América Latina y China

China y Estados Unidos quieren repartirse el mundo

Los dos países se reúnen estos días en Pekín. Hablamos de los intereses regionales de las dos potencias y del rol que podría jugar América Latina

Como en los no tan remotos tiempos de la guerra fría, China y Estados Unidos se encaminan hacia un acuerdo en el que la potencia emergente aceptaría la supremacía de Estados Unidos en Latinoamérica a cambio de que el imperio occidental acepte la supremacía de China en el Mar del Sur. Esto es lo que sugiere Evan Ellis en su último paper, titulado The United States, Latin America and China: a triangular relationship, difundido por el Grupo de Trabajo sobre China y Latinoamérica del Diálogo Interamericano.

Evan Ellis es profesor de la Universidad de Defensa Nacional de Estados Unidos y documenta para el Departamento de Estado la avanzada China en Latinoamérica. El Diálogo Interamericano, del cual Ellis es miembro, es un organismo creado en Washington para discutir asuntos relacionados con la política y la economía de toda América. Es presidida por Michel Shifter, un hombre de la Fundación Ford, y cuenta entre sus miembros a los expresidentes chilenos Ricardo Lagos y Michelle Bachellet; el expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso; el expresidente mexicano Ernesto Zedillo; la presidenta de la CEPAL, Alicia Bárcena y el expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Enrique Iglesias; así como varios estadounidenses que han trabajado para la Casa Blanca y el Banco Mundial, entre ellos el malogrado intelectual Francis Fukuyama.

El Departamento de China y Latinoamérica del Diálogo Interamericano, dirigido por Margaret Myers, incluye al embajador chino ante la OEA; varios miembros de la Academia China de Ciencias Sociales, entre ellos el renombrado Sun Hongbo; y académicos latinoamericanos que suelen coincidir con la línea de pensamiento del gobierno chino, como el argentino Jorge Malena y el mexicano Enrique Dussel Peters.

El último trabajo de Ellis se inspira en la reciente reunión convocada el pasado 6 de marzo en Beijing por el director general para Latinoamérica del Ministerio de Relaciones Exteriores, Yang Wanming, a la que asistieron representantes del Diálogo Interamericano, el Consejo de las Américas, las universidades George Washington y Johns Hopkins, el Departamento de Estado y la delegación china ante la Organización de Estados Americanos (OEA).

Ellis remarca que la primera reunión entre las principales potencias mundiales para tratar el caso Latinoamérica se dio en el 2006, cuando el Secretario para Asuntos Occidentales, Thomas Shannon, viajó a Beijing para reunirse con el entonces jefe para Latinoamérica de la Cancillería china, Zeng Gang (quien luego sería embajador en Argentina y actualmente lo es en México). Según Ellis, “el triángulo”, más que una seria construcción académica, tiene una validez intuitiva, basada en que más allá de su interés en la región, China comprende las reacciones que su avance puede generar en el gobierno y las corporaciones estadounidenses.

El autor señala que si bien el concepto de triángulo puede ser atractivo tanto para China como para Estados Unidos, no lo es tanto para Latinoamérica, que al empezar a entender las desventajas que implica una relación tan estrecha con China, se enfoca más hacia un mundo multipolar. Además, choca con la dificultad de definir a Latinoamérica como un actor único. En este excelente ensayo, que hace una síntesis de las respectivas relaciones que tiene cada uno de los tres con los otros dos, Ellis identifica tres objeciones básicas a este concepto: la primera, la presencia de otros actores, sobre todo India, Rusia, Irán y Europa; la segunda, que Latinoamérica no representa una unidad; y la tercera, que esta definición triangular está basada claramente en una visión neocolonialista.

Dentro de este análisis dedicado al triángulo China-EEUU-Latinoamérica, Ellis desliza esta frase:

“debido a que la relación con Estados Unidos es primordial para China, ésta se mueve cautelosamente en Latinoamérica. Esto puede verse, en cierta medida, como un reconocimiento de que la región forma parte de la zona de influencia de Estados Unidos y refleja el deseo chino de que Estados Unidos trate a Asia como zona de influencia china.”

Si bien Ellis no desarrolla la idea, está claro que no se refiere a India ni a Rusia cuando dice Asia, sino que se refiere al Mar del Sur, actualmente una de las zonas más calientes del planeta desde que el año pasado Obama decidiera empezar a abrirse de la fracasada política en Irak y Afganistán para concentrarse en apoyar sus intereses petroleros en la zona oceánica rodeada por Vietnam, Filipinas, Tailandia y Malasia y que podría tener tanto petróleo como Alaska y tanto gas como el Golfo de México. Además, por allí circula un tercio de la mercadería mundial que viaja por mar.

En los últimos tres años hubo 23 conflictos entre China y los otros países que bordean el Mar del Sur, siendo el último el actual con Filipinas, que se encuentra realizando maniobras militares conjuntas con Estados Unidos. En esta nueva zona caliente ya están trabajando Exxon, British Petroleum, Chevron y Shell, a las que –según la CNN– el gobierno chino amenazó con echar de China si no suspenden sus actividades. Tras el derrame provocado en el Golfo de México, British Petroleum vendió su participación offshore en Vietnam y salió de la zona.

El trueque que estaría incentivando China no parece tener mucho atractivo para Estados Unidos. La verdad es que Washington no necesita la mayoría de las commodities que produce Latinoamérica. En el caso del petróleo, que Venezuela cada vez le vende más a China y menos a Estados Unidos, tampoco parece importarle demasiado (tal vez sea porque, al contrario de lo que muchos creen, las petroleras norteamericanas explotan petróleo en la tierra de Simón Bolívar). Por otro lado, la prosperidad latinoamericana (más concretamente sudamericana) gracias al comercio con China ha repercutido en el consumo de productos que -en gran parte- son de marcas estadounidenses.

Mientras que Estados Unidos parece no tener problemas respecto al avance chino en la región, para China la zona del Mar del Sur es estratégicamente imprescindible para poder librarse de la dependencia que tiene actualmente con los países petroleros árabes. Aparentemente China va a tener que ofrecer algo más para que la oferta luzca atractiva.

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Lee el resto de artículos escritos por Yuri Doudchitzky sobre las relaciones entre China y América Latina.

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