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Libro: “China pide paso. De Hu Jintao a Xi Jinping”

En una entrevista concedida a esta web en pleno XVIII Congreso del PCCh, Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China y asiduo colaborador para diferentes medios de comunicación españoles, matizaba los análisis pesimistas que calificaban los diez años de mandato de Hu Jintao como “la década perdida”: “me da la impresión de que el tiempo de Hu Jintao se valora poco y se valora mal”, aclaraba nada más abrir la entrevista. En busca de ese equilibrio en torno a la figura y la labor de quien estaba a punto de ceder el poder a manos de Xi Jinping, Xulio Ríos publica el libro “China pide paso. De Hu Jintao a Xi Jinping” (Editorial Icaria), una obra que profundiza en el análisis económico, político y social de la última década de gobierno chino.

“El mundo armonioso de Hu Jintao”, como titula Ríos uno de los capítulos de su obra, está dominado por el imparable avance de la economía china subida en ese doble dígito que marcaba hasta hace poco su crecimiento porcentual y que ha mediatizado por completo en plena crisis económica todo lo relativo a China. Más allá del deslumbramiento que provocan los números se esconde un país, un gobierno y una sociedad en constante movimiento, negando el autor ese “inmovilismo” que se le atañe al gigante asiático. Es en este punto donde reside el gran valor de la obra de Xulio Ríos: el prestar atención a las mínimas alteraciones que se producen en el Partido, pero que en su gigantesca dimensión representan un enorme cambio; hallar el trasfondo que se esconde tras las palabras medidas y manidas en el eterno discurso de los líderes chinos; observar y diagnosticar las consecuencias del impacto económico que se siente en los estratos sociales más perjudicados; y ponernos en los ojos con los que ve China el mundo en forma de inversiones y alianzas estratégicas.

A lo largo de diez capítulos, Xulio Ríos recorre los diez años de gobierno de Hu Jintao, un líder gris, apático y carente del personalismo de sus predecesores que ha sabido contrarrestar su falta de carisma con su conocimiento de las debilidades internas y externas del Partido, actuando a base de pragmática y consenso, aupado por sus éxitos sorteando la crisis y dejando a China en un buen estado de salud económica. En la búsqueda de la armonía política y social que ha caracterizado su mandato, Hu ha recurrido a diferentes líneas ideológicas que brotan a lo largo del libro, permitiendo al autor hilar un argumento que desemboca en el legado final del presidente chino.

La retórica confuciana como elemento de cohesión social y de respeto hacia el Partido y la reverberación del nacionalismo frente a la amenaza exterior han sido una constante en la oratoria de Hu desde su llegada al poder en 2003. Para ser comunista en la China del siglo XXI, dice Xulio Ríos basándose las acciones políticas de Hu, hay que ser “conservador en lo político, intervencionista en lo económico, socialdemócrata en lo social y confuciano en lo cultural”.

Las luces y las sombras de la última década china conforman el conjunto del libro durante el cual a Xulio Ríos no le tiembla la mano para ensalzar los méritos del máximo dirigente o poner el dedo en la llaga de sus errores. Entre los aciertos que el autor le asigna a Hu es el intento -a través de sus dos máximos estandartes políticos, la “armonía social” y el “desarrollo científico”- de colectivizar los beneficios que está obteniendo el país a todas las escalas y puntos geográficos de la sociedad, volviendo la mirada hacia el campo, origen del resurgimiento económico en la década de los 80 y gran abandonado en favor del ámbito urbano. La puesta en marcha de una serie de medidas para reactivar la economía agraria y aumentar la cobertura social de los trabajadores de las zonas interiores ha sido un intento, aunque insuficiente, por acercar las orillas del abismo que separa al agricultor del empresario. Ligado al campo también es loable para el autor el esfuerzo que ha realizado el país en el ámbito de las energías renovables para luchar contra los problemas acuciantes de contaminación y desertización, presionado por el peligro que pueda tener para la estabilidad económica a medio y largo plazo.

La China que nos describe Xulio Ríos es un país de contrastes marcados por las diferencias económicas campo-ciudad / costa-interior, que centralizan cualquier acción que se pretenda impulsar desde el gobierno y de donde surgen las mayores sombras del gobierno de Hu Jintao. La discriminación que provoca el sistema de registro (hukou) sobre la población migratoria, que se cuenta por millones; las carencias de un sistema sanitario desprovisto ante la urgencia de cualquier epidemia como la del SARS, que sorprendió a Hu en su llegada al poder; la corrupción de las élites políticas locales que alimentan la paradoja de que “sobre el mismo Partido que acumula los escándalos recae la responsabilidad de su persecución”, puntualiza Ríos; todo ello conforma una tela de araña en la que quedan atrapados aquellos que por su ascendencia, sin conexiones con el poder, o su situación geográfica no han bebido del elixir del éxito económico chino.

La China de Hu Jintao por fin ha mirado al exterior, más allá de sus fronteras, portando la bandera del “ascenso pacífico” que no interrumpa su desarrollo económico y le permita adoptar un papel más incisivo en los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Al mismo tiempo, intenta buscar adeptos a su causa contra la hegemonía de Estados Unidos a base de inversiones a cambio de los recursos energéticos necesarios para sostener el peso de ser una potencia. El ascenso chino en materia militar y seguridad se mira con recelo, principalmente desde Estados Unidos y su aliado en la región, Japón. Sin embargo, Xulio Ríos sale al paso descartando cualquier aspiración de China a ejercer una papel hegemónico aludiendo al pragmatismo inherente al pueblo chino: “Desde Beijing nunca se han planteado como objetivo dirigir el mundo sino asegurar su propio desarrollo para garantizar el nivel suficiente de soberanía que le permita impedir la intromisión externa en sus asuntos”.

Al sucesor de Hu Jintao, Xi Jinping, hijo de revolucionario y elegido en el ocultismo que rodea las negociaciones entre facciones previas a cada congreso, analizadas también en el libro, le queda una década por delante para recomponer las piezas del puzzle que no han encontrado su sitio o han sido evitadas por su antecesor. La atención a las minorías étnicas y sus reclamaciones de mayor autonomía han sido para Ríos la peor de las políticas adoptadas por Hu, el cual ha confiado en el poder del yuan para silenciar las protestas en Xinjiang y Tíbet. “La identidad no es un medio de vida, es una forma de ser y estar”, reclama el autor en uno de los capítulos en los que se muestra más crítico con la labor de Hu Jintao.

A las tensiones étnicas, a Xi también se le abre otro frente en aguas vecinas, en las disputas marítimas por los hidrocarburos, con especial virulencia estos últimos meses por los enfrentamientos verbales entre los gobiernos japonés y chino por el control de los islotes de las Diaoyu/Senkaku. El afianzamiento de China como pieza importante del ajedrez mundial, el aperturismo o mantenimiento de la censura en medios de comunicación y redes sociales, las políticas del hukou y de control de natalidad en una población cada vez más envejecida… un largo etcétera de deberes por hacer para la nueva generación de gobernantes.

En estas últimas semanas en las que se han sucedido artículos y comentarios acerca del carácter reformista de Xi Jinping, la necesidad de una renovación estructural del aparato político del Partido de cara a una mayor democratización y la necesidad de adaptar nuevas medidas para proseguir con el desarrollo económico, Xulio Ríos lo tiene claro: “La urgencia de la reforma radica en el temor al colapso sistémico y a la necesidad de habilitar recursos institucionalizados que eviten la reiteración de dramas históricos”. Preservar el poder, la legitimidad y la estabilidad del PCCh es el credo de la política con características chinas del siglo XXI, a la vanguardia del proletariado y del empresario, reinventándose a sí mismo y en manos de una economía que a la mínima crisis puede hacer saltar los resortes de todo el país. Como concluye Xulio Ríos, testigo directo del devenir chino: “la paciencia del pueblo chino es mucha, pero cuando se acaba, el estallido acostumbra a no dejar títere con cabeza”.

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Acerca de Sergio Rodríguez Romero

Graduado en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca (su ciudad natal), su primer contacto informal con China fue a través de un restaurante. Después de descubrir los entresijos de su política en la sección de Internacional del Diario de León, ahora, de manera más formal, está inmerso en su estudio a través del Máster en Estudios Chinos de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. [Más artículos de Sergio Rodríguez Romero]

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