América Latina y China

China-Venezuela, daños colaterales

A fines de noviembre se realizó en Caracas la décima reunión anual de la Comisión Mixta de Alto Nivel Venezuela-China. Allí se anunciaron nuevos préstamos de China a Venezuela por 6.000 millones de dólares, con lo cual el principal exportador de petróleo de América ha sumado en los últimos cuatro años préstamos de China por valor de 32.000 millones de dólares. Es difícil entender cómo un país con ingresos extraordinarios por exportación de petróleo necesita endeudarse, pero es fácil entender por qué China está siempre dispuesta a soltar dinero. En el subsuelo del país gobernado por Hugo Chávez desde hace doce años descansa una de las dos reservas petroleras más grandes del mundo.

Los préstamos a cambio de petróleo es sólo una de las aristas de la relación entre ambas naciones. Empresas chinas construyen el mayor terminal de puertos y modernizan los ya existentes. La China Railway Engineering Corporation construye 468 kilómetros de líneas férreas (con 10 estaciones) además de otras líneas más cortas para traslado de mercancías. El Citic Group construye 40.000 casas sociales dentro de un proyecto total de dos millones de viviendas. Y el gobierno venezolano invitó el año pasado a la empresa de electrodomésticos Haier a instalarse en el país. El acuerdo consiste en la importación de 300.000 electrodomésticos para que luego Haier instale plantas en Venezuela (el país con mayor inflación del mundo) y los venda a precios “40% más baratos que los precios capitalistas”. Estos de arriba son algunos de los centenares de acuerdos firmados entre Caracas y Pekín.

En Venezuela una solicitud de deuda que exceda la presupuestada debe ser girada a la Asamblea Nacional y si bien ésta cuenta con mayoría del oficialista Partido Socialista Unificado de Venezuela, el Presidente prefirió ahorrarse esta molestia y creó junto al presidente del Banco de Desarrollo de China (CDB), Chen Yuan, el Fondo Chino, mediante el cual el CDB le provee dólares a Venezuela a cambio de entregas de petróleo a futuro. Así, el gobierno venezolano argumenta que no está endeudando al país, porque paga con petróleo que ya está disponible (y que empresas chinas se encargarán de extraer).

Con este último préstamo de 6.000 millones el gobierno pretende llevar la capacidad en la Faja del Orinoco a más de 1 millón de barriles diarios. Pero el ex director de Petróleos de Venezuela (PDVSA), José Toro Hardy, no lo cree posible:

“…se afirma con inigualable desfachatez que en apenas dos años la producción de ese proyecto alcanzará a 1.100.000 barriles diarios. Los desarrollos en la Faja son largos y complejos. Hay que perforar pozos, construir oleoductos por donde fluya petróleo que hay que calentar porque es muy denso y después construir grandes instalaciones para procesar ese crudo de mala calidad y transformarlo en crudos sintéticos, además de puertos. ¿2 años? A otro chino con ese cuento”.

Especialista petrolero y columnista del caraqueño El Universal, Toro Hardy dedicó su última columna a los préstamos chinos. En ella hizo referencia a un informe del Brookings Institution según el cual el gobierno chino estaría molesto “porque 8.000 millones desaparecieron sin que fueran sometidos a la consideración de China”.

En esos días y en el mismo periódico, el veterano periodista Nelson Bocaranda escribió en una columna titulada “Runrunes”: “Me entero que la creciente comunidad china es quizás la que más está afectada por la delincuencia desatada e ignorada -hasta 13 años después- por el propio Comandante Presidente.” Tal vez acababa de leer La Silenciosa Conquista China, el libro de Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo, donde en su primer capítulo hablan de la visita que hacen a un pionero de la comunidad china en Maracay, ciudad situada a 100 kilómetros de Caracas:

“Alcanzar la oficina de Fung Xi Mao, situada en el último piso de una de sus tiendas, da cuenta de las dificultades que afrontan los chinos lejos de su patria, donde son víctimas de la inseguridad o la xenofobia. Un empleado interroga a los visitantes y confirma a través del interfono que el señor Fung espera una visita. Al subir las escaleras, una puerta de rejas de hierro es el último escollo. Unas medidas que justifica uno de sus colaboradores, aduciendo que en esta época cualquier precaución es poca, no solo porque la delincuencia venezolana se ha disparado a niveles dramáticos desde que Chávez tomó el poder, sino porque el objetivo del hampa es ahora la comunidad china. Una parte de los 180.000 chinos que se estima residen en Venezuela están volviendo a su país de origen ante la ola de atracos y secuestros exprés que sufren en medio de un clima de impunidad total”.

A diferencia de lo que pasaba hasta hace diez años atrás, la comunidad china –que se calcula en unas 180.000 almas-, está compuesta por un lado por las familias que emigran en busca de un futuro mejor y por otro lado por los ejecutivos, técnicos y obreros especializados de las empresas chinas. Y al igual que sucedía con las empresas americanas en los años cincuenta, estos últimos se alojan en barrios privados u ocupan edificios enteros, con extremas medidas de seguridad y viven al margen de la sociedad durante el lapso en el que están trabajando, que no suele ser muy largo.

Pero aún así son víctimas de la inseguridad. Nelson Bocaranda escribía en su reciente columna:

“he aquí que esta semana el secuestro exprés llegó a uno de los más importantes ejecutivos chinos en Venezuela. Gan Baixian, presidente de la empresa China Railway Engeneering Corporation, que construye el ferrocarril Tinaco-Anaco, fue víctima primero de un secuestro exprés del que salió golpeado el jueves y luego, el sábado a las 4 a.m, hombres armados irrumpieron en su residencia en La Florida, municipio rojo Libertador, y le robaron todas sus pertenencias incluyendo equipos, bolívares y dólares. La orden a los cuerpos de seguridad y funcionarios diplomáticos chinos es silenciar este tipo de incidentes. El viernes, los ataques de funcionarios de la nueva superintendencia de costos y precios y de la GN (Guardia Nacional) a los comerciantes chinos mayoristas de alimentos provocó la intervención del embajador chino para proteger a sus nacionales. Para más problemas, resulta que dentro del Gobierno de China no ven con buenos ojos a la CREC y a su vicepresidente Bai Zhong Ren. En la comisión mixta que se reunió con Chávez para seguir firmando acuerdos y más acuerdos con China, el viceministro de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma china, Zhang Xiaoqiang -quien por cierto pasó un trago amargo cuando Chávez sacó los libritos de Mao Zedong, que la nueva China quiere olvidar- vetó a la CREC para la firma, previamente acordada, de la construcción del ferrocarril de 116 kilómetros Valles del Tuy-San Juan, pasando por La Encrucijada, alegando que era “una contratista sin capacidad financiera”. Zhang señaló que desde Beijing enviarán otra empresa.”

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► Lee el resto de artículos escritos por Yuri Doudchitzky sobre las relaciones entre China y América Latina.

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