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China – Estados Unidos: huir de teorías conspirativas

La reciente visita de Hu Jintao a Estados Unidos ha traído consigo un largo número de artículos de opinión y teorías de todo tipo sobre las relaciones de estos dos gigantes económicos. Uno de los artículos más interesantes publicados en la prensa china fue el de Liu Yawei, quien defendía la necesidad de superar todo tipo de teorías conspirativas, tanto la de “la amenaza china” propagada por determinados grupos de interés en Washington como la de la “amenaza estadounidense” defendida por muchos nacionalistas chinos.

A continuación traducimos su articulo, publicado en el Global Times (环球时报) justo antes de la llegada de Hu Jintao a Estados Unidos.

TRADUCCION
 Basta de teorías conspirativas
Liu Yawei (刘亚伟)

Antes de la Fiesta de la Primavera de 2011, Hu Jintao realizará una visita de gran importancia a EE.UU. Puede que 2010 haya sido el año con más problemas entre China y EE.UU., unos problemas que durante los próximos años tendrán un efecto inimaginable sobre el desarrollo de ambos países y del mundo entero. La China actual está experimentando un desarrollo vertiginoso, mientras que EE.UU. ha entrado en una relativa decadencia. Se está volviendo cada vez más difícil llevar las riendas de las relaciones bilaterales sino-estadounidenses a causa del desajuste en el equilibrio de fuerzas entre ambos países, de modo que las cumbres bilaterales son de suma importancia. En estos momentos, el deber principal de China consiste en la transformación de su desarrollo económico, y sin la colaboración de EE.UU. y el mundo occidental eso será algo muy díficil de lograr. Por otro lado, en los próximos años EE.UU., China, Corea del Sur y Japón verán cambios en sus cúpulas dirigentes, y antes de que eso suceda es muy importante devolver el desarrollo de las relaciones bilaterales sino-estadounidenses a la vía correcta.

Sin embargo, el desarrollo sin obstáculos de las relaciones entre China y EE.UU. se enfrenta a dos fuerzas ocultas que tienen un gran poder, y que se acomodan a los cada vez más intensos problemas internos y al juego político internacional entre ambos países, que con el tiempo se va volviendo más sutil. En EE.UU. existe la “teoría de la amenaza china”. Los culpables de que exista esta corriente son los estudiosos neoconservadores y parte de los liberales, los miembros retirados o en activo del Ejército o de la CIA, los portavoces del Ministerio de Defensa y la gente de a pie afectada por dificultades económicas temporales. No dejan de preconizar la idea de que “el auge chino significa el declive estadounidense”, y claman que el llamado “consenso de Pekín” leninista está sustituyendo el “consenso de Washington“, que sirve de motor al liberalismo y a la economía de mercado. Han advertido con voces alarmistas de que la China en auge y los EE.UU. en decadencia acabarán por protagonizar de nuevo los conflictos que se produjeron entre Alemania y Reino Unido antes de la I Guerra Mundial, abocándoles necesariamente a una guerra.

Los republicanos, que pretenden llevar a los demócratas a una jungla política, han aprovechado para sembrar cizaña y acusar al Partido Demócrata representado por Obama de arrodillarse ante China. Para ellos, se trata de algo indignante, y es por esa razón por la que hay que llevar a cabo un gran reajuste de las políticas estadounidenses hacia China, para obligar a Pekín a cambiar y devolver a EE.UU. su gloria perdida.

En China, esta fuerza oculta se resume en la “teoría de la conspiración de EE.UU.”, que tiene su origen principal en los miembros de la ideología ultranacionalista y los grupos de interés. Enarbolando la bandera del patriotismo, pregonan las humillaciones sufridas durante siglos por los chinos, y señalan alarmados a EE.UU. y Occidente, cuya voluntad de doblegar a nuestro país no ha muerto. Para estas personas, el tipo de cambio del yuan, la compra de deuda extranjera, el déficit comercial, el cambio climático, las operaciones antiterroristas en Asia Central y la alerta de los países vecinos son sogas que rodean el cuello de China. Harán que se oiga en todo el mundo el mensaje de que “China puede decir que no” y que “China no está satisfecha“, así como el “modelo chino”. La irregular apertura de los medios de comunicación chinos ha hecho que esta teoría gane poder, y las políticas de China destinadas a mantener la estabilidad y el inicio de la alternancia política en el país asiático han hecho súmamente fácil que esta ideología o percepción se convierta en las coordenadas y la guía de las políticas hacia EE.UU.

Aunque en ambos países hay fuerzas ocultas que pretenden socavar las relaciones constructivas y de cooperación, los líderes chinos siempre han sido capaces de mantenerse lúcidos, reiterando al mundo y a su población que China es y será un país que busca el desarrollo pacífico, y que no tiene interés en la supremacía, ni tampoco tiene capacidad para superar a EE.UU. Es necesario que los dirigentes expliquen esta labor, pero también es necesaria la participación de un mayor número de ciudadanos chinos.

Paralelamente, para eliminar la teoría de la conspiración de EE.UU. también es necesario que los observadores estadounidenses y la gente de EE.UU. se esfuercen más por acabar con las dudas en torno a China. Por una parte, los medios de comunicación estadounidenses no necesariamente tienen que reflejar la opinión del Gobierno, dado que en ese país existe la libertad de expresión. Por otro lado, en EE.UU. hay elecciones, de modo que no es extraño que los políticos hagan mención a China. Además, el Congreso de EE.UU. puede influir sobre la legislación y las políticas de este país, de modo que los cambios en las políticas estadounidenses hacia China sólo podrán avanzar de forma ordenada y gradual, y es difícil que se produzcan resultados inmediatos.

Asimismo, si EE.UU. quisiera realmente contener a China no mantendría unas relaciones económicas y financieras tan estrechas con ella, ni tampoco acogería a estudiantes ni a académicos de esa nacionalidad. Por último, entre ambos países existen todavía unas diferencias demasiado grandes, y gastar saliva hablando sobre el declive estadounidense no sólo será visto como superficial por el resto del mundo, sino que además será considerado presuntuoso.

Como consecuencia de las diferencias históricas, culturales y de sistema, es imposible que China y EE.UU. lleguen a un consenso en todo, ya que los intereses y la seguridad nacionales podrían dar lugar a divergencias y conflictos. Con todo, hay que mantenerse alerta hacia aquellos individuos y colectivos que pretenden dañar y socavar las relaciones sino-estadounidenses a causa de la orientación ideológica y las ganancias y las pérdidas de sus intereses, a quienes las necesidades de la política interna y las cambiantes relaciones internacionales les suelen permitir causar problemas. En una situación tan compleja como ésta, los líderes de China y EE.UU. deben hacer como los anteriores líderes, y tener valentía y visión de futuro para sentar el nuevo marco y las nuevas bases para una relación de prolongada paz y estabilidad.

Tal como ha indicado el politólogo Zbigniew Brzezinski, que en su momento dedicó grandes esfuerzos al establecimiento de las relaciones diplomáticas entre China y EE.UU., los dos países necesitan un cuarto comunicado: “Este comunicado puede asegurar un mutuo trato justo entre estos dos países con historias, identidades y culturas completamente diferentes, y también puede hacer que ambas partes desempeñen un histórico papel en la escena internacional.”

Fuente

► Global Times: 不要有太多的“美国阴谋论”不要有太多的“美国阴谋论”

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