Economía, Medios

Alberto Lebrón: “Ahora al que le toca comprar y consumir es al chino”

En medio de la peor crisis del siglo XXI, el periodismo económico se ha vuelto imprescindible para comprender el mundo en el que vivimos. A eso se dedica Alberto Lebrón (aquí en Twitter), el corresponsal en Pekín de Business Television, quien lleva más de dos años analizando la actualidad financiera de China y Asia para intentar explicar a los espectadores la importancia de este continente en la economía global.

En esta entrevista con ZaiChina, este joven periodista español nos habla de su trabajo en China y de algunos de los principales temas de interés de la segunda economía mundial. En su opinión, ha llegado el momento de que las economías asiáticas dejen de exportar y ahorrar para comenzar a importar y consumir. Al mismo tiempo, se muestra optimista respecto a la economía china, que a pesar de tener algunas dificultades importantes podrá seguir creciendo a buen ritmo durante las próximas décadas.

[Esta entrevista forma parte de la serie: Corresponsales en China.]

Si estás en China, puedes ver el vídeo en Tudou.

¿Cómo llegaste a China? ¿Por pasión o por obligación?

Yo llegué a China por casualidad. Yo estaba trabajando en Madrid en Radio Intereconomía. Estuve allí tres años mientras estudiaba al mismo tiempo. No tenía pensado salir fuera, aunque en España ya estaba trabajando mucho sobre Oriente Próximo. Por aquel entonces quizás pensaba que de salir algún día, pues me iría a Oriente Próximo, porque estaba muy de moda en España. Quizá Asia-Pacífico estaba menos de moda. Resulta que mientras trabajaba de noche, un día me dije: “me gustaría salir fuera a conocer el mundo”. Y propuse dos destinos a la persona que llevaba en Intereconomía el tema de las corresponsalías: Irán o China. Él me dijo que China, pero que todavía no había una vacante. Estamos hablando del año 2008, a poco tiempo de los Juegos Olímpicos… y resulta que a los 20 días recibí una llamada en la que me ofrecía venir a China a trabajar con Intereconomía. Y yo dije que sí.

En todo este tiempo han cambiado mucho las cosas. Ahora estoy trabajando para Business Televisión, además de para otros medios de Intereconomía Televisión. Esto es una plaza estratégica y evidentemente me quiero quedar mucho tiempo aquí.

El grueso de tu trabajo entonces es Business TV, dentro del programa Visión Global, que cuenta también con colaboraciones desde Estados Unidos y Brasil.

Así es. Yo trabajo para Business Televisión, un canal de nueva creación creado en el año 2010. Lo que se pretende hacer es un canal de información económica en español para todo el público hispanohablante, no sólo en España, sino también en América Latina. Es algo que está en un período todavía muy primitivo pero con unas perspectivas de futuro muy interesantes.

Yo lo que hago básicamente es la corresponsalía de Business Televisión en Pekín. También colaboro y hago servicios para Radio Intereconomía y a veces escribo en La Gaceta. En ocasiones también hago vídeos para Intereconomía Televisión, pero el 80% de mi trabajo está en Business TV.

Antes estabas hablando del periodismo español y te veía muy optimista. Hace poco, Zigor Aldama, corresponsal del Grupo Vocento, decía que el periodismo español está en la UVI. Hay mucha gente que se queja del nuevo periodismo espectáculo, de la falta de una información más profunda, la falta de recursos… ¿De verdad estamos tan bien como me comentabas en el vídeo?

Yo creo que en España siempre hemos tendido al catastrofismo, al regeneracionismo. A decir: “todo está muy mal”, “somos mucho peores que los anglosajones”… En España hemos tendido siempre a idealizar lo de fuera y a echar mierda sobre nosotros mismos. Yo pienso que eso es injusto. Los periodistas españoles que he conocido aquí en China y con los que mantengo contacto, todos, sin excepción, son excelentes profesionales.

Igual el problema no es tanto la calidad de los periodistas como el funcionamiento interno de los medios…

Lo cierto es que desde Madrid es imposible saber de China, de Brasil, de Europa, de Estados Unidos… Cuando estás en Madrid hay muchísimas cosas que desconoces. En realidad es el periodista, el corresponsal en este caso, el que marca la agenda y pienso que todo lo que hacemos aquí en China sale sin ningún tipo de filtro, o con muy pocos filtros.

En mi caso, no puedo hablar por los demás, tengo muchísima libertad. Los trabajos que he leído de mis colegas son impecables y pienso que estamos aportando muchas cosas. Eso sí, con muy pocos medios, quizás necesitamos más medios, más apoyo, para poder hacer más cosas y ser más productivos. Pero con los medios que hay, creo que los periodistas españoles aquí en China (todos los que conozco) están dando el 110% y están prestando un servicio muy positivo a toda la sociedad española.

¿Cómo vives el control de la información en China? ¿Te sientes vigilado por el Gobierno?

Evidentemente, la censura en China es un problema. Este país tiene cosas muy buenas y cosas muy malas, y una de las cosas malas es la falta de libertad de prensa. Uno de los episodios más desagradables que he vivido fue cuando nos tomaron declaración en la primavera de este año a todos los periodistas extranjeros que fuimos a cubrir una manifestación que se había convocado en diferentes redes sociales extranjeras para pedir mayores libertades políticas en China [la conocida como Revolución del Jazmín, que intentaba inspirarse en las revueltas en el mundo árabe]. No había tal manifestación. Sí que había gente haciendo lo que se conoce como strolling o paseantes. Y nosotros estábamos obligados a ir a ver qué gente iba y qué se iba a pedir.

Bueno, pues nos acusaron de perturbar el orden social y la seguridad pública. Yo soy periodista y no estoy tomando parte de ninguna revolución. Serán los chinos los que decidan qué país quieren tener y cuándo lo quieren tener, y así lo harán, como todos los países. Yo únicamente me limito aquí a contar y a mantener un punto de vista neutral. En ese sentido, no es posible. Hay determinadas líneas rojas que no se pueden traspasar, aunque todos los colegas las vamos a seguir traspasando porque es nuestra obligación profesional.

¿Qué fue lo que pasó exactamente en esa convocatoria de la primavera árabe? ¿Os llevaron a comisaría? ¿Os tomaron declaración? ¿Hubo algún forcejeo?

Hubo un pequeño forcejeo, me tomaron los datos… a todo el mundo le tomaron los datos. Había un grupo de personas que nos intentaban hablar con educación, en inglés, con cierta mesura. Y había otro grupo de personas más exaltadas que hablaban en chino y aunque yo no podía entenderles parecían bastante enfadados. A los tres días nos tomaron declaración en el Departamento de Entradas y Salidas y nos dijeron que si seguíamos haciendo este tipo de cosas nuestra vida en Pekín y en China iba a empeorar bastante.

Por otro lado, la censura en Internet también ralentiza mucho nuestro trabajo, tanto a la hora de subir los vídeos como a la hora de acceder a la información. El acceso a fuentes es muy difícil aquí. No tanto por ausencia de estas fuentes sino por la responsabilidad moral de que a alguna de estas personas les puedas crear un problema de forma innecesaria. En España habría que hacer una apuesta mayor por dar a conocer lo que está pasando realmente en China. China es una economía muy pujante, un país que se está desarrollando muy rápidamente y que tiene muy buena gente, pero en China no se respetan los derechos humanos y el propio gobierno español está pasando de puntillas sobre este tema. Los medios de comunicación centrales en España también están pasando de puntillas sobre esta cuestión y evidentemente nosotros podemos hacer estas historias, pero si nuestros medios no les van a dar la relevancia que merecen, la relación coste-beneficio de poner en peligro a una fuente y que luego esto quede en nada, que no te lo publiquen o que te den un minuto de televisión… pues esa relación coste-beneficio es demasiado alta.

El embajador nos dijo hace unos meses en ZaiChina que esto no era así y que España hacía exactamente lo mismo que el resto de países europeos. Aún así, sí que parece que, al menos de cara a los medios de comunicación, el gobierno español ha decidido mantener un perfil más bajo en sus críticas hacia China. ¿Por qué crees que pasa esto?

Esta es mi opinión personal, pero yo creo que se están generando relaciones de dependencia. China es un país superavitario, es decir, que ingresa más de lo que gasta, ahorra más de lo que consume y además tiene superávit comercial y superávit público. De ahí que se diga que ahora es quizás el momento de que China gaste más en su gente, que establezca un sistema de seguridad social, que aprecie el yuan para importar más de lo que exporta, consuma más de lo que ahorre… ¿Y gastarlo dónde? Pues en aquellos países que han estado consumiendo más de lo que han ahorrado, o que han estado importando más de lo que han exportado. Como por ejemplo España.

España ahora necesita ese dinero. Y España está pidiendo dinero prestado al exterior, a países como China; y Pekín tiene ese dinero para prestarle a España, sea en forma de inversiones, en compra de bonos, etc… En este sentido, entre España y China hay una relación de dependencia. España necesita el dinero de China, ergo España adopta un perfil muy bajo a la hora de denunciar la situación de los derechos humanos en China. ¿Por qué? Porque si España denuncia la situación de los derechos humanos en China tanto como Francia o Alemania, China dirá: “ah, ustedes no son el mejor amigo de China en la Unión Europea, por lo que no vamos a invertir en sus bonos, no vamos a invertir en sus bancos y su economía va a atravesar por serias dificultades”.

España tampoco necesita a China al 100%, porque España es un país europeo, pero sí es cierto que ahora mismo China es un socio muy importante para España y de ahí que los derechos humanos se estén sometiendo a las necesidades económicas de España. En este momento concreto, para salvar la coyuntura, necesitamos mucho dinero y China parece que está dispuesta a dárnoslo, pero a cambio hay un precio político que es no hablar demasiado de los derechos humanos. Y esto se ha visto cada vez que Zapatero ha venido a China.

Siempre pregunto a los corresponsales aquí en Pekín si les parece importarte dominar el idioma chino para informar sobre este país. ¿Que opinas tú?

A mi me parece fundamental el dominio del chino para entender este país y para trabajar correctamente. Es absurdo que un periodista esté en España trabajando e intente comprender lo que pasa con ETA, con el PP, con el PSOE o con la política territorial sin hablar español. Es imposible. Y aquí en China pasa exactamente lo mismo.

Yo no hablo chino, tengo un nivel de chino muy bajo, pero soy consciente de que aunque me cueste la vida, tengo que ir todos los días a estudiar, de lunes a viernes, de 9:00 a 12:00. Aunque luego tenga jornadas de 12 horas trabajando para la televisión, para la radio o escribiendo en los blogs. Porque yo no aspiro a ser un buen periodista hoy, porque sé que tengo todavía mucho camino y mucho que invertir. Mi gran aspiración aquí en China es ser un buen periodista en las próximas décadas. Para ello tengo que aprender chino y yo realmente admiro a muchos periodistas españoles que lo han tenido muy claro y que tienen un dominio del chino (tú mismamente) que es absolutamente admirable.

Parece que tienes muy claro que te quieres quedar aquí muchos años, ¿no?

Yo estoy feliz aquí en este lugar. Supongo que estaría feliz en cualquier lugar. Yo por definición siempre suelo decir que mi patria es la tierra y mi familia la humanidad. Yo no hago distinciones entre europeos, asiáticos, africanos o americanos. Todos somos seres humanos. Tenemos cabeza, dos ojos, orejas… Yo estoy aquí como si estuviera en Madrid.

Hay una cosa que me parece importante: siempre se habla del chino que está occidentalizado. Pero yo he llegado a la conclusión de que no es el chino quien se tiene que occidentalizar, sino que soy yo aquí en China el que se tiene que orientalizar. Yo soy consciente de que he nacido en Europa y tengo una cultura occidental, pero si quiero pasar aquí muchos años, tengo que adoptar la cultura china, aunque sin perder evidentemente mis raíces.

Se habla mucho sobre la influencia de los medios anglosajones en la prensa española o en la prensa internacional. Imagino que en tu mundo, el de la economía, estos medios serán más influyentes todavía…

Los medios anglosajones en el mundo económico dominan toda la información. No sólo los medios anglosajones, sino las propias agencias de califación financiera, las tres (Standard & Poor´s, Moody´s y Fitch), son estadounidenses. Y se puede decir que los chinos tienen ese problema. “¿Por qué nosotros, que somos la primera potencia mundial en reservas de divisas, que tenemos muchísimos ahorros en el mundo, etc… dependemos de lo que digan Bloomberg, Financial Times, la CNBC o las tres agencias de calificación financiera?” Por eso China también está intentando desarrollar sus propios medios económicos y quiere que el yuan sea una divisa de referencia, aunque para esto todavía necesitan hacer muchas reformas. China también está intentando lanzar su propia agencia de calificación financiera, Dragon Credit, aunque todavía le queda muchísimo camino para ganar credibilidad.

En este sentido, los medios anglosajones son prácticametne la única fuente de información para conocer noticias económicas a nivel internacional. Pero evidentemente hay que conocer lo que está pasando a nivel local y esto sólo te lo van a ofrecer los medios chinos. ¿Cómo se están haciendo los negocios aquí? ¿Cuáles son los planes de expansión? Y esto es así porque el presidente de Air China, o el presidente del Industrial Bank o el de cualquier otra gran coorporación china no está todos los días concediendo informaciones a Bloomberg ni al Financial Times, pero sí que están hablando con medios y periodistas chinos. Por eso para llegar al fondo y al corazón de la cebolla hay que tener también fuentes chinas y no creer todo lo que dicen los medios anglosajones porque ellos no tienen ni mucho menos toda la información.

Desde China, son muchos los que piensan que los medios occidentales son anti-chinos. Hablando de economía, por ejemplo, imagino que en un conflicto entre Estados Unidos y China es mucho más probable que estos medios tomen partido por su propio país. Tal vez no se debería decir que los medios occidentales son anti-chinos, tal vez se debería decir que son pro-Estados Unidos o pro-Europa, lo que provoca que puedan ser parciales en determinados temas.

El periodismo debería ser independiente y olvidarse de nacionalidades y de intereses, pero eso es muy complicado. Es como si le pidiéramos a cualquier periodista chino en Europa que defendiera los intereses europeos frente a los chinos, más cuando esos periodistas chinos trabajan para empresas estatales. En el caso de los europeos y los estadounidenses es diferente por que los medios están liberalizados, pero sí que es cierto que estos medios se financian con publicidad de empresas occidentales y que en esos medios hay muchos políticos occidentales. Y evidentemente la voz que predomina es la occidental.

Pero esto es natural. Lo que estamos haciendo aquí los corresponsales en China es intentar hacer como una especie de contrapeso. Nosotros, a una escala muy pequeña, analizamos desde el programa de televisión que hacemos todos los viernes, Visión Global, los asuntos más calientes de la escena internacional, la crisis de deuda europea, el dólar, el euro, la burbuja inmobiliaria china, etc… desde dos puntos de vista muy diferentes: desde Nueva York, con Mario Saavedra, un punto de vista occidental; y desde China, conmigo, utilizando fuentes chinas que tienen su propio punto de vista.

Para mí, por ejemplo, tiene el mismo valor lo que me dice un analista chino sobre la economía china que lo que me puede decir George Soros o un columnista de The Wall Street Journal. A nivel económico (porque a nivel político es diferente, ya que aquí existe la censura y otros intereses) para mí tienen el mismo valor.

Alguna vez me has dicho que algunos te definen como “pro-chino”.

A mí me encanta China, soy pro-español, pro-estadounidense, pro-africano, pro-latinoamericano, soy anti-nada. No soy pro-chino, soy anti-nada. No soy anti-chino. Este país tiene muchísimos problemas, que los solucionará, tarde o temprano, porque todos los países hemos tenido problemas y los hemos solucionado. Es decir, es estúpido ir a España en los años 60 y ser anti-español. ¿Que vamos a ser anti-españoles de nuestros abuelos? ¿Anti-españoles de nuestros bisabuelos, que han vivido en una dictadura? ¿Qué culpa tienen ellos? Ninguna.

La dinámica de los pueblos hay que respetarla y hay que apoyar sus ansias de libertad y todo lo que hagan acorde al respeto más básico de sus derechos humanos. Yo no apoyo al gobierno chino, pero apoyo al pueblo chino en su búsqueda de una vida cada vez mejor. Soy pro-chino quizá porque me gusta la gente, tengo amigos chinos, me gusta la cultura, admiro lo que veo en este país (en la calle, en la gente, la literatura, etc…) pero evidentemente soy consciente de que este pais tiene muchos problemas y ojalá que los propios chinos los puedan solucionar.

Esta clasificación de pro-chino y anti-chino es algo sin embargo que se escucha mucho en Pekín, tanto entre periodistas como entre cualquier tipo de extranjero en China. Parece una división bastante simplista que al final niega cualquier tipo de debate intelectual un poco más profundo…

Eso es un reduccionismo que se da en todos los ámbitos de la vida. En España, “este es de derechas”, “este es de izquierdas”… Bueno, yo soy de derechas y soy de izquierdas. Yo no me voy a ceñir a un dogma. Yo siempre apoyaré aquello que dé el mayor beneficio para el mayor número de personas sin ningún tipo de discriminación. En situaciones anómalas de falta de libertad, pues apoyaré la lucha por la libertad, sea donde sea y caiga quien caiga.

En ese sentido, politizar algo y reducirlo a ser pro-chino o anti-chino es absurdo, porque nada tiene que ver el chino que está trabajando en la tienda de tu barrio con el Presidente de China. Nada tiene que ver tu profesora de chino con el Primer Ministro chino. China es un país muy complejo, con muchísima gente, con muchísimos puntos de vista, muchísimas ideas y con una cultura tan diferente que es muy difícil comprenderla. Pero evidentemente yo no quiero ser ni pro-chino ni anti-chino, yo únicamente me considero una persona neutral que está observando lo que está pasando en este país, que está disfrutando de la experiencia, y que evidentemente tiene el mismo respeto por el pueblo chino que por el pueblo español. Otra cosa son los políticos, y los sistemas y fallos que creo que se acabarán solucionando, porque se han solucionado en otros países con dictaduras como Corea del Sur, Chile o España. ¿Por qué aquí no?

En esta situación de crisis en España, tengo la sensación de que el país parece de hecho cada vez encerrarse más en sí mismo. Lo hemos visto durante la reciente campaña electoral, donde los candidatos apenas han hablado del rol de España en el mundo o la política exterior.

Esto tradicionalmente siempre ha sido así y ha sido un problema. Asia Pacífico siempre ha sido la quinta prioridad de España en política exterior: la primera siempre ha sido Europa, después Estados Unidos, luego el Norte de África y en cuarto lugar América Latina… y después Asia-Pacífico. Esto no tiene sentido teniendo en cuenta que los pinchos de Internet en España son Huawei, chinos; que tenemos Toshiba, Nintendo, Toyota y Honda, que son japoneses; y que tenemos Hyundai, LG o Samsung, que son coreanos. Es decir, no tiene ningún sentido que estos países asiáticos superavitarios nos hayan estado vendiendo tantas cosas y que hayan sido la quinta prioridad en nuestra política exterior.

Yo reconozco que antes de 2008 no tenía ni repajolera idea de cómo era Asia Pacífico. Lo veía como el otro, como el amarillo. Un mundo desconocido. Que no había restaurantes ni cadenas internacionales. Pensaba que aquí en China me iba a encontrar un lago con sauces y una barquita, que no iba a haber gente en moto o en coche, que no había ningún tipo de ocio ni restaurantes. Pero todos estos países que eran my pobres en la segunda mitad del siglo XX nos han adelanto por la derecha y por la izquierda, nos han venido todo lo que nos han podido vender, también porque tienen una gran capacidad productiva y han apostado mucho por el conocimiento, y ahora tienen tanto dinero ahorrado que lo tienen que destinar a su consumo. El dinero que nosotros les debemos es lo que les tenemos que vender a ellos, que nos lo tienen que comprar con sus ahorros.

El problema de España, quizá, es que hemos estado sólo mirando al PP y al PSOE, al Madrid y al Barcelona, cuando vivimos en una economía globalizada y lo que pasa en China, en India, en Brasil, en EE.UU. y en Europa nos afecta directamente. Creo que es la generación de los 70, 80 y 90, que hablamos inglés y hemos viajado más, los que vamos a converger con italianos, franceses y estadounidenses, cuyos informativos siempre comienzan por norma general con una noticia internacional, y no con las últimas declaraciones de Soraya Sáenz de Santamaría.

Hablando de la globalización y de las economías interconectadas, algunos sectores de la población en Europa y EE.UU. parece que tienen miedo a China, sobre todo por las inversiones que están haciendo en el extranjero. Es frecuente últimamente escuchar hablar de esa supuesta “invasión china”.

Hay un debate muy profundo sobre este tema y yo lo debato a menudo con amigos y periodistas. Mi teoría y mi aproximación es económica, porque es a lo que me dedico. Yo parto de la tesis de que vivimos en un mundo con recursos limitados. Entonces, en tanto en cuanto hay cada vez más gente que está demandando todos estos recursos naturales, pues la parte del pastel es cada vez menor. En este sentido, el 80% de la riqueza mundial en el año 1950 se concentraba únicamente en el 15%-20% de la población. En aquellos tiempos era muy fácil vivir bien en Occidente, mientras que en otras zonas del mundo la gente pasaba hambre. Ahora las tasas de pobreza se han reducido significativamente en todo el mundo y lo que hace 50 años era impensable es una realidad: los chinos, los coreanos del sur, los propios japoneses (aunque ellos habían empezado desde muy arriba), incluso Indonesia… están demandando los mismos productos de consumo que Europa y Estados Unidos. Esto evidentemente sube los precios y genera escasez, y sólo nos queda aumentar la productividad y buscar fuentes energéticas ilimitadas, limpias y seguras para evitar que el consumo de petróleo sea también un problema.

Lo que pasa en este momento es que hay escasez y hay un grupo de países superavitarios que tienen mucho dinero ahorrado porque han estado exportando más de lo que han estado importando y porque sus gobiernos no están endeudados y sus propios ciudadanos tienen elevadas tasas de ahorro. En países como España hemos consumido más de lo que hemos vendido. Es por eso que ahora al que le toca comprar y al que le toca consumir es al chino, al asiático. No lo han estado haciendo, pero lo van a tener que hacer.

El ajuste va a ser duro, porque en tanto en cuanto el pastel sea el mismo, todo lo que consuman de más los chinos lo consumiremos de menos en Occidente. Ya lo estamos viendo en Grecia, en España… hay una sensación de que vamos de arriba hacia abajo, de que nuestros estándares de vida han empeorado y hemos perdido poder adquisitivo y derechos sociales y laborales. En China, por su parte, están yendo de abajo hacia arriba. Todavía están abajo, pero están yendo hacia arriba. Yo creo que es esta dinámica la que hay que seguir muy atentamente.

Algunos tienen miedo de que China sea una burbuja a punto de estallar y destacan muchas de las debilidades de la economía china (la inflación, las desigualdades, la burbuja inmobiliaria…) ¿Va a ser China el próximo en caer o atravesar problemas importantes?

China tiene enormes problemas económicos. La inflación está mermando el poder adquisitivo de las familias. También el sector exportador lo está pasando muy mal, es muy intensivo en empleo y en tanto en cuanto haya muchísima gente trabajando en industria exportadora, como la Unión Europea no puede seguir absorbiendo los productos chinos, pues evidentemente está gente se va a ir al paro.

En el caso de la burbuja inmobiliaria es un segmento muy especulativo y de muy alta gama. Aquí no podemos esperar nada parecido a lo que pasó en Japón, por ejemplo, donde cuando cayeron los precios de los pisos hubo un efecto pobreza sobre el consumo. Aquí en China el consumo de momento es irrisorio. Entonces, si estalla la burbuja inmobiliaria, evidentemente va a haber mucha gente que va a perder sus ahorros y que lo va a pasar muy mal, pero el chino de base, con bajo poder adquisitivo, no lo va a notar. Es más, al chino de bajo poder adquisitivo le va a beneficiar que bajen los precios de los pisos porque así va a poder ir a las ciudades y comprar o alquilar un piso (o al menos lo va a tener más fácil).

En el sentido de una crisis financiera, pues tampoco, porque los bancos tienen un colchón importante, están bien capitalizados y tienen muy bajo nivel de apalancamiento. Por eso, aunque bajen los precios inmobiliarios, no hay créditos hipotecarios en el sector bancario. El sector inmobiliario se corregirá un 30%, pero no hay riesgo sistémico de ningún tipo y no hay ningún tipo de consecuencia negativa para la economía china. Porque China es una economía que todavía no está desarrollada. Ahora estamos mal, hay que ir a mejor. No estamos hablando de una economía desarrollada que tiene una burbuja y que va a ir mal. No, China está mal, y China tiene que ir a mejor y tiene que corregir todos estos desequilibrios. En China no es que vayamos de arriba a abajo, yo creo que aquí estamos yendo de abajo a arriba.

Uno de los grandes objetivos de China es cambiar de modelo productivo, pasar del made in China al invented in China. Abandonar ese modelo económico basado en las manufacturas de escaso valor añadido y apostar por sectores más rentables basados en investigación y tecnología. ¿Cómo ves este cambio tan importante de la economía china?

No sólo en China, sino en toda Asia Nororiental, las tasas de inversión en Investigación y Desarrollo se sitúan en torno al 3% del PIB. Esto es una barbaridad considerando que España tiene muchas dificultades para llegar al 1%. La inversión en Investigación y Desarrollo te da una capacidad productiva brutal a largo plazo. En este caso, China lo que tiene que hacer ahora es exportar menos y consumir más: hacer un made in China for Chinese people.

En China hay que empezar ya negocios de consumo para su propia gente y apostar por un mejor sistema educativo, ya que tienen dinero para poder hacerlo. Tienen que crear industrias competitivas para no endeudarse como hemos hecho los europeos. Es decir, que mientras están consumiendo tengan también capacidad para seguir vendiendo. Lo que no pueden pretender es consumir un Ferrari y vender alpargatas. Si quieren consumir un Ferrari, van a tener que vender alta tecnología. El que vende alta tecnología puede comprar un Ferrari, pero el que vende alpargatas no.

En ese sentido, China tiene que invertir mucho en una industria de exportación con alto valor añadido que genere muchos ingresos en distintas industrias y que permita tener una economía más o menos equilibrada. Los chinos, los coreanos y los japoneses son gente muy capaz. En el último informe PISA se decía que los mejores estudiantes de matemáticas y ciencias estaban en Shanghai. Aquí hay gente muy válida y se está destinando mucho dinero a investigación y desarrollo y muchos chinos que están estudiando fuera están volviendo. No hay una fuga de cerebros, sino una repatriación de cerebros.

Pongamos el ejemplo de un iPhone, que es una idea de Steve Jobs que Apple factura en Estados Unidos. Por un iPhone que vale 499 dólares y que se exporta desde China por ese precio, 300 ó 350 dólares no van al trabajador chino ni al dueño de la fábrica, sino que se van a la cuenta de Apple. Son los 100 dólares restantes los que se van a remunerar a los trabajadores, pagar sus costes, etc. China tiene que hacer sus propios iPhone para en vez de exportar un producto que vale 500 dólares y quedarse sólo con 100, pueda exportar un producto que vale 500 dólares y quedarse con los 500.

Muchos países en vías de desarrollo están mirando a China para copiar su modelo. Se habla mucho de este milagro chino de los últimos 30 años, pero, ¿cuáles han sido las recetas de este éxito económico?

Yo en este punto diría que China no es ningún caso especial. China es un país que ha sacado de la más absoluta miseria a cientos de millones de personas. Lo ha hecho el propio pueblo chino con diferentes innovaciones tecnológicas y económicas y un proceso de apertura iniciado con Deng Xiaoping que ha resultado fundamental y que es comparable en una escala menor a la liberalización de la economía española en 1959, que marcó un antes y un después y además posibilitó, por cierto, que más tarde llegara la democracia. Pero es sobre todo mérito de un mundo globalizado y de su apertura económica. Los chinos no hubieran podido tener éxito si los extranjeros no hubiéramos invertido en China.

En el caso de China se podría hablar de una buena gestión de esa globalización, ¿no? Porque hay muchos otros países que también se han abierto al mundo y a la globalización y no les ha ido tan bien. Aquí se ha hecho una apertura controlada, digamos, con la creación de zonas económicas especiales, la necesidad de crear joint-ventures, etc…

China ha hecho una cosa muy curiosa. Una parte de su éxito se encuentra en que las empresas extranjeras han tenido que aceptar, a regañadientes, muchas de las condiciones impuestas por el país, ya que no pueden obviar un mercado potencial de 1.000 millones de habitantes. Pero los chinos lo que no han hecho ha sido cerrarse al exterior, como ha hecho Corea del Norte, por ejemplo. Los chinos han dicho: “sí, señores extranjeros, vengan aquí porque nos necesitan, porque no pueden obviar a una sexta parte de la humanidad, porque aquí además tenemos mano de obra muy barata y tenemos gente que es cada vez más competitiva. Pero no van a venir aquí a llevarselo crudo, sino que van a venir aquí y van a trabajar con un socio chino. De esta forma el socio chino va a aprenderlo todo de ustedes para que en un futuro pueda montar su propia empresa. Y ustedes también van a contratar a personal chino”.

Es una inversión que igual para la empresa occidental no es demasiado rentable o no es ideal. Tal vez esa empresa occidental quiere venir aquí y traer su propia mano de obra, no trabajar con un socio chino y no transmitir su propia tecnología. Pero como la empresa occidental necesita del mercado chino, al final acepta esos costes porque piensa que el beneficio futuro va a ser mayor. Y este ha sido el secreto de China, que ha sido capaz de atraer la inversión extranjera porque no se ha cerrado al exterior.

Se critica mucho a China por dumping y competencia desleal. ¿Juega China sucio en el comercio internacional?

Sí, sí. Es lo que comentábamos antes. Un país que no ha parado de ahorrar, de exportar más de lo que importa durante los últimos 30 años, lo ha hecho haciendo dumping. Con unos salarios muy bajos que han impedido que la gente tenga un mayor poder adquisitivo y un mayor nivel de vida, con unas subvenciones estatales que han retraído recursos de inversiones tal vez más lógicas, sin un sistema de seguridad social. China ha promovido decisiones de inversión pública dedicadas a fomentar una industria de exportación muy intensiva en empleo. Y, para mantener este dinamismo exportador, han tenido que mantener unos salarios bajos y un yuan artificialmente devaluado.

El mecanismo es tan simple como que China tiene un sistema de cambios fijos. En un mercado libre, como el europeo, cuando importas más de lo que exportas en el mercado de divisas, hay más gente ofreciendo dólares frente a la moneda nacional que demandando dólares frente a la moneda nacional. Los que ofrecen dólares son los exportadores, y como se ha exportado más, pues hay más gente ofreciendo dólares que demandando dólares, que son los exportadores. Hay un exceso de oferta de dólares. Esto, en un mercado libre, haría que automáticamente el dólar se depreciara y el yuan se apreciara en las transacciones dentro del mercado de divisas que llevan los bancos. ¿Por qué no hay cambio en la cotización del yuan? Porque es el propio banco central el que compra ese exceso de oferta de dólares. Los compra, los incluye en su balance dentro del activo y como contrapartida imprime yuanes. Es así como el tipo de cambio permanece estable y artificialmente bajo, de forma que el país puede seguir exportando.

Es decir, sí, los chinos han estado haciendo dumping y jugando sucio y no han funcionado como una economía de mercado. Pero llega un momento en el que sus clientes, Europa y EE.UU., ya no pueden comprar más porque se han gastado todo su dinero, por lo que van a tener que ceñirse a las normas del mercado. Se dice que el yuan puede ser plenamente convertible (es decir, sin la intervención del Banco Central) hacia el año 2015 o 2020.

Pero, ¿es China realmente la única que juega sucio? Quiero decir, el tema de los salarios es principalmente una cuestión de que China es un país pobre y por lo tanto cuenta con una ventaja comparativa a la hora de producir. En cuanto a las subvenciones, por otra parte, Europa y Estados Unidos también las utilizan siempre para potenciar determinados sectores de su economía, como por ejemplo las energías renovables. La UE también juega sucio cuando decide proteger de forma radical a sus agricultores. ¿Cuál es en realidad ese juego sucio? ¿No parece más bien una guerra comercial donde todos están intentando proteger lo suyo? A este argumento habría que añadir que el grueso de la exportación china está de hecho controlado por empresas extranjeras. ¿Están jugando sucio ellas también?

Sí, tienes razón. Es China la que permite a las empresas extranjeras que jueguen sucio. Y las propias empresas chinas se benefician de un yuan artificialmente bajo.

En Europa evidentemente hay sectores muy protegidos, pero están protegidos por medidas arancelarias y se vende el producto por su coste de producción. Es decir, si tú haces un ordenador y todos los materiales te han costado un total de 30 unidades monetarias, pues lo tienes que vender al menos por 30 unidades monetarias. No lo puedes vender por 25, porque el coste de todas las materias primas ha sido de 30. Si lo vendes por 25, ¿quién es el que está poniendo esos 5 dólares de diferencia? El Gobierno. Y eso es dumping. China sí que está haciendo dumping porque quizás producir un bien le cuesta 30 y lo puede vendir por 25 porque el Gobierno pone la diferencia. Eso, según la legislación de la Organización Mundial del Comercio (OMC), es ilegal. A China se le está criticando un poco por ahí, aunque a los chinos esto siempre les ha dado un poco igual porque ellos siempre han mirado por el interés nacional, algo que es incompatible con una economía de mercado liberalizada como la que pretendemos tener a través de la OMC.

La arancelaria es una política muy distorsionadora y muy parecida al dumping, pero sí que formalmente el dumping es muy feo y está muy mal visto. No se puede hacer dumping. Y China sí que lo ha estado haciendo, incluyendo a las empresas extranjeras en China.

Ya para acabar nuestra entrevista, ¿cuáles son tus páginas webs preferidas sobre China?

ZaiChina.net.

Bueno, y a parte de eso…

Hay un profesor que se llama Michael Pettis, que trabaja en la Universidad de Pekín. Es una persona que está metida en temas de política económica y tiene un blog muy interesante, China Stakes. Hay otro blog muy bueno en Finantial Times que se llama Beyond BRICS donde se habla mucho de China, pero también de Mongolia, de Indonesia… Es altamente recomendable no sólo para gente interesada en China, sino en toda la zona de Asia Pacífico y en todos los países emergentes.

Y bueno, yo también tengo un plar de blogs. Uno es Bolsas Asiáticas, donde intento dar algunas pinceladas de lo que está pasando en China y en Asia, con entrevistas y temas propios; y el segundo está dentro de negocios.com y se llama Economías Asiáticas.

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2 Comments

  1. Mario

    Qué gusto escuchar hablar a los que saben.

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  2. Ana Fuentes

    Alberto Lebrón es alguien que siempre tiene ganas de aprender y, lo que es más importante, de transmitir lo que sabe. En economía china no se me ocurre mejor fuente que él. Muy buena la entrevista, con preguntas pertinentes de Dani Méndez y respuestas clavadas de Lebrón.

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