Política

China quiere aprender del terremoto de Japón

En un país como China, donde las catástrofes naturales se suceden todos los años y los terremotos han dejado una fuerte conmoción en el país, la reciente crisis en Japón se ha seguido con lupa. Desde la resistencia de las escuelas, la actitud de los ciudadanos ante la catástrofe o la confianza en el gobierno nipón, algunos medios chinos se han mirado en el espejo japonés para analizar las diferencias entre los dos países ante desgracias similares.

De todas las catástrofes de los últimos años, el terremoto de Sichuan de 2008, que causó al menos 68.000 víctimas, dejó una huella indeleble en el subconsciente chino. En ese seísmo se derrumbaron más de 7.000 escuelas que causaron la muerte a como mínimo 5.000 estudiantes (algunas organizaciones hablan del doble de fallecidos), poniendo así en entredicho la calidad de las construcciones y acusando a los políticos locales de corrupción. Varios medios, padres y ONGs (incluido el artista Ai Weiwei) intentaron profundizar en el tema y exigir responsabilidades, pero a los pocos meses el gobierno chino se encargó de silenciar la polémica y de perseguir a los involucrados.

En un especial sobre este tema, el portal de noticias Netease se hacía una pregunta que comparaba los dos terremotos más trágicos de los últimos años en los dos países asiáticos: “¿Por qué las escuelas japonesas no se caen ante los terremotos?”. Acompañando el titular, el subtítulo era también muy claro: “Lo que mata a la gente no son los terremotos, sino las construcciones”. En claro contraste con la tragedia de Sichuan, el artículo analiza la importancia que los nipones le han dado a la seguridad en las escuelas:

“En los últimos diez años, desde el 2001, Japón ha tenido 18 terremotos de 6,5 grados o más en la escala de Richter, con un total de 113 víctimas mortales. Pero ni un solo estudiante o profesor de primaria y secundaria ha muerto por el colapso de las escuelas o accidentes similares”.

Según los japoneses, “otros edificios pueden caerse, pero las escuelas no”.Tanto es así, que las escuelas suelen convertirse en el primer refugio de los nipones y el lugar desde donde organizar parte de la ayuda humanitaria.

Netease dice que Japón comenzó a preocuparse por este tema ya en 1923 y que ha aprendido con el paso del tiempo a asegurarse de que las escuelas sean construidas para soportar un terremoto de 7 grados en las escala Richter. Entre las principales medidas, los centros educativos no pueden superar las cuatro plantas y tanto las vigas del edificio como los muros se refuerzan con estructuras de hierro y acero. Además, las pistas deportivas de las escuelas se preparan para que puedan aterrizar helicópteros y todas las aulas tienen que contar con una salida de emergencia.

Además de una tradicional preocupación por la resistencia ante los seísmos de las escuelas, Japón ha seguido aprendiendo en los últimos años. Según el portal de noticias Netease, un mes después del terremoto de Sichuan el gobierno japonés destinó casi un billón y medio de dólares para mejorar las construcciones de las escuelas. Para algunos, Japón aprendió más de aquella catástrofe que el propio gobierno chino.

En el patio de una escuela japonesa se pide ayuda (SOS) ante la catástrofe.
En el patio de una escuela japonesa se pide ayuda (SOS) ante la catástrofe.
La credibilidad del Gobierno

Al igual que los medios occidentales, los chinos también han hablado del orden y la tranquilidad con la que los ciudadanos japoneses han respondido a la catástrofe. En un largo artículo publicado en el Nanfang Zhoumo, este semanal también hacía referencia a un factor que ha contribuido a este estado de ánimo general: la confianza en su gobierno. Aunque durante los últimos días han circulado muchos rumores sobre las radiaciones que estaban emanando de la central de Fukushima, la mayoría de japoneses han decicido no escucharlos y hacer caso a su gobierno. Como decía uno de los entrevistados por el Nanfang Zhoumo que se encontraba muy cerca de Fukushima: “Si el gobierno me dice que me vaya, me voy. Si los rumores y cotilleos me dicen que me vaya, no me voy”.

Esta situación contrasta mucho con la relación entre los ciudadanos chinos y su gobierno, casi siempre marcada por la desconfianza. Cuando en 2003 se produjo la crisis del SARS, que en un principio fue ocultada por Pekín, el país entró en un estado de pánico y nadie hizo caso a las recomendaciones del gobierno destinadas a frenar la enfermedad. Este tipo de situaciones se han repetido en los últimos años y ha vuelto a surgir con la crisis en Japón. A los pocos días de conocerse la peligrosa situación en la central de Fukushima, comenzaron a circular por China mensajes de móvil que hablaban de una ola radiactiva que afectaría a toda Asia. Además, también alentados por rumores totalmente falsos, muchos chinos se lanzaron a comprar sal para protegerse de las radiaciones, en una especie de locura nacional que no tenía ningún sentido  (ni la sal proveniente de Japón estaba contaminada, ni servía para protegerse de nada, ni había habido ningún incremento de las radiaciones en China).

De no mejorar la credibilidad del gobierno y de sus medios de comunicación, cualquier catástrofe en China se producirá en un terreno abonado para los rumores y el pánico.

Fuentes

► Netease: 日本校舍为何震不倒

► Nanfang Zhoumo: 地乱了,心却不乱 在大震灾里读日本

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