Nacionalismo

Recuerdos de la invasión japonesa de Manchuria

Hoy comenzamos una nueva sección en ZaiChina, escrita por Juan Ramírez Alcasser bajo el título de “Crónicas de Dongbei” (东北). Dongbei hace referencia literalmente al “noreste” de China, básicamente a las provincias de Liaoning, Jilin y Heilongjiang. En Occidente se ha denominado históricamente a esta región como Manchuria.

En un sentido histórico del término, no se puede recordar nada caminando por las calles de Changchun, la capital de la provincia del Jilin. La mayoría de sus edificios, tanto los de diseño situados en el centro y las principales calles comerciales como las barriadas de casas que se extienden lejos de las miradas de los turistas, deben de tener como mucho quince años. Enclave industrial y comercial de la región, la ciudad pretende proyectar “crecimiento”, “desarrollo”, “riqueza”, “prosperidad”, “futuro”. Pero todo tiene un pasado.

Una de las calles comerciales del centro de la ciudad de Changchun.
Una de las calles comerciales del centro de la ciudad de Changchun.

Hace poco más de una semana se recordó el comienzo en 1931 de la invasión japonesa de Manchuria. Japón se expandió vía militar a muchos países y territorios de Asia-Pacífico, entre ellos China. La región del noreste del país, conocida como Dongbei, se convirtió a la fuerza en el estado de Manchukuo, con capital precisamente en Changchun. Claro que durante aquel tiempo la capital se llamó Xinjing y se colocó a la cabeza del estado a Pu Yi, el heredero manchú de la dinastía Qing, retratatado por Bernardo Bertolluci en su famosa película El último emperador. Manchukuo pasó a la esfera de influencia japonesa, siendo considerado por la comunidad internacional como un “estado títere”. La historia de Manchukuo supuso dramáticas consecuencias para su población y trajo consigo numerosos crímenes de guerra, entre ellos la movilización de diez millones de civiles empleados como mano de obra esclava.

Todo ello forma parte de su historia. Son hechos que ocurrieron y están documentados. Pero una cosa es la historia y otra muy distinta la memoria colectiva, lo que la gente considera hoy su pasado. ¿Qué se recuerda de aquellos años? ¿Qué implicaciones tiene el pasado en el presente, en las generaciones de jóvenes chinos? ¿Existe el odio anti-japonés en Dongbei?

Antes de aterrizar en Changchun, Tracy, una estudiante de contabilidad en Chongqing, ya me había advertido de que en Dongbei a la gente no le gustan los japoneses. “¿Qué piensas tú?”, le pregunto.“Yo creo que solo es pasado, y de eso ya hace mucho tiempo”. No puedo disimular mi sorpresa y ella se explica “¿Qué culpa tiene la gente de lo que hicieron sus abuelos?”. Claro que Tracy ha vivido parte de su vida en Hong Kong y nosotros dos nos conocimos en el extranjero. No corresponde al prototipo de ciudadano medio de la República Popular China.

Paseo con Wang por el centro de Changchun. Originario de la provincia de Jilin, trabajó en España durante un tiempo como profesor de chino y hace poco hizo un viaje a lo mochilero por Europa. Me va contando curiosidades varias de la ciudad. Entre ellas me señala un edificio y me dice, “Mira, este lo construyeron los japoneses. Tiene un sótano donde dicen que al entrar da escalofríos”. El edificio pertenece hoy a la universidad de Jilin. El tema deriva en las preguntas inevitables. “Aquel tiempo fue horrible y el gobierno japonés tiene que pedir perdón”. ¿Qué piensas de los japoneses? “Son una nación de gente seria, si se ponen a hacer algo lo hacen rápidamente y sin fallos. Pero no me gustan, creo que están enfermos”. Cuando le pregunto a qué se refiere, me aclara que habla del tópico de la sexualidad japonesa. No sonríe al decirlo, no está bromeando.

A lo largo de la tarde damos un enorme rodeo a la ciudad y hablamos de casi todos los temas posibles. Mientras paseamos, me sigue informando de qué edifico es japonés y cuál no. Apenas hay tres en el centro de la ciudad. Seguro que hay más (aún no conozco del todo Changchun) pero llego a una conclusión: no se nota, la mayoría de ellos se siguen utilizando hoy en día, su memoria ha sido borrada. El recuerdo de aquel tiempo, su memoria, está concentrado tan solo en el Museo de Jilin, localizado en la antigua residencia del último emperador, Pu Yi.

Antiguo palacio de Puyi en la ciudad de Changchun. El descendiente de la dinastía Qing fue la figura elegida por los japoneses al frente de Manchukuo entre 1932 y 1945.
Antiguo palacio de Puyi en la ciudad de Changchun. El descendiente de la dinastía Qing fue la figura elegida por los japoneses al frente de Manchukuo entre 1932 y 1945.

El Museo del Estado de Manchukuo y de la invasión japonesa se encuentra lejos del centro. Se necesitan dos autobuses para llegar allí. No es que se trate de impedir su llegada, sino que simplemente no es algo central en la ciudad, como sí lo es el zoo o los grandes parques. En el museo se pueden distinguir claramente dos partes: por un lado, el Museo del Estado de Manchukuo, destinado para toda la familia, donde la gente se fotografía junto a los lujos del último emperador (su coche, sus estancias…), pasando agradablemente la tarde; y por otro lado, el Museo de la invasión japonesa, más en la línea del museo del holocausto judío, sin ventanas, laberíntico, impactante. Después de cerca de una hora caminando, se llega a una sala muy iluminada (la única en todo el museo) donde se ve un enorme mural en relieve que representa la invasión japonesa de China. Una chica sentada a mi lado toma fotos tranquilamente y le pregunto qué le parece el museo. “Estoy profundamente impresionada por todo esto”. ¿Qué piensas de Japón? “Odio a los japoneses. Ya sé que es un prejuicio, pero se trata de una manera de verlo”. Entonces, ¿no te gustan los japoneses? “No, pero me gusta su cultura”.

El Museo de la invasión japonesa en la ciudad de Changchun.
El Museo de la invasión japonesa en la ciudad de Changchun.

De vuelta a mi universidad, me encuentro en una sala de estudio cómoda y casi vacía. Allí estamos yo y una chica china que me pregunta curiosa por mi procedencia. Hablamos, me cuenta que es estudiante de biología, que quiere ser maestra en su ciudad natal, una ciudad situada en la frontera entre Mongolia Interior y la provincia de Jilin. Se llama Sun, tiene 20 años. Como quien no quiere la cosa le acabo preguntado qué piensa de los japoneses, de la historia, de Manchukuo. Su inglés no es bueno y mi chino es aún muy precario, pero deja ciertos temas claros. No le gusta Japón. Piensa que lo que hicieron fue algo horrible, “como los nazis”, y se queja con entre enfado y desagrado de que Japón no quiera reconocer lo que hizo en sus libros de texto. “Están enfermos”. Pero, ¿alguna vez has conocido a algún japonés?. Su expresión cambia automáticamente. “¡Sí!, una vez conocí a uno. Era un chico muy simpático que me enseñó a decir algunas palabras en japonés. Fue un caballero. Supongo que una cosa es Japón, su Gobierno y otra cosa muy diferente los japoneses”. ¿Qué piensas de Pu Yi? “Era débil”.

Al día siguiente hablo con mi profesora de chino. Tiene 25 años y está acostumbrada al contacto con estudiantes extranjeros. Nos sentamos en la sala de profesores y comienzo a preguntarle mientras el resto de maestros conversan entre ellos. “No te preocupes, no pasa nada”, me dice.

¿Cuál es tu percepción sobre la invasión japonesa? “Aquello fue algo nefasto pero tenemos que seguir mirando al frente. Los tiempos han pasado y no podemos vivir en el pasado. Fíjate en todos los alumnos que están aquí. Todos son parecidos. Eso no quiere decir que el Gobierno no tenga que disculparse. Debe hacerlo al igual que los alemanes aún hoy siguen pidiendo perdón por la segunda guerra mundial”.

¿Existe odio anti-japonés aquí? “Mira, esto es como en todas partes. Aquí hay gente a la que no le gustan los japoneses como también hay gente en Europa y América a la que no le gustan los chinos. No es bueno generalizar, no sería justo decir que existe un odio en la región”.

¿Qué piensas de Manchukuo? “Fue un paso más en la historia hasta llegar aquí. Solo parte de un proceso histórico. Fue efectivamente un problema, pero como ya te he dicho forma parte de la historia”. Cuando le estoy dando las gracias, trata de resumir lo que piensa en una frase: mirar al futuro, olvidar el pasado y reconocer los errores. Pero introduce un matiz que me pone los pelos de punta: “Yo les entiendo. Entiendo que uno siempre actúe en su beneficio. Si en aquel tiempo yo hubiese sido japonesa, habría hecho lo mismo”.

¿Comprenderá las implicaciones de este comentario? ¿Es consciente de lo que supone “hacer como ellos”? ¿Sabrá todo lo que hicieron los japoneses en Manchuria, en China, y allá donde fueron durante aquellos años? ¿Habla en base a un conocimiento histórico o desde una simple y vaga memoria colectiva?

Por la noche, me encuentro con Alexei (un compañero ruso de clase) y dos estudiantes de intercambio japoneses alrededor de una mesa bebiendo té y viendo la televisión. ¿Sabéis lo que ocurrió aquí en los años 30? “No estudiamos historia, no sabemos a lo que te refieres”. Los dos muchachos son originarios de Yokohama y de Tokyo y se encuentran en Changchun para estudiar cultura y lengua chinas. Resulta bastante inverosímil que no tengan ni una ligera idea de la invasión japonesa de Manchuria. ¿Habéis sentido en algún momento algún tipo de tensión por vuestra procedencia? “No tenemos mucho contacto con los chinos, no salimos de aquí”. ¿Qué pensáis de aquí? “¿Te refieres a Dongbei o a China en general?” Ambas. “Pues que el servicio es muy malo”. Justo después se ponen a reír. ¿Recibisteis alguna advertencia desde casa? “Desde la universidad nos recomendaron que si hablábamos con chinos no mantuviéramos conversaciones acerca de política o religión. No es que nos lo hayan prohibido, simplemente es una recomendación por seguridad. También en la mayoría de guías turísticas recomiendan no hablar de historia”. Aún así, ¿no tenéis ningún tipo de curiosidad en hacerlo? “No queremos meternos en problemas”.

Horas más tarde, varios estudiantes extranjeros nos encontramos en una céntrica discoteca llamada Classic Bar. Cuando salimos del lugar, Mary, una profesora de chino de origen japonés, señala un cartel y dice: “ahí pone prohibida la entrada a japoneses”.

Al llegar a casa pienso detenidamente en todo ello y en que la información recibida me resulta absolutamente contradictoria. Pero esto es simplemente porque no hay un estándar, por lo menos no uno real. Cada uno tiene su propia percepción al respecto, abarcando todos los tonos de gris que van desde el odio y prejuicio hasta la aceptación y comprensión. El odio anti-japonés existe, pero no es algo generalizado ni una realidad a la que te tengas que enfrentar constantemente.

De hecho, las relaciones entre China y Japón no siempre han sido tan tensas como en la actualidad. Durante las décadas de los 60 y 70, cuando Pekín vivía inmersa en el conflicto sino-soviético, el Gobierno chino buscó acercar posturas con Japón. Claro que hoy las preocupaciones del Gobierno son otras y la memoria pública que nos llega a través de la televisión, películas, libros, revistas y conmemoraciones desgraciadamente cambia en función del interés político de quien financia y organiza estos mecanismos de reconstrucción histórica. Porque no es lo mismo el odio generado por los hechos que la utilización del odio a través de las instituciones. Aunque no sea una disculpa, supongo que era fácil: el odio estaba en parte ahí y solo había que cogerlo.

Detalle del gran relieve en el interior del Museo de la invasión japonesa.
Detalle del gran relieve en el interior del Museo de la invasión japonesa.
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5 Comments

  1. Ander

    Muy interesante, creo que los ejemplos de este artículo son claramente ilustrativos de la actitud de muchos chinos, de los que nunca deja de sorprenderme su reacción acerca de los japoneses. Cierto es que las barbaridades cometidas por Japón durante la segunda guerra mundial no han sido convenientemente reconocidas, dentro y fuera de Asia, pero aun así no deja de sorprenderme la visceralidad que a veces suscita todo lo que sea mínimamente japonés en China, como también me sorprende la aparente indiferencia japonesa al respecto. Me sorprende porque no puedo evitar comparar con nuestro ejemplo más cercano, el caso alemán, del que no se espera hoy en día peticiones públicas de disculpa ni me da la impresión de que haya un odio antialemán de las mismas características (si bien es cierto que en Alemania hay constantes esfuerzos de preservación de la memoria histórica).

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  2. yuriD

    El año pasado estuve un mes en Changchun. Diría que es una megaurbe bastante fea. Casi todo está en construcción y hay un tránsito vehicular que es algo directamente surrealista. Las avenidas están llenas de vehículos inmóviles, y se escucha una constante sinfonía de bocinas, cornetas ( o como se llame en nuestro diverso idioma español). No me interersó mucho el tema el odio china-japón sin embargo alcancé a notar la gran presencia de Corea, especialmente en sus restaurantes. Fui por un curso intensivo de idioma y me alojé en el edificio de la Amistad de la Universidad de Jilin. Una excelente experiencia. Cuento una anécdota: La primera noche que salimos a comer con un grupo de argentinos que al igual que yo participaban del curso, al salir del restaurant alguien leyó el cartel y decía "carne de perro". Por suerte yo habia comido vegetariano. Les recomiendo visitar el Parque de las Esculturas.

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  3. John

    Cada vez que se acerca la fecha el gobierno alemán pide disculpas por la actuación de los nazis. Y en cada visita del máximo mandatario alemán a Israel se vuelven a pedir disculpas. Eso por no hablar de la indemnización anual que sigue pagando, o al menos, hasta hace un par de años, el Estado alemán al israelí.

    Así que no nos miremos el ombligo, y si bien es cierto que los sucesos ocurrieron hace décadas, si los japoneses hubieran seguido la misma linea de actuación quizás hoy el desagravio sería menor, y el gobierno chino no tendría la excusa para utilizar el tema con fines partidistas.

    Y añado, si en España aún siguen las heridas de la Guerra Civil, cuando han pasado casi 80 años. Y cada vez de manera más nítida.

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    • Alejandro

      Exacto, no creo que sea razonable comparar a Japón con Alemania más que nada porque el trato posterior de los alemanes fue totalmente distinto al que dieron los japoneses… quizás sea algo cultural.
      Por otra parte a mí me da miedo esa cierta "ignorancia" de los japoneses hacia lo que pasó ahí. Creo que sí que saben algo pero no quieren admitir que sea lo mismo que cuentan los chinos.
      En el post se comenta una cosa que me llamó mucho la atención cuando estaba estudiando chino en China: casi todos los extranjeros no se quejan de nada de China. Les parece todo increíble. Lo increíble es encontrar a un japonés que esté conforme con las formas de vida de China: "La comida es muy grasienta", "está todo muy sucio", "los chinos hablan muy alto" y todo lo dicen con cierto malestar.

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  4. Alejandro

    Comentario para enmarcar:
    "¡Sí!, una vez conocí a uno. Era un chico muy simpático que me enseñó a decir algunas palabras en japonés. Fue un caballero. Supongo que una cosa es Japón, su Gobierno y otra cosa muy diferente los japoneses."
     
    Chapeau para la chica. Conozco a muchos chinos y la mayoría no les gusta, especialmente las chicas, los japoneses porque son unos pervertidos sexuales.

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