Economía

China y Myanmar, amigos económicos (hasta ahora)

Algo se mueve en Myanmar, donde la Junta Militar está abriendo la mano a la participación política y la disidente Aung San Suu Kyi está haciendo campaña para poner un pie en el Parlamento en las inminentes elecciones de abril. Hasta ahora, Myanmar había mantenido unas buenas relaciones económicas con China, a quien se le suponía un cierto apoyo e influencia en el fronterizo país asiático. Como explicaba muy bien hace unos días Ángel Villarino sobre el terreno, Myanmar podría abrirse en los próximos meses (o años) y todas las empresas extranjeras ya están a la caza de nuevas oportunidades económicas en uno de los países más cerrados y atrasados de Asia.

En este nuevo contexto, y en medio de una especie de batalla con Washington para asegurarse posiciones económicas en el país, es muy relevante analizar los lazos económicos entre China y Myanmar. La antigua Birmania es un enclave geopolítico muy importante debido a su localización estrátegica en Asia (entre Pekín y Nueva Delhi) y a que es la salida natural hacia el Océano Índico para las provincias suroccidentales del gigante asiático. Además de esto, Myanmar es también un socio comercial con gran potencial para China.

Las relaciones económicas entre China y Myanmar, como las de la mayoría de los países vecinos, se remontan a tiempos ancestrales. China es conocida entre las élites birmanas como “Paukphaw”, el país hermano, un calificativo que no se utiliza para ningún otro país. Siglos después de estas históricas relaciones, China es actualmente el principal suministrador de bienes y capital a su vecino asiático.

A la hora de poder realizar un estudio exhaustivo de la economía birmana, nos encontramos con el problema de tener que trabajar en muchas ocasiones con datos no fiables del todo. Es por eso que necesitamos tomar con cierta precaución las posibles lecturas y proyecciones sobre la economía de este país.

Según datos de la ASEAN, China es el segundo socio comercial de Birmania, sólo por detrás de Tailandia. Según los informes publicados por Naciones Unidas, más del 30% de las importaciones de Birmania provienen de China (la ASEAN habla de un 20%), lo que convierte al gigante asiático en su primer proveedor de productos y materiales.

Por otro lado, Birmania también ha ido aumentando en los últimos años sus exportaciones hacia China. Siguiendo los datos de la ONU, las exportaciones birmanas superaron en el año 2010 los 960 millones de dólares, lo que supone un 50% más que en 2009 y un 275% más que en 2006.

En cuanto a las importaciones chinas desde Myanmar, éstas llegaron a los 3.475 millones de dólares, igualmente un 50% más que en el 2009 y alrededor de un 175% más que en 2006. Aunque los incrementos sean menores, es evidente que el saldo de la balanza comercial de Myanmar con China en los últimos años ha sido favorable al gigante asiático. Como el resto del mundo, Myanmar tampoco ha podido escapar al efecto “made in China”.

 

¿Qué le vende Myanmar a China? Sobre todo materias primas como madera o piedras preciosas (especialmente jade). En los últimos años, sin embargo, se han descubierto importantes reservas de gas en Birmania (supone ya el 25% de todas sus exportaciones y lo vende principalmente a Tailandia), por lo que es previsible que China incremente sustancialmente sus importaciones de esta fuente energética, principalmente a través de la fronteriza provincia de Yunnan. De esta forma, China podría reducir su dependencia de gas de otros países y diversificar su importaciones desde el punto de vista geográfico.

Las principales reservas de gas birmanas son explotadas conjuntamente por la empresa estatal MOGE (Myanmar Oil and Gas Enterprise) y multinacionales como la francesa Total, la estadounidense Unocal, la británica Premier Oil y la japonesa Nippon Oil. Esta nueva vertiente exportadora (sobre todo de gas) ha provocado que las reservas en moneda extranjera de Myanmar se hayan incrementado hasta los 5 billones de dólares.

En cuanto a la importaciones procedentes de China, favorecidas por la estrecha cooperación económica entre los dos países y la política de concesión de préstamos por parte del gigante asiático, han crecido a un ritmo del 20% anual en los últimos 8 años. China es el principal suministrador de bienes de consumo, bienes de equipo, maquinaria y productos intermedios. Estas exportaciones a Myanmar apenas suponen el 0,25% del total de las exportaciones chinas.

Los ingresos provenientes de la venta de gas y otros recursos naturales aumentarán la capacidad fiscal del nuevo gobierno de Myanmar para invertir en otras partidas tales como infraestructuras, salud o educación. Este es un elemento fundamental que podría servir para atraer la inversión extranjera. A día de hoy, China es el primer país inversor en el país, sobre todo gracias a la actividad de las grandes empresas estatales chinas, que suelen centrarse en los sectores de la minería y el desarrollo energético.

En el gráfico de arriba podemos apreciar el importante incremento de los flujos de inversión de China en Myanmar. Según datos de la Oficina de Estadísticas China, en 2004 apenas superaban los 4 millones de dólares, mientras que en 2010 llegaron a los 875 millones. Estas cifras suponen el 1,2% del total de los flujos de inversión directa extranjera china hacia el resto del mundo y el 2% de las inversiones en Asia durante el año 2010.

El papel de las empresas estatales birmanas en el comercio total del país es crucial. Se estima que alrededor del 65% de las actividades son llevadas a cabo por este tipo de empresas, la mayoría en manos de altos cargos del ejército birmano. Para poder exportar o importar cualquier producto es necesario obtener una licencia del Gobierno y los criterios para la concesión de las mismas son en muchos casos políticos y no económicos.

El esquema de desarrollo económico que plantea el nuevo gobierno de Myanmar podría ser muy parecido al que planteó China a finales de los 70 para acabar con su autarquía, creando zonas económicas especiales con las que experimentar en la implementación de medidas de liberalización económica.

Recientemente, el ministro de finanzas birmano del país declaró que el país tiene una deuda externa de 11 billones de dólares. Algunos analistas ven la posibilidad de que Myanmar, tras la primavera árabe, profundice en sus reformas políticas con el fin de (entre otras cosas) poder acceder a la ayuda de los organismos internacionales. Este protagonismo chino ha supuesto en algunos casos que las empresas estatales chinas hayan actuado con cierta arrogancia, y que hayan favorecido actitudes corruptas, por otro lado tan extendidas en Myanmar, lo cual ha propiciado un sentimiento antichino en ciertos segmentos de la población.

Como hemos podido comprobar las relaciones económicas entre China y Myanmar se han intensificado en la última década. Tanto los nivel de flujos comerciales como los flujos de inversión han crecido a un ritmo importante en los últimos años. Es probable que la apertura del país a las potencias occidentales y una mayor integración y cooperación de Myanmar en el seno de la ASEAN favorezcan mayor presencia de empresas extranjeras y una mayor competencia para la empresa chinas que operan en el país.

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