América Latina y China

Éramos tan felices en Sudamérica

El crecimiento de Asia y los países emergentes ha tirado de las economías sudamericanas. Pero, ¿hasta cuándo?

En los últimos dos años amigos y conocidos han comprado su segundo auto, así los matrimonios se evitan el gran problema de tener que decidir a quién le corresponde el auto cada mañana. Los LCD pantalla plana 32 pulgadas han reemplazado a los viejos aparatos que ocupaban demasiado espacio, aunque todos sabemos que dentro de dos años cambiaremos éstos por la nueva tecnología de leds. Ahora que se acerca el verano, renovamos los pasaportes y proyectamos nuestras vacaciones al exterior. Hasta mi esposa quiso reformar la cocina (la ilusión duró hasta que nos pasaron el presupuesto).

Sí, Sudamérica es otro mundo. Europa y América del Norte están en decadencia, África siempre estará sometida, ya sea por Occidente o por Oriente. El futuro es de Asia y de Sudamérica. ¿Sudamérica? ¿Qué hemos hecho para merecer esto? Nada. Asia crece y necesita recursos naturales. Nosotros se los damos. Les damos todo lo que nos piden. La crisis no está en Asia. Entonces, ¿por qué ahora los precios de las commodities empiezan a bajar? ¿Acaso los cerdos en China ya no comen soja? ¿Habrán cambiado el menú? No nos hagan esto. Una vez que nos va bien, que todos nos envidian. Nos habíamos creído el cuento. Éramos tan felices. ¿Por qué el precio de la soja bajó un 25% en un mes? ¿Por qué el precio del cobre descendió 30% en un año? ¿Acaso el sueño va a durar tan poco? ¿Cómo vamos a sostener ahora los planes sociales con los que mantenemos adormecidos al 30% de la población excluida de la gran bonanza? ¿A dónde van a llevar el dinero los inversionistas que ya no saben dónde colocar todo lo que han acumulado gracias al bondadoso Obama y al glorioso Partido que repartió a manos llenas entre las provincias chinas?

En Brasilia, donde se decide la política económica que repercute en toda la región, el ambiente está caldeado. El gobierno combate una supuesta maniobra especulativa para debilitar al real, cuando hasta hace poco tiempo el problema era el yuan subvaluado (la culpa de todos los males según el Capitolio, aunque Joe Biden no es de la misma opinión). Extrañamente, mientras EE.UU. parece encontrarse en un callejón sin salida, el dólar tiende a revaluarse en todos los países de Sudamérica. Brasil ha pasado a la ofensiva para defender su gran aparato productivo, que viene en descenso desde la crisis del 2008. Ha impuesto serias trabas comerciales que afectan a los países vecinos (y también a China). En vez de unirnos, nos ponemos los guantes de boxeo. Nada sorprendente. Es lo que hemos hecho siempre.

¿Cómo va a seguir esto? Nadie lo sabe. Todos tenemos los ojos puestos en China. Los medios especializados del primer mundo dicen que el problema de la deuda interna en la economía más pujante del mundo podría agravarse y en ese caso podría afectar negativamente a casi todo el resto del planeta. Los especialistas sostienen que a mediano plazo Sudamérica va a seguir su tendencia positiva. Suena coherente, ya que sus materias primas son necesarias para las economías emergentes, que son al mismo tiempo los países más poblados. ¿Pero qué sucederá en el corto plazo? ¿Qué haría yo si fuese un líder político chino o indio? Haría todo lo posible para que los precios sigan bajando y así apropiarme de tierras y empresas en Sudamérica, para que cuando vuelvan a subir los precios, gran parte de esas ganancias vayan hacia mi país en vez de hacia el bolsillo de los sudamericanos.

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