Unidas y de gozar de estatus de gran potencia en muchas instituciones internacionales, “China no lidera. China no está activamente implicada en intentar resolver ninguno de los grandes problemas globales”, escribe Shambaugh.

Incluso en el ámbito económico, donde Pekín puntúa más alto, el país sigue sin estar en lo más alto de la economía global. China es una gran potencia comercial, pero muchas de sus exportaciones (y especialmente las de mayor valor añadido) están lideradas por empresas estadounidenses, europeas o japonesas. China es el mayor productor de muebles, baterías, zapatos, televisores, plásticos, lavadoras y muchas cosas más, pero prácticamente no cuenta con ninguna marca reconocible en el mundo (al estilo Sony, Nike, Coca-Cola , Ikea o Zara). A pesar de su tendencia ascendente, en cuestión de tecnología, conocimiento, branding y capital humano, las claves de la economía del siglo XXI, China todavía va por detrás de las potencias tradicionales.

También en el ámbito cultural y de softpower, a pesar de sus esfuerzos e inversiones millonarias, China sigue respondiendo a esa definición de “potencia parcial”. El idioma chino es todavía un “desconocido” en las cumbres globales; la industria del cine no puede competir de ninguna forma con Hollywood; nadie se cree casi nada de lo que dicen los medios de comunicación chinos; y recientes encuestas de opinión muestran que el encanto y el magnetismo de China son extremedamente limitados. El modelo de softpower que promueven los políticos y académicos chinos, basado en el golpe de talonario de ministerios y gobierno, no parece la mejor forma de encandilar al mundo.

En cuanto a su ejército, China todavía está muy lejos de Estados Unidos, a quien ni siquiera aspira a poder alcanzar en el medio plazo. El país asiático se ha centrado en los últimos años en modernizar su ejército, aumentar su profesionalismo y asegurar su defensa en el ámbito asiático. Sus mayores inversiones en armamento se han centrado en incrementar su poderío militar en relación a Taiwán. La ausencia de bases y tropas en el extranjero (entre otros muchos factores) hacen que China no pueda ser considerada una potencia militar global.

El libro de David Shambaugh es sin duda una buena guía para tener una idea general sobre el nuevo rol de China en el mundo. Se trata de una visión de gran angular en la que destaca sobre todo la recopilación de información y opiniones de numerosos expertos y académicos chinos. Aunque en ocasiones el libro pueda parecer demasiado repetitivo y tenga cierto sesgo estadounidense, se trata sin duda de una obra amena y interesante en la que explorar hasta qué punto China se ha vuelto global.

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5 Comments

  1. Miguel

    Creo que valorar la hegemonía mundial por la potencia militar es el error que cometen los países de la OTAN. Es una concepción típica de la cultura europea, que no me parece adecuada para juzgar la cultura china, ni es deseable para el futuro de la humanidad. Del mismo modo, aplicar las categorías de la economía liberal a la economía china es un error. El futuro no será una repetición del presente, como pretenden los ideólogos occidentales de final de la historia y el pensamiento único.

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  2. Vallesasecas

    Los Chinos no quieren ser amigos de ningún país, ni liderar la OTAN , ni influir en nada. Simplemente No creen en el orden preestablecido, el sistema actual es un sistema Occidental hecho para occidentales. Por esto es que no entra en la política internacional del método convencional, trabajan en la sombra, ellos solos y es su forma de hacerse con el poder. El caso es que un país así o esclaviza al resto del mundo o el resto del mundo acaba con el, no me gusta ninguna de las dos situaciones. He vivido 3 años allá y mi mujer es China. Conozco el país, tanto el opulento como el pobre y veo muchas sombras, la balanza está descompensada. De todas formas que más dará lo que sea o se diga de China, ellos ya creen que son el centro del universo, la números 1 y su partido único el mejor. Los políticos están bien, todos esta bien entonces…

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