Política, Sociedad

Continúa el tráfico ilegal de órganos en China

A lo largo y ancho de China, una red mafiosa increíblemente eficiente que cuenta con la colaboración de hospitales y médicos se está lucrando con el tráfico de órganos. Las presiones, amenazas, chantajes o asesinatos son algunas de las fórmulas que se utilizan para conseguir riñones o hígados que luego se llegan a vender por hasta 300.000 yuanes (45.700 dólares). Ese es el retrato que hace el semanal Nanfang Zhoumo (南方周末, Southern Weekend) en un extenso reportaje publicado la semana pasada y que vuelve a poner de actualidad el tráfico de órganos en China.

Muchas de las historias descritas por este semanal, que incluyen todo lujo de detalles, ponen los pelos de punta. Entre ellas está la de Shen Yun (nombre ficticio), quien emigró a finales de 2009 desde el norte del país hasta la provincia de Jiangxi para encontrar trabajo. En la propia estación de trenes de la capital, una persona le abordó y le ofreció trabajo, aunque para ello debería hacerse antes un reconocimiento médico. El resultado de su paso por el hospital, sin previo aviso ninguno, fue un riñón menos.

El Nanfang Zhoumo habla de una red extensa y bien organizada, con apartamentos en varias ciudades chinas, conexiones entre distintas provincias y la colaboración de médicos y enfermeras que trabajan en hospitales oficiales. Estas asociaciones cuentan con páginas webs que no sufren ningún problema de censura ni control legal y que son la puerta a muchos de sus clientes. Tras el trasplante no queda ningún registro médico de las operaciones y los pacientes son abandonados a su suerte. Sin duda, un negocio que mueve unas cantidades astronómicas de dinero: en los casos citados por el semanal, los intermediarios compran riñones por 30.000 o 40.000 yuanes (4.500 – 6.000 dólares) y los venden por 300.000 yuanes (45.700 dólares).

A pesar de la prohibicón del tráfico ilegal de órganos, la fuerte demanda y escasa oferta han creado un mercado negro que las autoridades chinas no han conseguido controlar. Según los datos ofrecidos por el Nanfang Zhoumo, todos los años hay en China un millón de personas que necesitan un transplante de riñón y 300.000 personas que necesitan un transplante de hígado. Sin embargo, en todo el país sólo se pueden realizar 10.000 operaciones de transplante al año. Como explicaba un médico conocedor de este mundo, “el mercado negro continúa a pesar de las repetidas prohibiciones”.

“Muy pocas veces los médicos son llevados ante la justicia”

En los últimos años se ha vivido además un cambio que ha extendido el negocio del tráfico de órganos. Con la reducción del número de condenados a pena de muerte que ha experimentado China desde el 2007, y que eran la principal fuente de órganos para trasplantes del país, cada vez se realizan más donaciones de pacientes con vida. Según un artículo de la revista Caijing (财经) citado por el Nanfang Zhoumo, un doctor conocedor de este mundo afirmaba que en el pasado las donaciones de personas vivas no llegaban al 5%, en 2007 ya habían pasado al 15-20% y en 2008 ya superaban la mitad de los transplantes realizados en China.

El Nanfang Zhoumo destaca en otro artículo dedicado al tema la poca presión que se ejerce sobre hospitales y médicos para controlar el tráfico ilegal de órganos. Cuando alguno de estos casos es denunciado, policías y jueces se centran en encontrar a los intermediarios, pero prácticamente nunca se denuncia a los médicos que han participado en las operaciones, muchos de ellos conocidos con nombre y apellidos y trabajando en hospitales oficiales.

El Ministerio de Salud ha reconocido que la disparidad entre demanda y oferta ha permitido la creación de un mercado negro muy potente. El objetivo es atajarlo a través del cumplimiento de la ley y persecución de los delincuentes, promoviendo la donación voluntaria y realizando una distribución justa de los órganos. Un nuevo sistema de donaciones comenzó a desarrollarse en la segunda mitad del 2009 en varias ciudades chinas.

El caso de Hu Jie

El grueso del artículo del Nanfang Zhoumo, que lleva siendo el reportaje más leído del semanal en Internet en los últimos tres días, está basado en la historia de Hu Jie (胡杰), un joven originario de la provincia de Hubei. Acosado por una deuda contraída debido a su afición a las apuestas, Hu Jie comenzó a buscar en la web una forma de devolver los 20.000 yuanes que debía. A través de Internet contactó con varias personas que le prometieron 40.000 yuanes por un riñón (unos 6.094 dólares) y le aseguraron que era una sencilla operación que no le produciría ningún problema de salud.

Fue así como en octubre de 2010 llega a la ciudad de Dezhou (德州), en la provincia de Shandong. Sin embargo, como explica el Nanfang Zhoumo, “Dezhou sólo era el punto de partida” y lo que Hu Jie no se podía imaginar es que se iba a encontrar “con una red de robo de riñones que se extendía por Shandong, Shanxi y Hubei”. A las afueras de esta ciudad, Hu Jie pasa varios días durmiendo y comiendo en compañía de otra docena de personas. Todas ellas están esperando para vender un riñón, una muestra de lo extendido del negocio y la infraestructura con la que cuentan estas redes de compra y venta de órganos.

Después de varios días en Dezhou y algunas pruebas médicas, cuando Hu Jie ya comienza a arrepentirse, los traficantes encuentran un cliente para su riñón. De allí es trasladado a Linfen (临汾), en la provincia de Shanxi, donde se ultiman todos los detalles y le hacen nuevas pruebas para asegurarse de la compatibilidad entre donante y receptor.

Durante varias semanas, Hu Jie duerme en el Hospital del Pueblo (人民医院) de Linfen y en un hotel, donde es vigilado por varios miembros de esta red ilegal de transplantes. Se le impide salir de la habitación y le confiscan su carnet de identidad, su teléfono móvil, su maleta y su tarjeta de crédito. Cada vez que Hu Jie muestra delante de alguien sus dudas respecto a la operación, los traficantes le amenazan con hacerle pagar todas las pruebas que ha hecho en los hospitales, no devolverle sus pertenencias o directamente acabar con su “insignificante vida”.

A lo largo de toda esta espera de varias semanas, incomunicado de su familia y sin dinero, Hu Jie comienza a echarse para atrás e intenta negarse a hacer la operación. El joven llega incluso a reunirse con el futuro receptor de su órgano, quien le dice que ya ha sido engañado en varias ocasiones perdiendo miles de yuanes y que de completarse la operación tendrá que pagar 300.000 yuanes (45.700 dólares).

Sin embargo, los traficantes ya lo tienen todo planeado. El 6 de enero de 2011, Hu Jie es llevado al Hospital Changliang (长良医院), donde los mafiosos que han organizado el trasplante se encargan de que la operación se lleve a cabo. Muy asustado, Hu Jie intenta salir de la habitación y escapar, pero es perseguido por los traficantes, que vigilan todas las puertas del hospital. Incluso cuando la enfermera le va a anestesiar, Hu Jie intenta resistirse y hace todo lo posible para que no le pongan la inyección. Dos de los traficantes entran en la sala de operaciones, le inmovilizan y la enfermera consigue finalmente anestesiarle. Dos minutos después Hu Jie pierde el conocimiento.

Como explica al propio periodista del Nanfang Zhoumo, en ese momento su donación “no fue para nada voluntaria”. A pesar de haber sido realizada en un hospital oficial y por médicos profesionales, del trasplante no ha quedado ningún registro médico ni firma de consentimiento. Cuando el receptor del órgano le pregunta a la enfermera, ésta le responde: “Nosotros en este hospital lo hemos hecho muchas veces, nunca se firma ningún consentimiento”.

Tras la operación, nadie cuida de Hu Jie en el hospital. Durante cuatro días, nadie le ofrece un vaso de agua, tiene que levantarse para ir al baño y pierde diez kilos de peso. Al despertarse, todas sus pertenencias ya están en la habitación. Cuando mira su carta bancaria, se da cuenta de que no le han ingresado el dinero prometido, sino tan sólo 27.000 yuanes (4.100 dólares). De vuelta a Guangdong, el lugar donde trabajaba, Hu Jie sigue sintiéndose mal, tiene problemas para orinar y la cicatriz le sigue doliendo. Cuando llama al doctor que le ha operado, éste no quiere ocuparse de su tratamiento.

Desesperado, Hu Jie decide hacer pública su historia a través de Internet y denunciarlo a la policía. Después de que el caso haya sido investigado por las autoridades de Guangdong, Shanxi y Linfen, el hospital recibió una multa de 3.000 yuanes (457 dólares) y la enfermera ha sido detenida. Tanto el director general del hospital como el médico que hizo la operación están desaparecidos. Lo mismo ha pasado con los traficantes que organizaron todo el negocio: no hay rastro de ellos. Tras la investigación, el propio hospital hizo público un documento donde explicaba su responsabilidad en el tráfico ilegal de órganos: “Fue una actividad de la enfermera jefe”.

Más

Hace algo más de un año, el diario El País publicó un extenso reportaje que tuvo bastante repercusión y que contaba la historia de Óscar Garay, un español que pagó más de 180.000 dólares por un hígado en China. También puedes leer este otro artículo donde se habla del tráfico de órganos en el gigante asiático.

Fuentes

► Nanfang Zhoumo: 贩肾网络 / 非法器官移植,医院该当何罪?

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5 Comments

  1. Buen articulo Dani.
    Me he leido el link a la historia de Oscar Garay y me ha dado mucho que pensar. Cuando dice eso de que se va "a beberse Bilbao" con un par, y luego se gasta 130,000 Euros para comprarse el higado de una persona China me parece completamente injusto.  Primero, que por venir de un pais rico se ponga delante de miles de Chinos que mueren sin poder transplantarse — sin contar los que se cargan para quitarles organos.    Segundo, es indecente que se den transplantes de higado a personas que siguen bebiendo mientras otras –sean del pais que sean– mueren por no poder acceder a ellos.
    Las autoridades espanyolas deberian actuar inmediatamente con las Chinas para evitar que estas cosas se repitan.
    No me cabe ninguna duda de que al menos una buena parte de estos higado viene de presos encerrados por politicos locales corruptos — no solamente de presos politicos como les gusta decir al FLG,   sino seguramente tb de todo tipo de pequenyos delincuentes a los que nadie sigue la pista.

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    • Totalmente cierto, Julen. Por desgracia, parece que en estos casos el que más dinero tiene es el que se salva, tanto chinos como extranjeros. Una vergüenza que pasen cosas como estas. Se ha hablado mucho de este tema antes, pero después de leer los reportajes del Nanfang Zhoumo a mí se me han puesto los pelos de punta y me parecía importante mencionarlo.

      En cuanto a los presos, no me puedo ni imaginar la de barbaridades que se habrán cometido. El doctor al que cita Caijing viene a decir que antes del 2007 el 95% de los trasplantes eran de personas fallecidas, con un gran porcentaje de condenados a muerte. Me imagino un negocio entre estas mafias y los gobiernos locales en torno a los condenados a muerte y sus órganos muy muy sucio. Si se mueven las cifras de las que se hablan hoy en día, muchos incluso tenían un muy importante incentivo económico para condenar a muerte al mayor número posible de gente.

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  2. Hola, Dani.
    El artículo es impresionante. Hiu Jie casi puede agredecer seguir vivo. Seguro que muchas veces el riesgo de ser descubierto pesa más que la vida del donante y éste nunca se despierta de la mesa de operaciones.
    ¿Viste hace unos meses que China se plantea condenar a muerte a los traficantes de órganos? Más donantes para el sistema: http://wp.me/p1d4sa-B

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    • Gracias, Mario. Muy interesante el tema. Ahora los traficantes de órganos pueden seguir contribuyendo al negocio, pero desde el otro lado.

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  3. jonathan muñoz

    Tienen informacion de buena fuente y creible de cuales son los organos mas traficados al mercado negro??, en cifras y otros datos??

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