América Latina y China, Lo último

El Imperio Contraataca en América del Sur

¿Qué vino a hacer Obama a Brasil y Chile? Esta es la pregunta que se hicieron los medios de ambos países tras la visita del Presidente estadounidense. No se firmaron acuerdos importantes y los discursos de Obama fueron poco menos que intrascendentes. El propósito de la visita parece haber sido el vaticinado unos días antes por Bloomberg Busineesweek: detener la creciente influencia china.

Con una delegación de casi mil personas –muchas de ellas guardaespaldas, pero también funcionarios y empresarios- Obama pasó por Brasil el pasado fin de semana. El día de su llegada aviones de la OTAN comenzaban a tirar bombas sobre Libia, pero Obama no perdió su sonrisa. Se reunió durante varias horas con la Presidenta Dilma Rousseff y dio un discurso en el que no dijo mucho. Una de las cosas que dijo fue que ahora la relación entre ambos países es de igual a igual. Tal vez quiso decir que siendo ya Brasil la séptima potencia mundial, EEUU no puede tratarla como una república bananera. Pero seguramente pensaba en que ambos países comparten la preocupación por las consecuencias que sobre sus industrias tiene el valor de la moneda china.

Julia Sweig, especialista en Brasil y América Latina del Council on Foreign Relations, señala que “Brasil y Estados Unidos enfrentan problemas semejantes respecto a China, que es un competidor en términos de manufacturas. La moneda china, artificialmente baja, también reduce los precios tanto de las exportaciones brasileras como de las americanas. Y compite con Estados Unidos y con Brasil en otras partes del mundo, como en África, por recursos y estatus diplomático en general. Los dos países pueden estar en el inicio de descubrir dónde pueden realmente cooperar en relación a China. Al menos, al indicar públicamente que pretenden hacer eso, envían una señal muy importante a China y a sus propios públicos internos.”

El viaje es para construir un marco para el futuro –dice el asesor para asuntos económicos internacionales de Obama, Mike Fromana. Por ejemplo, el reciente descubrimiento de petróleo en las costas marinas significa reservas por el doble de las que posee EEUU. Su administración tiene un ojo en ese petróleo y también lo tiene China. China Petroleum & Chemical dijo el mes pasado que ofertará por los derechos de exploración en la costa y ya ha adquirido el 40% de Repsol YPF de Brasil. Algunos brasileros apoyan la iniciativa estadounidense. El expresidente Fernando Enrique Cardoso (1995-2003) sostuvo que “es mejor para los americanos no descuidarse mucho, para así mantener un equilibrio”.

Los dos países del sur visitados la semana pasada por Obama han sido importantes aliados del norte en las últimas décadas. Pero en 2009 China desplazó a Estados Unidos como principal socio comercial en ambos casos. El 64% de las exportaciones latinoamericanas a China corresponden a Brasil (41%) y Chile (23%). Brasil le vendió a China en 2010 un promedio de 183.000 barriles diarios de petróleo, el doble de lo que le vendió en 2009. Mientras que por otro lado casi el 60% de las exportaciones de Chile corresponden al cobre que le vende a China, según datos de la consultora The China Analist.

Por otro lado, algunas de las cosas que dijo Obama fueron que en 2010 las exportaciones de EEUU a Brasil aumentaron un 34%. “Estados Unidos exporta tres veces más a América Latina que a China, y nuestras exportaciones a la región sustentarán más de dos millones de empleos en el país”. “América Latina es más importante para EEUU de lo que nunca antes lo fue, y se va a volver más importante con el tiempo, pues cada vez más el continente latinoamericano está colaborando en la prosperidad global”. Un colaborador del Presidente se permitió una ironía: “no nos molesta la creciente influencia de China. Con lo que Brasil recibe de sus exportaciones a China, nos compra maquinaria y tecnología a nosotros”.

En Chile, Obama evitó hablar del golpe de estado promovido por Henry Kissinger en 1973. “Debemos mirar hacia el futuro”, fueron sus palabras. Además, se refirió a la necesidad de encarar una segunda versión de la Alianza Para el Progreso, creada por John Kennedy en 1961, con el fin detener la influencia revolucionaria bolchevique encendida con la revolución cubana y que consistía en créditos para países latinoamericanos, planes de reforma agraria y libre comercio. ¿Vendrá una nueva versión para detener el avance chino?

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