América Latina y China

El éxito del softpower chino en Latinoamérica

Cuando se habla del poder blando chino en el exterior se comienza invariablemente mencionando los institutos Confucio, los cuales se presentan como una forma de difundir la cultura china fuera de sus fronteras. Sin embargo, el gran éxito del poder blando chino en esta región ha sido la captación de académicos, economistas y funcionarios gubernamentales que repiten el discurso redactado en Pekín.

En realidad, los Confucio (a diferencia del Goethe alemán, la Alianza Francesa o el Cervantes) no representan la cultura del país, sino la cultura del Partido Comunista de China (PCCh). Tibet, Falun Gong, Xinjiang, la Revolución Cultural o los 180.000 conflictos sociales anuales son temas vedados en sus sedes, donde los programas de enseñanza del idioma están escritos por el Partido. En los ciclos de cine que organizan ocasionalmente, se pasan las películas chinas más aburridas, como por ejemplo Confucio. En los “seminarios” que realizan, cualquier propuesta con tono crítico es inmediatamente rechazada.

Los institutos Confucio sólo pueden abrirse dentro de un recinto universitario. Y para que Hanban (la organización responsable, dependiente del Ministerio de Educación chino) lo apruebe, es necesario que la universidad del país interesado logre un acuerdo con una universidad china. A partir de ahí, la universidad local pone el espacio físico y Hanban pone el capital para su funcionamiento. De cualquier manera –y a pesar de que se han abierto 18 institutos en Latinoamérica, a un promedio de 3 por año desde 2006- estos institutos son bastante intrascendentes (el discurso del Partido es más soporífero que una sobredosis de tranquilizantes) y son más que nada un medio para cooptar académicos. Es en este sentido donde han tenido bastante éxito.

Atraídos por la posibilidad de un cargo o de viajar a China, y de esta manera tal vez hacer un gran negocio, pero también por trasnochados dogmas ideológicos por los cuales creen –equivocadamente – que el desembarco chino perjudica los intereses norteamericanos, los académicos y funcionarios de la región salen cada vez más seguido a vociferar las bondades de alinearnos con China, justo en el momento en que se evidencia que la tan cacareada relación win-win está dando muchos beneficios a China (o al menos a una parte de China) y no tantos al sur del Río Grande.

Los latinoamericanos estamos acostumbrados a que el discurso sea dictado por el imperio de turno. Durante 60 años hemos sufrido el superficial y lamentable American way of life difundido por el cine, la televisión y la prensa. En este sentido, Estados Unidos, como buen paladín de la libertad, siempre estimuló la crítica académica, incluso en las organizaciones dependientes de Naciones Unidas. Fue así como tuvimos que soportar que los académicos marxistas escribieran libros sobre la perversa ideología del Pato Donald. Este tipo de libros fue especialmente aplaudido en Norteamérica, donde los intelectuales latinoamericanos de izquierda recibían becas y sueldos en dólares. Pero China no puede darse ese lujo, porque la prensa, el cine y la televisión se mueven (hasta ahora) al ritmo del American way of life.

Desde México hasta la Patagonia, podría dar varios y burdos ejemplos de la propaganda que realizan estos funcionarios y académicos que deberían trabajar por el bien de la región en la que me tocó nacer, pero el texto se alargaría mucho y ganaría aún más enemigos, así que prefiero adoptar una actitud más oriental (al menos por ahora). Sin embargo, para que el lector comprenda de lo que hablo, voy a referirme al más patético y representativo de los ejemplos: un artículo escrito por la licenciada Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), institución dependiente de Naciones Unidas, tras su encuentro en Santiago de Chile con el primer ministro Wen Jiabao.

Alicia Bárcena, según Wikipedia, es graduada de la Universidad Nacional Autónoma de México, tiene una maestría en Harvard y es especialista en Medio Ambiente. Su gran entusiasmo por lo que China puede hacer en Latinoamérica me venía resultando sospechoso desde hace tiempo, pero no le di mucha importancia hasta que envió a los medios latinoamericanos este reciente artículo titulado El Salto de China en América Latina y el Caribe.

En el artículo, la funcionaria no expone ideas propias y prefiere reproducir un texto que le hizo llegar algún colaborador de Wen Jiabao. En el texto se informa sobre algunas propuestas chinas de las que ya hablamos en ZaiChina. Y llama especialmente la atención el siguiente párrafo:

(Wen) expresó la voluntad de llevar el volumen comercial del intercambio a los 400.000 millones de dólares, duplicando los montos actuales, en el curso de los próximos cinco años. Una aspiración que reconoce explícitamente que China no persigue superávit comercial y que está dispuesta a importar de la región más productos manufactureros y de alto valor agregado.

¿Qué clase de lógica la lleva a afirmar que la duplicación del monto del intercambio comercial implica que China no persigue superávit comercial y que encima está dispuesta a importar más productos manufacturados? Tal vez hubo un problema de traducción, tal vez la licenciada debió haber leído el artículo antes de enviarlo a la prensa. En 2006, China hizo público su propósito de equilibrar el intercambio comercial y de hecho lo logró unos años más tarde. Actualmente le favorece levemente. ¿O es que acaso yo me perdí algo y el aumento va a corresponder totalmente a importaciones por parte de China? Por otra parte, es probable que China esté dispuesta a importar más productos manufacturados. El tema es que nosotros no los producimos. Y si los llegamos a producir, va a ser con financiación china. Es decir, ellos van a producir en Latinoamérica para vender en China y probablemente también en otros lugares. Tal vez como la licenciada Bárcena se dedica al medio ambiente y no a la economía no reflexionó suficientemente sobre ese tema, que se conoce como outsourcing.

A continuación sigue una serie de párrafos que parecen escritos por el mismísimo Li Changchun, el hombre al frente del aparato de propaganda chino, entre los que llama la atención este otro:

Wen Jiabao manifestó su voluntad de labor conjunta a partir de una agenda densa que marca un salto sustantivo en la forma y el fondo en que China ha decidido estar en la región. Es en ese contexto que el mensaje que China ha querido enviar –de la mano de uno de sus más calificados voceros, el premier Wen Jiabao– constituye un parteaguas en la calidad de la relación con Latinoamérica. Una propuesta integral que, muy significativamente, es encabezada por una invitación a consolidar el diálogo político que marca un salto sustantivo en la forma y el fondo en que China piensa en un proyecto de prosperidad compartida.

¿A qué se refiere con prosperidad compartida? Tal vez a que tanto China como Latinoamérica comparten los más altos índices mundiales de inequidad en el ingreso (los ricos son muy ricos y los pobres muy pobres). ¿O es que nosotros también vamos camino a convertirnos en una potencia mundial a fuerza de vender soja, cobre, hierro y petróleo a precios que determina el mercado?

Es extraño que siendo mexicana, la licenciada ignore que su país tiene un déficit comercial de más de 20.000 millones de dólares con China. Es extraño que ignore que la competencia china acabó con la floreciente industria maquiladora y pavimentó el camino para que los carteles de la droga se apoderaran del norte mexicano. Claro que no tiene por qué saber que el dinero chino (más de 40.000 millones de dólares en préstamos que maneja Chávez a discreción) ha perpetuado el gobierno más corrupto e inepto de la historia de Venezuela, que está llevando a PDVSA (en algún momento la quinta petrolera mundial) a la quiebra. Tampoco tiene por qué estar informada de los conflictos sociales en Perú y Ecuador con las empresas mineras; ni de la primarización de la economía brasileña que hasta hace poco se proyectaba como una potencia industrial. Ni hablemos de las consecuencias del monocultivo de la soja transgénica en Argentina.

Por supuesto, nada de eso es culpa de China. Sus funcionarios y académicos no buscan nuestro beneficio. Son los nuestros los que deberían hacerlo. Tal vez algún día se propongan ese objetivo. Pero aún en el hipotético caso de que se lo propusieran, aún tendríamos que sortear otro escollo: la capacidad.

Lee el resto de artículos escritos por Yuri Doudchitzky sobre las relaciones entre China y América Latina.

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Acerca de Yuri Doudchitzky

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4 Comments

  1. Alma

    Me ha gustado especialmente la matización del segundo párrafo (“no representan la cultura del país, sino la cultura del Partido Comunista de China” y la reflexión del tercero (“…son más que nada un medio para cooptar académicos. Es en este sentido donde han tenido bastante éxito”).

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  2. Jairo Jimenez

    En pocas palabra este es un artículo con muy pocas bases, para afirmar lo que el autor dice….

    No sé si el autor ya ha trabajado en un Instituto Confucio, púes los que si lo hemos hecho tenemos una visión un poco más distinta.

    Decir que por la competencia china se pavimentó el camino que ha incrementado el narcotráfico, es la conclusión más absurda que he escuchado…. El artículo tenía un buen título, pero se quedó en eso!!!

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  3. Alejandro

    Yo soy uno de esos que viajan a China con beca del gobierno. Evidentemente, para los que ya me conozcan por aquí, no voy a doblegar mis ideas por una beca. Sería ir contra mis ideas.
    Realmente el trabajo que hace el Confucio lo hace muy bien para aquellas personas que no se meten más allá de lo que es la superficialidad. Si se profundiza un poco más sobre su propaganda, se ve claramente que la realidad no es la que dicen.

    En cuanto al resto del artículo. No soy latinoamericano, soy español. Aquí también hay gente que parecen que estén a sueldo del partido. Aunque, afortunadamente no están tan adoctrinados.

    Por cierto, tengo un tema que me gustaría proponer a Zaichina y que tiene que ver con el alto fracaso que ha sido el poder blando en Hong Kong en el ámbito educativo:
    https://www.facebook.com/Scholarism

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  4. Alma

    Si analizamos el discurso del Confucio, observamos que está en línea con los medios oficiales chinos, vinculados estrechamente al Partido y sus intereses, vestidos como intereses nacionales. Obviamente, esto forma parte de la realidad china, pero no es la única realidad. Desde mi punto de vista, el éxito del “softpower” chino radica en que va con una billetera debajo del brazo, y ya conocen el dicho popular: “no muerdas la mano de quien te da de comer” (o te abre oportunidades de negocio, de estudio, etc.).

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