América Latina y China, Lo último

China y Argentina, tan lejos y tan cerca

La distancia entre Pekín y Buenos Aires es la más larga entre dos capitales cualesquiera del planeta y el desconocimiento entre ambas culturas era absoluto hasta fines de la década pasada. Esto es lo que hace tan sorprendente la creciente interdependencia comercial entre ambos países que se viene gestando desde comienzos de siglo. El intercambio comercial crece a casi un nivel del 80% anual desde el 2003 y las inversiones de sólo dos empresas petroleras chinas en Argentina superaron en 2010 los 10.000 millones de dólares. El octavo territorio y quinto exportador de alimentos del mundo tiene todo lo que a China le hace falta.

China ya está presente en las 23 provincias de Argentina. Mapa elaborado por iprofesional.

La relación entre ambos países comenzó en 1974, pero fue casi inexistente hasta la década de los 90. Es entonces cuando Estados Unidos hace de puente entre las dos naciones, a través de Cargill, una de las más grandes empresas norteamericanas y principal comercializador de granos del mundo.

Cuando en 1978 EE.UU. y China establecieron relaciones diplomáticas, ya Cargill llevaba varios años en China intentando solucionar el desastre dejado por Mao en la que fue durante siglos la principal agricultura del mundo. Hacia 1990, Cargill, consciente de que para abastecer la creciente demanda de soja china sería necesario recurrir a otras tierras, entiende que la solución está en las grandes extensiones cultivables de que dispone Argentina, cuya escasa población se concentra casi totalmente en tres ciudades.

Ayudada por el gobierno neoliberal de Carlos Menem, Cargill desata una campaña de sojización (la soja transgénica RR) en el norte argentino. Hacia finales de siglo esta campaña empieza a dar sus frutos, pero el impacto en la economía argentina no se siente hasta poco después de la crisis del 2001, la más grave sufrida por Argentina desde el “crack” de 1930.

Gracias al alza de los precios internacionales y las crecientes cosechas, en 2003 ya queda claro que la recuperación de la economía argentina depende de la exportación de soja. Atrás empiezan a quedar 100 años en los que el país se dedicaba a exportar carne y trigo a las potencias occidentales. Pero en la relación con China, Argentina replica patrones de su relación con Gran Bretaña cien años atrás. Mientras la exportación de soja y el aumento de precios internacionales siguen su escalada, aparecen las primeras señales de alarma. El país se dirige hacia el monocultivo de un producto que ni siquiera consume. Y el glifosato, un poderoso veneno asociado a la soja transgénica, empieza a afectar la salud de la gente que vive en el campo y acaba con insectos y pequeños animales necesarios para mantener la salud de la tierra. Cuando llueve, el glifosato llega a los ríos y los peces que no mueren envenenados resultan incomibles.

Una relación poco amistosa

En 2004 llega a Buenos Aires el Presidente Hu Jintao con su extensa comitiva de funcionarios y empresarios que recorren el subcontinente. Dos días antes, el Presidente Néstor Kirchner -excitado por lo que esta visita podía significar para el país- hace correr la noticia de que China invertirá 20.000 millones de dólares. La noticia es reproducida por todos los medios y la sociedad –que aún no evidenciaba los beneficios de la recuperación económica- se asombra e ilusiona. Para Hu y su equipo resultó muy desagradable encontrarse con que todos los medios de comunicación argentinos hablaban de los 20.000 millones que traerían los chinos, ya que las negociaciones recién estaban por comenzar. Nada se concretó y cuando la delegación se marchó, Kirchner –un muy hábil y exitoso empresario y político- comentó que los chinos eran los negociadores más duros que había conocido en su vida.

Las relaciones diplomáticas se mantuvieron congeladas durante años. Argentina mantenía su actitud de terrateniente orgulloso y bravucón. China esperaba pacientemente una mejor oportunidad. Las inversiones de un país en el otro eran insignificantes, pero el intercambio comercial no dejaba de crecer exponencialmente año tras año. Argentina exportaba cada vez más soja e importaba cada vez más productos electrónicos y electrodomésticos.

En 2008, la crisis de las potencias occidentales golpeó a la industria argentina. En 2009 cayeron las exportaciones a los países vecinos y debilitó el superávit comercial. El gobierno argentino empezó a poner freno a las importaciones de Brasil y China (para ese momento ya el segundo socio comercial de Argentina). Esta política causó un gran malestar en el gobierno chino, que no se manifiestó hasta el 2010 a causa de un error cometido por la Presidenta Cristina Fernández, quien en el último momento suspendió un encuentro en Pekín con Hu Jintao, considerado ya en ese momento como el hombre más influyente del mundo por la revista Time. Además, se preparaba la Expo 2010 y Argentina no mostraba interés en participar (el pabellón argentino se abrió dos días antes de la inauguración y fue totalmente diseñado y construido en Shanghai). Finalmente, China decide ejercer su poder y suspende las importaciones de aceite de soja provenientes de Argentina, con el argumento de que no cumplen las condiciones mínimas de calidad (lo que, por otra parte, resultaba ser cierto).

Es recién entonces que el gobierno argentino toma conciencia de lo que significa China para Argentina. Y para el mundo. Entonces Cristina Fernández viaja a Pekín -donde no es recibida por Hu- y luego a Shanghai a visitar la Expo. Y, contrariamente a lo que se esperaba, no regresa con el compromiso por parte de China de levantar las restricciones al aceite de soja, sino con el anuncio de un paquete de inversiones y adquisiciones chinas por 10.000 millones de dólares en trenes, industria automotor, transporte subterráneo e infraestructura. Poco después las empresas CNOOC y Sinopec invierten 10.000 millones de dólares en petróleo y, finalmente, a fin de año se levantan las restricciones al aceite argentino.

Business are business

En los últimos meses, la ruta Buenos Aires-Pekín ha sufrido un tráfico incesante de funcionarios de primer y segundo nivel. En el pasado mes de octubre, el gobernador de la provincia de Río Negro viajó a China para cerrar un acuerdo con Heilongjiang Beidahuang State Farms Business Trade Group, por medio del cual la provincia le cede 320.000 hectáreas para el cultivo de soja. En noviembre pasado el ministro de agricultura chino Han Changfu llegó a Buenos Aires en busca de maíz. Firmó un acuerdo con el gobierno argentino para la provisión de 5 millones de toneladas para el 2011 (en pocos años China ha pasado de ser exportador a importador de maíz). El pasado mes de enero, la ministra de Industria argentina, Débora Giorgi, viajó a Pekín y anunció inversiones por más de mil millones de dólares. En febrero, una comisión del Ministerio de Comercio chino viajó a Buenos Aires para discutir las trabas a las importaciones. En marzo, la ministra de Industria regresó a Pekín junto al canciller y el ministro de Agricultura para reunirse con el viceministro de Relaciones Exteriores chino y seguir las discusiones, teniendo en la mira el déficit argentino de 1.700 millones de dólares en la balanza comercial.

Actualmente se encuentra en Argentina una comitiva china de investigadores para verificar las condiciones sanitarias del maíz transgénico, que se convertirá a partir de este año en el otro gran commodity de exportación de Argentina a China. Otra comitiva de funcionarios chinos acaba de regresar tras reunirse con autoridades ambientales argentinas para estudiar la limpieza del Riachuelo, uno de los diez ríos más contaminados del mundo, a orillas del cual viven casi 2 millones de personas. Por experiencia, financiamiento y capacidad técnica, se da por descontado que la China Comunications Contruction Company (CCCC) será la elegida para finalmente realizar un proyecto que fue anunciado hace 20 años. Una comitiva de empresarios y funcionarios de la provincia de Shandong se encuentra en el país estudiando futuras inversiones. Además, distintas comitivas de empresarios y funcionarios chinos se han estado reuniendo por estos días con funcionarios de provincias argentinas (Jujuy, Chaco, Tucumán, Salta, Corrientes). Este lunes llegó el nuevo embajador en Argentina, Yin Hengmin, quien anunció que el ministro de Comercio, Chen Deming, viajará en mayo a Buenos Aires.

Otro tema es el de los 4.500 supermercados distribuidos en todo el país, cuyos propietarios son chinos (la gran mayoría provenientes de Fujian). Se trata de empresas familiares que vienen a instalarse en el país. Los niños chinos que nacen en tierra austral generalmente son anotados como argentinos.

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Acerca de Yuri Doudchitzky

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