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Los graduados chinos se enfrentan al “mercado laboral más duro de la historia”

A lo largo de las próximas semanas, los universitarios chinos pasarán por los exámenes finales intentando obtener unas calificaciones que les permitan presentarse ante las grandes compañías del país. El sistema universitario chino ha vivido una gran explosión desde que Mao Zedong cerrara las aulas a cal y canto durante la Revolución Cultural, considerando a los centros educativos como un “nido de derechistas y contrarrevolucionarios”. Ahora, del nido unversitario se prevé que echarán a volar casi siete millones de nuevos graduados (unos 190.000 más que el año pasado, según datos anunciados por el Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social) una cifra que sixtuplica al millón de estudiantes que salían de las aulas a finales de la década de los noventa.

El sueño de esta nueva generación se esfuma al dar el primer paso en el mercado laboral. En 2011, una encuesta a nivel nacional dirigida por la Universidad de Chengdu mostró que un 16,4% de los jóvenes chinos de entre 21 y 25 años que salen de las aulas de las principales universidades del país se encuentra sin trabajo. Más significativo todavía es el hecho de que esta tasa cuadriplique a la de aquellos que tan sólo tienen estudios elementales (4,2%) y que duplique a la de aquellos que completaron la enseñanza primaria. A estos datos se suman los revelados por la Comisión Municipal de Educación de Pekín, que señalan que únicamente un 33,6% de los graduados en las instituciones de la capital había encontrado trabajo hasta el mes de mayo, a la vez que la creación de nuevos puestos de trabajo ha descendido en un 15% respecto a 2012.

Además de estas cifras de desempleo, los salarios percibidos no aumentan demasiado en función de la educación. De acuerdo con la presitigiosa Academia de Ciencias Sociales de China, el salario medio de un recién graduado en 2011 se situaba en 2.776 yuanes mensuales (448 dólares), mientras que la Oficina Nacional de Estadístas de Empleo estima que los ingresos de un trabajador procedente del campo llegan a los 2.049 yuanes al mes (330 dólares), principalmente entre aquellos que trabajan en el pujante sector de la construcción.

El problema tiene diversas lecturas y también diferentes protagonistas. Por una parte, los economistas apuntan a la ralentización del crecimiento económico del país asiático, que en las últimas fechas se ha situado en torno al 7,5% del PIB, y que ha provocado una desaceleración en la creación de empleo, principalmente en aquellos sectores que no precisan de una cantidad importante de mano de obra (precisamente a donde se dirigen la mayor parte de los graduados en economía, derecho, empresariales o ingeniería). Por otro lado, a través de las redes sociales los mismos estudiantes han echado la culpa a los laberínticos procesos de selección de las empresas, en donde la opacidad y las populares guanxi (contactos) suelen jugar un rol muy importante, especialmente en las empresas de propiedad estatal. Un usuario en Sina Weibo, el Twitter chino, señalaba que “lo esencial es conseguir la transparencia y la equidad en la búsqueda de empleo”.

Ser parte del Estado

Para muchos estudiantes chinos el objetivo final de sus estudios es llegar a obtener un puesto en el sector público, el cual engloba algunos de los segmentos industriales más potentes como las telecomunicaciones, el transporte o la energía. Este deseo por formar parte de uno de los grandes motores económicos del país (con mayores conexiones políticas y, por tanto, de ascenso) conduce a muchos graduados a rechazar ofertas en las pequeñas y medianas empresas privadas.

“Los estudiantes chinos hemos sido enseñados desde pequeños a centrarnos en la estabilidad en vez del riesgo”, relata un universitario a The Wall Street Journal, haciendo referencia a esos dos tercios de jóvenes que buscan trabajar para el gobierno o en alguna de las firmas de propiedad estatal. Una graduada de uno de los centros de la Universidad de Notthingham en la ciudad de Ningbo resaltaba otro de esos dichos populares chinos que siguen vigentes con el paso del tiempo: “Si trabajas para las empresas del sector privado, tu familia perderá mianzi (面子, respeto social)”.

El emprendimiento, la innovación o el xiahai (下海, lanzarse al mar) no parece encontrarse en el ADN de esta nueva generación de graduados. Un estudio coordinado por la Universidad de Stanford en colaboración con algunas de las instituciones más prestigiosas de China -las universidades de Tsinghua, Pekín y la Universidad Normal- mostró que mientras un 22% de los alumnos de la citada universidad estadounidense estaba dispuesto a comenzar su propio proyecto empresarial o unirse a una start-up, tan sólo un 3% de sus compañeros chinos tenía intención de dar el mismo paso.

Los estudiantes y profesorado acusan al gobierno de tener un sistema educativo obsoleto. “El actual sistema educativo no produce personas que sean innovadoras”, subraya Li Hongbin, profesor de economía de la universidad de Tsinghua, “lo que pondrá las cosas más difíciles para el país en su proyecto a largo plazo de construir una sociedad innovadora”. A través de Sina Weibo, un internauta apuntaba al carácter lucrativo de la enseñanza: “Las universidades son como empresas; los profesores como jefes; […] y los estudiantes se ven reducidos a una herramienta de competición por la fama y los beneficios entre universidades y profesores. La educación de la China continental hace tiempo que se ha destruido”.

El nuevo gobierno chino encabezado por Xi Jinping y Li Keqiang parece haber recibido los avisos de la comunidad educativa. Según informa el South China Morning Post, en las últimas semanas el Consejo de Estado se ha reunido para encontrar fórmulas en la creación de empleo y establecer indicadores laborales para los recién graduados como barómetro de la actuación de las autoridades locales. En este sentido, el gabinete ha anunciado la puesta en marcha de préstamos para graduados que inicien su propio negocio y relajar las restricciones sobre aquellos que no se encuentran en su ciudad de origen, en el eterno debate en torno al hukou, el permiso de residencia.

En el trasfondo de esta situación, las visiones más dramáticas vuelven su mirada hacia los estudiantes que iniciaron las manifestaciones en Tiananmen, que no solamente pedían una mayor evolución democratizadora, sino que sus protestas también se dirigían hacia la subida de las tasas universitarias y la precariedad laboral. Lejos parece la repetición de un horizonte de protestas masivas y de movilización estudiantil, pero el gobierno chino deberá tomar cartas en el asunto en lo que algunos ya han denominado “el periodo de búsqueda de empleo más duro” de la historia de China.

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• Universitario en China: Dosmilyuanismo

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Acerca de Sergio Rodríguez Romero

Graduado en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca (su ciudad natal), su primer contacto informal con China fue a través de un restaurante. Después de descubrir los entresijos de su política en la sección de Internacional del Diario de León, ahora, de manera más formal, está inmerso en su estudio a través del Máster en Estudios Chinos de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. [Más artículos de Sergio Rodríguez Romero]

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