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El hijo de Liu Shaoqi y Zhang Musheng

Durante las últimas semanas, el libro “Cambiemos la forma de ver nuestra historia y cultura” (改造我们的文化历史观) ha generado cierto debate en medios chinos y extranjeros. Según el China Media Project, la obra de Zhang Musheng debería ser interpretada como un apoyo a la nueva democracia (新民主主义), un antiguo concepto del Partido Comunista de China que aboga por introducir elementos capitalistas y favorecer un mayor debate en la sociedad. Esta interpretación se ha visto favorecida por la presencia en un acto de presentación del libro de tres profesionales de los medios muy conocidos por poner en aprietos al gobierno: Hu Shuli, la directora de Caixin; Lu Yuegang (卢跃刚), editor del antiguo suplemento Freezing Point; y Wu Si (吴思), destacado periodista de la revista de historia Yanhuang Chunqiu.

Aunque el libro está firmado por Zhang Musheng (张木生), casi tanta atención ha recibido el prólogo de 17 páginas de Liu Yuan (刘原), un general del ejército chino (y miembro del Comité del Partido) que además es el hijo de Liu Shaoqi, el que fuera durante varios años sucesor de Mao Zedong y que después acabó perseguido durante la Revolución Cultural. En un artículo publicado por el Wall Street Journal, este prólogo se interpreta como un ataque de los hijos de antiguos dirigentes comunistas al Partido y al gobierno.

Tal vez sea por el oscurantismo del Partido Comunista o por la dificultad de tener acceso a fuentes fiables dentro del Gobierno, pero lo cierto es que ambas interpretaciones parecen hacer una lectura muy libre del prólogo de Liu Yuan y de la obra de Zhang Musheng. En realidad, la apuesta por esa nueva democracia es tímida, aparece siempre en un segundo lugar y nunca se define exactamente. Por otro lado, el libro (y especialmente el prólogo de Liu Yuan) puede ser difícilmente interpretado como una crítica al gobierno: su apoyo al Partido y su rechazo de la democracia al estilo occidental son algunas de sus ideas más destacadas.

De hecho, el prólogo de Liu Yuan dedica mucho más tiempo (casi la mitad de las 17 páginas) a defender la guerra que a debatir sobre la nueva democracia. Es aquí donde su discurso se vuelve más nacionalista y beligerante, admirando el valor de soldados y generales y afirmando que “las nuevas civilizaciones, las nuevas culturas, siempre se han originado a través de la guerra”. Aprovecha también para criticar a los pacifistas y afirmar que “la cultura de la guerra es la cristalización más sabia e importante de la antigüedad”. En palabras de mi profesora de chino, que me ayudó a desentrañar este prólogo lleno de expresiones del chino clásico, “Liu Yuan parece Hitler”.

La segunda parte del prólogo hace referencia a asuntos históricos. Aquí, Liu Yuan viene a explicar las diferencias entre China y los países occidentales. Mientras el gigante asiático siempre ha tenido una gran unidad política en torno a mucha gente y un territorio muy grande (lo que él llama 大一统), los países europeos siempre estuvieron divididos en muchas regiones y distintos reinos. Este factor le sirve para explicar las actuales diferencias entre los sistemas políticos y valores de China y Occiente.

Es en este apartado también cuando el general Liu Yuan aprovecha para criticar a Occidente en general y a Estados Unidos en particular: sus ideas imperialistas siguen intentando imponer en China una serie de valores que no le son propios. De paso, saca a relucir la matanza de indios en el continente americano y la esclavitud y discriminación de los negros en Estados Unidos, aunque sus críticas hacia este país son mucho más numerosas. En muchos casos (y algo parecido ocurre con los artículos de Zhang Musheng) este texto está en consonancia con famosas obras nacionalistas como China puede decir no o China no está contenta.

En la última parte del prólogo, Liu Yuan intenta abordar el futuro de China. Dice que no se puede copiar ningún modelo extranjero, que el país tiene que desarrollar su propia fórmula política, económica y social. Todo lo que llegue a China, como también defiende Zhang Musheng, tiene que pasar por un proceso de sinificación (la palabra que él utiliza es bianweier 变味儿).

Es aquí también cuando habla (aunque tan sólo son tres o cuatro párrafos) sobre la nueva democracia. Según él, esta ideología es la única que podría unir a la gente de derechas y de izquierdas dentro del Partido, por lo que podría garantizar la unidad de la clase política china. De hecho, su defensa de esta nueva democracia se enmarca en una idea que recorre todo su texto: China tiene que volver a los principios comunistas, tiene que cambiar la forma en la que mira a su cultura y a su historia. Zhang Musheng sería precisamente el ejemplo a seguir, una persona que “en sus distintos puestos de trabajo, ha mantenido firmemente la intención original de los miembros del Partido Comunista de China y los principios fundamentales del marxismo-leninismo”.

Cada uno puede hacer las interpretaciones que quiera de un libro, pero en este caso la obra de Zhang Musheng y el prólogo de Liu Yuan no parecen un material sólido para defender ningún tipo de ideología determinada. Tal vez haya algún tipo de lucha dentro del Partido en la que estén envueltos (sin duda alguna se está hablando mucho del papel de los hijos de los revolucionarios chinos en la política actual), pero “Cambiemos la forma de ver nuestra historia y cultura” es una obra de fuerte carácter nacionalista, obsesionada con Estados Unidos, atrapada todavía en la dialéctica de la guerra fría y sin ningún tipo de propuesta alternativa a la del Partido.

Fuentes

► Si estás en China, puedes comprar el libro en Dangdang.

China Media Project: Habla de este tema y traduce una entrevista con Zhang Musheng.

China Real Times Report, Wall Street Journal.

► Zhang Musheng – Baidu Baike

► Puedes descargar el prólogo de Liu Yuan aquí.

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