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Ana Fuentes: “Salvo sus recursos, los periodistas españoles no tenemos nada que envidiar a los de la BBC”

Durante los últimos dos años, Ana Fuentes ha sido la voz de la Cadena Ser en China. Esta joven periodista española, que llegó Pekín en 2007 y también ha colaborado con Radio Nederland en español y la radio francesa BFM, ha recorrido el país cargada con su grabadora para poner sonido y explicar la actualidad china.

Después de cuatro años en el gigante asiático, Ana Fuentes ha decidido cambiar de aires y poner rumbo a Estados Unidos, desde donde nos sorprenderá próximamente con un libro sobre China. Dos días antes de que cogiera el avión, en ZaiChina le hicimos una entrevista para saber su opinión sobre el periodismo, el poder blando del gigante asiático, las condiciones de los corresponsales en China y su visión del país.

[Esta entrevista forma parte de la serie: Corresponsales en China]

También lo puedes ver en Youtube.

– ¿Cómo llegaste a China?

Yo estaba trabajando en un diario en España, en la sección de economía. Me apetecía cambiar y me quería ir al extranjero. Me presenté a unas becas del Instituto de Comercio Exterior para periodistas, y mientras esperaba a ver lo que pasaba me fui a Francia a trabajar en France Press. Al final resultó que me dieron una de las becas del Instituto de Comercio Exterior. Así que dejé ese trabajo en París para venirme a China a la oficina comercial a hacer comunicación. Después de ese año de contrato me puse de nuevo a trabajar en la radio, que era en definitiva lo mío. Fue una manera de venir a China, pero el fin último era ser corresponsal.

– O sea que tú elegiste China.

Sí, sí. Con mi pareja valoramos distintos países. Los dos queríamos un cambio grande y un sitio en el que pasaran cosas. Europa era para nosotros un poco el inmovilismo, la señora gorda, sentada y tomando café; y China era la joven que va en moto a toda pastilla. Nosotros queríamos eso, queríamos emociones y conectar muchas cosas de las que están pasando en Occidente con el origen.

– Desde que llegaste a China, ¿ha habido algún cambio importante en la información que se publica sobre este país?

Yo llegue antes de los Juegos Olímpicos, en el año 2007. En aquellos momentos había expectación por saber qué iba a ser China. Antes, todos los textos sobre China llevaban la palabra “despertar” y la palabra “dragón”. De eso, se ha pasado hoy en día a algo mucho más concreto: balanza comercial, expansión territorial, poderío económico… China ahora mismo está comprando playas en Grecia, terrenos en Argentina para cultivar soja… la información está tomando un cariz mucho más económico. De vez en cuando se salpica de derechos humanos, pero bueno, ya sabemos que en estos momentos Occidente está en crisis y ésta no parece la prioridad.

– Una de las cosas que más ha cambiado en los últimos años es la importancia de Internet.

El tema de Internet es muy interesante. Se pueden hacer varios análisis sobre el tema. El primero sería el ver como se están creando nuevos espacios de libertad.

Pero es interesante también decir que la gente que utiliza Twitter o Facebook, o que les importa que haya censura y les moleta esta censura, son una minoría. La gente que tiene un proxy y puede poner comentarios en Twitter y ha seguido la liberación de activistas como Hu Jia es la minoría de la minoría. Al resto les parece perfecto que haya cierto nivel de censura. Hay esa idea entre la gente educada, esa élite intelectual china (salvo los activistas) de que un cierto nivel de censura es bueno para garantizar la estabilidad. Como les han metido desde pequeños la idea de que lo peor es el caos, tienen pánico a que se rompa esa armonía social.

También es interesante ver cómo la censura reacciona ante ese crecimiento de Internet. Hay un grupo de voluntarios pagados para poner comentarios favorables al Gobierno, los wumaodang; también hay infiltrados en Twitter, gente que te agrega y luego no son perfiles reales.

– Uno de los temas de los que se habla últimamente es de que el nivel de descontento entre la población china parece haber crecido durante el último año. Yo no sé si esto es así o si sencillamente ahora nos enteramos de ese descontento debido a Internet y las redes sociales.

Yo creo que existe una tecnología que ahora permite conectar a la gente que está descontenta. Ahora mismo esta tecnología te lo permite, con lo cual se crea un caldo de cultivo que antes quizá no existía. Ahora bien, hablando con gente que lleva aquí 20 años, aseguran que antes existían esas reuniones en casas donde la gente hablaba, sobre todo en ambientes intelectuales y universitarios.

No hay que olvidar que aquí gran parte de la población lo que hace es luchar por llegar al día de mañana y darle algo de dinero a su familia a final de mes. Tienen pocas reclamaciones, no hacen un análisis de lo que les pasa, simplemente tratan de llegar a fin de mes. Salvando esa grandísima parte de la población, la elite intelectual que puede permitirse quedar con unos amigos, tener un rato de ocio y hablar, llevan desde hace muchos años quejándose, aunque de una manera mucho más anónima. Antes, cuando a uno de ellos se lo llevaban y lo tenían en comisaría fastidiado durante varios días, nadie se enteraba. Ahora sí.

El otro día me comentaba una persona que lleva mucho tiempo aquí y que creo que tiene muy buen criterio, que lo interesante ahora es que los chinos, gracias a Internet, están empezando a difundir este tipo de noticias (“a este se lo han llevado”, “esta persona está sufriendo esto”…) sin que la prensa extranjera esté necesariamente de por medio. Por supuesto que siguen necesitando de un altavoz para que salgan ciertos temas y exista presión internacional ante el gobierno chino; necesitan que exista un trabajo diplomático (que Angela Merkel se ponga dura, que Sarkoy reciba al Dalai Lama…); que se publiquen artículos sobre Ai Weiwei en la prensa Occidental… Esto es necesario. Pero antes sólo existía eso, y ahora quizás está empezando a haber un movimiento de las aguas más profundas hacia arriba.

– De hecho, es curioso como ahora se está dando el fenómeno de que hay gente que coge las cosas que se publican en el Sina Weibo (la red social del momento en China) y las escriben en Twitter, cuando antes esto era al revés.

Todo esto es muy interesante, el tema de Internet todavía tiene mucho fuelle en China.

El año que viene será interesante también ver cuánto espacio le dedican los medios a las elecciones en Estados Unidos y al cambio de poder en China, porque se van a producir a la vez. Va a ser muy interesante para analizar el peso específico de cada uno de ellos en la economía y en la información.

– En España se habla mucho de la precariedad laboral de los periodistas. ¿Cuál es la situación de los corresponsales y colaboradores que trabajan en China?

Para empezar, somos muchos medios españoles en China. De hecho, a veces los compañeros extranjeros nos dicen: “pero bueno, a ver, ¿cuántos periodistas hay en España para que hayáis venido tantos aquí?”. Claro, les explicamos que además del interés en el país, está la crisis.

Estamos hablando de unos veintimuchos periodistas españoles en China. De todos ellos, sólamente tres están con contrato y con estatus de expatriados, es decir, con la casa y los gastos cubiertos. El resto tenemos estatus diferentes. Hay gente que tiene un acuerdo con su medio para recibir una remuneración fija al mes y con algunos gastos pagados (por ejemplo, el asistente); y hay gente que está de forma más precaria que tiene que costearse todos los gastos de su bolsillo.

– ¿Cómo afecta esto a la calidad de la información?

En general se ha notado mucho la crisis. Hay gente que normalmente viaja mucho y que por falta de presupuesto no ha podido ir a las elecciones en Tailandia o al juicio de los Jemeros Rojos en Camboya. Las redacciones se han gastado mucho presupuesto este año en Libia, Egipto y Japón, y eso se ha notado mucho. Esta falta de recursos afecta a la capacidad de reacción, porque no todo el mundo puede tomar la decisión de coger un vuelo y marcharse al lugar donde están ocurriendo cosas porque tiene que tener el visto bueno de la redacción. Esto no le ocurre a la BBC o a la CNN, tienen más recursos. Ellos son el Barça y nosotros somos el Alcoyano.

Ahora bien, esto sí que me gustaría puntualizarlo. Los profesionales españoles que hay aquí en China son gente muy buena, que se ha implicado mucho. Hay gente que lleva más o menos tiempo, pero es gente que sabe mucho, gente muy buena… Lo que quiero decir es que los españoles, en calidad intelectual, no tenemos nada que envidiarles a los de la BBC. Ellos tienen a veces más recursos, pero a la hora de plantear una información, contrastarla o buscar fuentes no tenemos nada que envidiarles. Los medios españoles que están en China están haciendo un muy buen trabajo y al conocer a los compañeros anglosajones (digo anglosajones porque son la referencia aquí), puede que en España no interesen tanto los temas de China, porque hay menos tradición, pero cuando a un periodista español se le encarga un tema lo hace con el mismo rigor y el resultado no tiene nada que envidiarle a los demás.

– Estamos hablando mucho de los medios anglosajones. ¿Marcan ellos la agenda informativa? ¿Marcan la pauta de lo que luego publican los demás?

Aquí hay dos puntos importantes. Por una parte está lo que les llega a las redacciones, donde tradicionalmente los medios anglosajones mandan. Si sale en Reuters, en la BBC o en la CNN, pues posiblemente salga en los medios españoles; los jefes de redacción siguen estos medios y probablemente te van a llamar para preguntarte por estos temas. Pero también diría que hay un cambio, y es que los corresponsales que estamos en China empezamos a seguir más redes sociales chinas, a sacar más temas, también a través de nuestros contactos, y ya no tenemos que ir a rebufo de los anglosajones, sino que muchas veces lo hacemos a la vez. Por ponernte un ejemplo, estamos llamando a la madre de Ai Weiwei al mismo tiempo que lo está haciendo The Guardian.

– Siempre solemos hablar de la capacidad de los corresponsales para hablar chino. En tu caso le has echado muchas horas desde el principio. ¿Te parece importante para comprender el país e informar sobre lo que está pasando en China?

Yo hablo chino. Bueno…, el “hablo chino” hay que cogerlo con pinzas. Yo no puedo leerme un periódico, pero soy autónoma para entrevistar a la gente. A menudo necesito ayuda de mi traductor para que traduzca de manera muy exacta lo que me han dicho, porque no puedo tergiversar nada y a veces muchos matices se me escapan y muchas palabras no las conozco. Si es un vocabulario con el que no estoy familiarizada me cuesta mucho. A veces necesito también ayuda para elaborar las preguntas antes de ir a una entrevista, pero digamos que al 70% de las entrevistas voy sola.

En mi caso fue una decisión personal. Yo me puse a estudiar chino desde que aterricé y hasta hace quince días. Pero quiero decir que hay periodistas aquí que no hablan chino y que hacen unos análisis de la realidad china muy rigurosos, muy veraces y muy válidos. No es necesario conocer las moléculas de la patata para hacer una buena tortilla de patatas. Muchas veces se realizan análisis desde think tanks o desde universidades en España que posiblemente tengan una gran parte de verdad, pero que no siempre describen la realidad china, porque esa persona nunca ha venido a China, o ha venido una vez, o vino hace diez años y esto no tiene nada que ver con lo que era entonces. Las personas que están aquí y no saben chino (o no sabemos chino, todos los que necesitamos ayuda –que somos el 100% de los periodistas, porque todos necesitamos ayuda en algún momento-) está muy imbuida de la realidad china, tiene esos asistentes que son sus ojos en China. Siempre está bien saber el idioma pero no siempre se hace una información peor por no haber hecho las preguntas uno mismo.

– Te hago una pregunta que creo se hace mucha gente cuando sale este tema. ¿Qué pensaríamos de un periodista que está en Estados Unidos y no habla inglés? ¿Pensaríamos que esa persona puede comprender el país?

Lo primero, no vale esa comparación, porque el chino tiene una dificultad mucho mayor. Los niños aquí se pasan los ocho primeros años de su vida aprendiendo a hacer caracteres para saber lo básico. Nosotros estamos rodeados de la cultura estadounidense, hemos visto series, películas… Hemos tenido la suerte de poder estudiar inglés, con lo que todo es mucho más sencillo. Los corresponsales de la vieja escuela, que han hecho análisis muy interesantes, no siempre hablaban inglés, porque se educaron en España cuando se estudiaba francés. Y nunca se ha desvirtuado lo que escribían porque no supieran inglés.

Está muy bien saber chino, pero es más importante saber qué se está cociendo por aquí. Y si tuviéramos que eligir, prefiero una persona que vive aquí, que se empapa de la realidad aunque sea a través de una persona que le ayuda, a una persona que escribe a 9.000 kilómetros sobre China.

– ¿Cómo es la labor de una corresponsal en un medio como la radio? A menudo hablamos mucho de la relación entre la redacción y el corresponsal. En tú caso, ¿cómo fue esta relación? ¿Quién elegía los temas que luego salían en la Cadena Ser?

Si hay una noticia de actualidad, un breaking news, ahí llama uno o llama el otro, pero se pacta lo que se quiere y si pasa algo fuera (o dentro de China), se va a ese sitio cuando hay presupuesto y se hace una cobertura de lo que es el acontecimiento. Ahí entra también la cobertura web, con fotos y texto, a la que se le está dando bastante peso en la Cadena Ser. En antena está la parte de informativos y cuando se hace alguna cobertura también se puede entrar en otros programas o tertulias.

Luego está el tema del día a día, de agenda. Cuando sabes que es el aniversario del Partido Comunista de China, por ejemplo, preparas algo de antemano y tratas de darle un ángulo original. Y luego está lo que son los reportajes, que yo tengo la suerte de que La Ser le da mucho peso al reportaje y me han dado mucha flexibilidad. He llegado a hacer historias de bastantes minutos, incluso especiales sobre un tema: Corea, Japón, China… En ese sentido soy yo la que tengo la obligación de proponer temas interesantes que no necesariamente saben mis jefes, porque yo soy los ojos de la radio aquí. Para eso lo que hago es tener muy clara la actualidad de China, saber qué va a ser interesante y que no, consultar medios internacionales y también chinos, estar muy pendiente de Internet y las redes sociales chinas, y también llamar periódicamente a mis contactos.

En China, uno de los grandes problemas a los que se enfrentan los corresponsales es la falta de fuentes oficiales porque no quieren hablar con nosotros. Nos piden que mandemos un fax al que nunca responden, nos remiten a diferentes organismos, se van pasando la pelota… A veces nos falta ese contrapeso oficial. Pero bueno, al fin y al cabo, como tienen ese órgano de propaganda tan bien engrasado, nunca nos va a faltar una nota oficial, con lo cual en ese sentido tampoco me siento muy culpable por no reflejar la opinión de tal o cual ministerio.

– ¿Y en cuánto a los aspectos técnicos?

Yo trabajo con una grabadora japonesa (Zoom H4N) que tiene varias conexiones para diferentes micrófonos, puedo coger sonido ambiente y sonido principal, y después lo monto en un programa con diferentes pistas de audio. A mí me gusta mucho trabajar con el sonido de manera informativa y también de manera más artística cuando el reportaje lo pide. Es difícil meter a la persona que está España en el ambiente, que escuche China, que no sólo me escuche a mí. Que escuche el sonido de una revuelta, que escuche el sonido de una inundación… Pero hay que trasladar al oyente a este sitio tratando también de hacer un análisis de lo que es la situación global, no sólo quedarse en la anécdota.

En la radio es importante tener mucho material, como en cualquier medio audiovisual. Se necesitan recursos. Yo tengo un banco de sonidos, como el que tiene un banco de imágenes. Tengo sonidos de niños jugando, de coches, de bicicleta, de la lluvia… son sonidos que he grabado yo: de Pekín, de otras partes de China o de otras partes de Asia. Siempre que voy a grabar un reportaje a mí me gusta pensar en todos los sonidos accesorios más allá del texto que pueden ayudar al oyente.

– Antes nos hablabas de algunas de las dificultades de trabajar en China, como el acceso a los responsables del Gobierno. En los últimos meses, coincidiendo con las llamadas a una revolución del jazmín en China, parece que los controles sobre los periodistas extranjeros se han intensificado. ¿Cómo has vivido tú estos controles?

La situación ha empeorado mucho. Yo no fui “llamada a consultas” ni interrogada, como le pasó al resto de compañeros, porque estaba en Corea haciendo unos reportajes. Estuve bastantes días allí y coincidió justo con ese conato de manifestación, que al final ya sabemos que a los compañeros se les llamó básicamente para amenazarles. Sí he notado que se endurecen mucho los controles, que Internet va cada vez peor. Hace dos meses hemos vivido una situación lamentable, prácticamente no podíamos trabajar, nos habían cortado los proxys.

No me he sentido directamente amenazada en ningún momento, pero he tenido alguna situación a menudo incómoda a la hora de renovar el visado. Siempre juegan a aquello de “poli bueno poli malo” y un día me tocó el poli malo, que me preguntó muchas cosas para saber hasta qué punto entendía chino. En ese momento no sentí en absoluto peligro, pero fue una situación de tensión.

Sí me he sentido muy responsable de las fuentes. A menudo entrevistamos a gente que se está jugando la vida, o en todo caso la libertad. Desde Tiananmen, el Gobierno sabe que en cuanto algo se mueve tienen que golpearlo, porque no quieren que se les desmande nada. Durante las llamadas a una revolución del jazmín, muchos activistas fueron acosados, perseguidos o detenidos. Yo en concreto entrevisté a una persona que fue secuestrada. Le pusieron un capuchón en la cabeza y se lo llevaron a uno de estos hoteles clandestinos que tienen, esas cárceles negras, a un bajo en una habitación. Le sometieron a tortura psicológica, le obligaron a no moverse y no dormir durante 15 días. Estaba muy tocado psicológicamente y tenía el aviso de que si hablaba con algún periodista extranjero le podían llevar a un campo de reeducación en el trabajo para siempre. Y esa persona quería hablar conmigo igualmente. Nos reunimos en un lugar secreto, cambiamos varias veces de localización como ocurre aquí a veces y me he sentido muy responsable porque ya no puedo volver a llamarle. Pones a la gente en un compromiso cuando les llamas. Es gente que se está jugando la vida por hablar con nosotros.

– A algunos de los corresponsales que están en China se les suele calificar como corresponsales Asia-Pacífico. ¿Cómo se cubren tantos países?

Otros medios de comunicación mandan a la gente a muchos países o bien están pidiéndole desde Pekín cosas que están pasando muy lejos. En mi caso yo he hecho reportajes en Corea (tanto del Norte como del Sur), estuve en el terremoto de Japón y la crisis nuclear, he estado también en Malasia y en Filipinas. Pero en general yo me ocupo más de lo que es China, Corea y Japón. En la redacción se ocupan también de los temas que son más del Sudeste Asiático.

– ¿Hay alguna persona más de la Cadena Ser en Asia?

No. Ese es el problema de la falta de recursos. La BBC tiene corresponsales en todas partes.

– ¿Qué opinas de las críticas que se suelen hacer a los medios occidentales de que son anti-chinos?

Nosotros tenemos la obligación de saber lo que está pasando aquí y de hacer una foto completa, justa y equilibrada. Cuando China presenta sus datos de inflación, lo que tenemos que hacer es dar los datos y contextualizarlos. Cuando China presenta sus datos de crecimiento también estamos dando sus datos de crecimiento, y son datos positivos. Pero ese crecimiento se está generando a costa también de que no existe una repartición de la riqueza, que es nuestra obligación también reflejar. Cuando China empieza a querer invertir más en energías renovables, lo hemos contado, y estamos reflejando ese gran esfuerzo de inversión. Pero lo que es noticia hoy por hoy no es sólo la inversión, sino cómo está afectando eso a las empresas españolas o extranjeras, y cuál es el problema real (la dependencia del carbón, esa falta de conciencia ciudadana del medio ambiente, etc…) Tenemos la obligación de contextualizar. Yo no diría que nos centramos en la parte negativa, sino que precisamente porque tenemos que contextualizar esa realidad y China es compleja, no sería un análisis completo si obviásemos la parte en la que se necesita mejorar o la parte de crítica.

Además, añadiría que no creo que ningún periodista esté pasando por alto los grandes cambios que ha vivido China desde hace 30 años. Estamos reflejando que aquí cada vez más gente vive mejor y que mucha gente ha salido de la pobreza. También tenemos la obligación, en mi opinión, de seguir insistiendo en ciertos aspectos. Nosotros no tenemos una agenda, pero precisamente en estos momentos en los que China tiene mucha liquidez y Occidente está en crisis, los gobiernos no deciden siempre recordar las cosas que están fallando aquí y nosotros las estamos recordando. Es nuestro trabajo.

Es muy fácil decir “los medios sólo están contando lo malo de China”. Si hacemos un Excel con lo que hemos contado, salen muchos temas que no son necesariamente negativos y que hablan mucho más del desarrollo social y de las nuevas tendencias. Pero es que contar China sin contar las cárceles negras, las personas que se están muriendo de sida por transfusiones de sangre en hospitales públicos, las expropiaciones forzosas, los problemas de seguridad alimentaria… eso también es China.

Creo que es un análisis muy simplista decir que China es un gigante muy malo que no respeta los derechos humanos y es muy simplista decir que los medios españoles sólo presentan a ese gigante tan malo. Porque no es así.

– Se está hablando mucho del nuevo poder blando de China y de su necesidad de mejorarlo en el mundo. En el ambito de los medios de comunicación ha habido una gran inversión con medios en inglés y en otros idiomas como China Daily, Global Times, Xinhua, CCTV… ¿Crees que esto sirve para algo?

En este sentido a China le queda un camino muy largo. Tienen mucho dinero, están invirtiendo muchísimo y están comprando muchos medios. Están abriendo canales en inglés y mandando corresponsales a muchos sitios del mundo. Tienen un músculo muy fuerte. Ahora bien, el poder blando que tiene China ahora mismo es lamentable, les cuesta tener credibilidad porque siempre se les asocia con una maquinaria de propaganda engrasada durante muchos años. En este sentido, tienen mucho dinero y una gran sofistificación, porque llevan muchos años de entrenamiento y de propaganda, y saben que tienen que meterse en las redes sociales, cómo tienen que censurar, qué tienen que cortar… Pero hay momentos en los que se ve la gran torpeza de un gigante que cojea.

Los editoriales que podemos leer en los diarios en inglés, que están enfocados para un público extranjero, reaccionan a menudo con rabietas y argumentos muy infantiles. Cuando se le concedió el Premio Nobel a Liu Xiaobo lo pudimos ver: utilizaban una argumentación muy simplista diciendo que Estados Unidos pretendía contener a China, que los medios de comunicación occidentales no tenían ni idea de lo que era China. Y son, pues eso, pataletas de niño pequeño sin ninguna elaboración intelectual. Además, su técnica es muy sesentera, como se puede ver en la Televisión Central de China (CCTV). En muchos casos la realización, los editores o la forma de tratar la información no cumplen con los criterios que le pediríamos a un medio occidental. Necesitan tiempo, no sabemos muy bien cómo se van a sofistificar. Pero bueno, desde luego hasta que una persona en España quiera ver la CCTV en español como fuente de información, va a pasar mucho tiempo.

– ¿Hay algún medio, blog o página web en español, inglés o chino que sigas frecuentemente y nos quieras recomendar?

Sigo mucho weibo y los blogs chinos. Intento seguir a ciertas personas que sé que son importantes para los chinos y ciertas personas que son importantes dentro del activismo, que son una minoría, insisto, pero que a menudo pueden filtrar cosas. De webs en castellano, sinceramente creo que hacéis un gran trabajo en ZaiChina, estáis muy conectados con esas redes sociales chinas y puede servir para que la gente de España pueda ver qué se está moviendo por aquí. Los blogs de los corresponsales de otros medios también me gustan y por supuesto la información general, vivimos de ellas y la seguimos. También estoy pendiente de la prensa oficial china, aunque a menudo no es de gran de interés lo que sacan.

– Ahora que estás a punto de irte, se te ha visto muy tocada personalmente, triste por dejar el país. Eres una persona que te has implicado mucho aquí… Parece que al irte te dejas aquí un cachito tuyo.

Totalmente. Yo me he implicado mucho. Cuando llegué me puse a estudiar el idioma, empecé a intentar conocer gente. Me ha costado, he hecho amigos contados con los dedos de la mano, pero he compartido situaciones totalmente surrealistas y muy aleccionadoras con ellos. Creo que he crecido profesional y personalmente. Disfruto muchísimo de la compañía de los chinos en la calle, de sentarme cuando cae la tarde con los abuelos a hablar, como si fueran abuelos en España, lo disfruto de la misma manera. Aunque a veces me cuesta entenderles porque algunos no tienen ni dientes, pero me gusta.

– ¿Qué proyectos inmediatos tienes a partir de ahora?

Me voy a Nueva York. Allí tengo un proyecto inmediato, que es el libro que estoy escribiendo. Al margen de esos análisis de inflación, datos macroeconómicos y sobrevolar la realidad china, es un análisis desde abajo, desde la calle. Son diez historias muy potentes de chinos de la calle: gente que no puede votar, que no tiene un altavoz para contar lo que les pasa. Lo de escribir un libro es como plantar un árbol, no quiero dejar de tener relación con China.

En este libro vamos a saber cómo vive una prostituta, que tipo de relación tiene con sus clientes; qué es lo que opina un taxista de la política; cómo vive un millonario y dónde compra las drogas; qué siente un jubilado cuando no le pagan la pensión y su esposa está enferma… Ese libro ha nacido a fuerza de hablar con muchos chinos y quedarme con las historias más potentes. Pero eso es fruto de muchas muchas horas de hablar con ellos.

Estoy muy contenta de tener este proyecto entre manos porque es una manera de tener a China allí. Ese es el libro que yo hubiera querido leer antes de venir aquí.

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6 Comments

  1. Los compañeros perdemos a una de las mejores personas que cualquiera puede encontrarse por la vida. Y los consumidores de información en España pierden, sin duda, a una de las mejores profesionales que ha dado la radio en décadas. Lo nuestro no es tan grave porque siempre podemos coger un avión y visitar a nuestros amigos en Nueva York. Pero lo del periodismo patrio, en general y prácticamente sin excepciones, sí es para hacérnoslo mirar.
    Enhorabuena, Zaichina, por la importante labor que lleváis a cabo. 
    Salud, Al.

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    • Gracias, Alberto. Aquí en ZaiChina hacemos lo que podemos, y sobre todo nos parece interesante que los lectores puedan saber quién está detrás de las informaciones que reciben.

      Otro día te entrevistaremos a ti para que nos cuentes… 🙂

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  2. Juan F.

    Espectacular trabajo y espectaculares vivencias…
    Y, desde ya, espero poder llegar a leer ese libro sobre China.
    Enhorabuena por todo lo conseguido y mucha suerte para tu nueva etapa por EEUU

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  3. José Luis P.M

    Acertadísima lectura Ana sobre lo que se vive por aquí. Ha sido un placer leerte y oirte.
    Suerte en tú nuevo destino
    Un abrazo

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  4. Kyoko

    Yo me muero por comprar y leer ese libro =) Soy de chile si me lees aNA te mando un saludo y espero leer tu libro

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