Educación

4 – En las aulas

Nota: El siguiente texto forma parte del libro “Universitario en China. Así son los futuros líderes del país”, escrito por Daniel Méndez con el apoyo de la Fundación ICO. En él se analiza la evolución de las universidades chinas y la forma de vivir y pensar de sus estudiantes, intentando explicar muchas de las transformaciones que ha vivido el país en los últimos 30 años. Hoy ofrecemos el cuarto capítulo, donde se analizan las distintas carreras, la forma de evaluar a los estudiantes y el método de estudio. Actualización: puedes leer en ZaiChina todos los capítuloscomprar la versión impresa o hacerte con el libro para tu Kindle.


Si la Universidad de Pekín cuenta con los estudiantes más brillantes de China, en un país tan poblado como éste eso es garantía de calidad. A Teresa Tejeda, profesora de español durante un año en Beida, casi se le caían las lágrimas antes de abandonar la universidad. Si en el plano personal su experiencia con estudiantes chinos había sido enriquecedora, en el plano académico no podía estar más satisfecha: “Nunca voy a volver a tener unos estudiantes tan buenos, porque en ningún país se hace una criba semejante para conseguir a los mejores”.

En la misma línea se mueve Roberto H.E. Oest, un elegante profesor argentino de 74 años que enseñó durante 47 en Japón. Después de tres años en la Universidad de Pekín, Roberto tiene pocas dudas: “los estudiantes chinos tienen más garra, son mucho mejores que en Japón”. Roberto compara a los estudiantes chinos de hoy con los japoneses de hace 30 ó 40 años, cuando el país estaba en pleno proceso de desarrollo y había necesidad. Ahora las cosas han cambiado: “allí viven en casa de sus padres, son más cómodos… ya no tienen ese mismo espíritu de esfuerzo”, reconoce Roberto, que de lo único que se queja de la Universidad de Pekín es de la falta de libros en español. “Hay alumnos que en su tercer año de español saben más que sus profesores. Tienen un nivel muy bueno”.

Michael Pettis también es de los que alaba la dedicación de sus estudiantes. En una de nuestras conversaciones en su bar, el D‐22, se apuntaba a la frase que siempre repetía uno de sus compañeros de trabajo: “La diferencia entre estudiar en Hongkong y en Pekín es que las universidades de Pekín tienen estudiantes muy buenos y universidades muy malas; las de Hongkong tienen universidades muy buenas pero estudiantes muy malos”. China tiene un enorme potencial humano que es evidente en las mejores universidades del país.

“Estudian mucho. Muchísimo”

Los estudiantes de Filología Hispánica de primer año de Beida se quedaron sorprendidos cuando su profesora, Teresa Tejeda, les informó de que en el campus había muchos hispanohablantes. Enseguida le rogaron que les pusiera en contacto con ellos y, a las pocas semanas, Teresa organizó una comida en una de las salas del departamento de español. En la sala estábamos unas 50 personas. De fondo sonaba música española contemporánea y de vez en cuando algunas notas de flamenco. En su afán por hablar español con nosotros, las chicas, como casi siempre, eran las que lideraban el camino.

Tras dos horas de conversaciones e intercambio de teléfonos, la impresión que dejaron en todos nosotros fue unánime: hablaban muy bien. Después de sólo tres meses estudiando español (para muchos el primer contacto con esta lengua) podían comunicarse en situaciones normales. Cuando nos arremolinamos en torno a Teresa en busca de una explicación, su profesora sólo tuvo tres palabras: “Estudian mucho. Muchísimo”.

Ésta es una de las ventajas que los estudiantes chinos tienen en comparación con la mayoría de universitarios de otros países: su dedicación. Son disciplinados, cumplen sus deberes y tareas a rajatabla y se pierden muy pocas clases. El director económico financiero en China de la empresa ALSA, Rafael Fernández, resumía este fenómeno con claridad: “La capacidad de sacrificio y esfuerzo aquí es impensable en España”. Él se refería a sus trabajadores, pero la misma idea se puede aplicar a los universitarios chinos.

Los profesores suelen ser otro ejemplo de dedicación al trabajo. En el departamento de chino para extranjeros, donde pasé un año y medio, ninguno de los profesores llegó ni una sola vez tarde a clase. Los profesores mantienen un nivel de trabajo y una intensidad en las clases sorprendentes: corrigen los exámenes de un día para otro, son muy metódicos y echan muchas horas. De los estereotipos que los occidentales tienen sobre los chinos, éste en general se cumple: son muy trabajadores.

Aunque la universidad exige muchas horas de estudio a los universitarios, en comparación con el instituto es un descanso. En las mejores universidades hay más presión para conseguir buenas notas y destacar del resto, pero en general casi todos lo ven como una liberación. Kevin, que estudió en la Universidad de Xian y luego en Beida, recuerda como fue su primer año de universitario: “nadie quería estudiar mucho porque todos estábamos cansados de haber preparado el gaokao, así que el primer año intentamos descansar y pasarlo bien”. La carga de trabajo y presión sobre los estudiantes es tan fuerte en el instituto que la universidad es casi una fiesta: “la diferencia entre el instituto y la universidad es enorme. En la universidad tienes mucha libertad”.

Todos los estudiantes coinciden en definir la universidad con una frase: jinru tebie nan, chulai rongyi (进入特别难,出来容易), entrar es muy difícil, salir muy fácil. Lo más complicado para un estudiante chino es pasar el gaokao y entrar en una buena universidad. Después, todo es más fácil. La inmensa mayoría de estudiantes finaliza sus estudios en el plazo previsto (cuatro años para las licenciaturas) y el número de estudiantes que suspende alguna asignatura cada año es tan mínimo que en las universidades chinas no existen los exámenes de recuperación en junio o en septiembre. El contraste con España es radical: en nuestro país el 30% de los universitarios abandona la carrera en los dos primeros años y la media de estancia en la universidad es de seis cursos, dos más de los previstos.

La nota para aprobar asignaturas en las universidades chinas es de 60 sobre 100. Estar en torno al 60 ó 70 en la Universidad de Pekín es considerado un fracaso. La inmensa mayoría se mueve por encima de 80 y los estudiantes más trabajadores nunca bajan de 90. Tanto estudiantes como profesores coinciden en dos factores que explican este fenómeno de notas tan altas: las exigencias son bajas y los universitarios muy aplicados.

En las carreras de letras, los estudiantes suelen tener en torno a ocho asignaturas por cuatrimestre. El sistema chino combina las presentaciones, trabajos y exámenes para dar una nota final. En este sentido, las universidades chinas han roto con el modelo de un examen, una nota final. Aquí se tienen muchas otras cosas en cuenta.

Aún así, son muchos los que critican la enorme cantidad de asignaturas que tienen por cuatrimestre. Con tantas clases diferentes en un sólo cuatrimestre, los trabajos y presentaciones realizadas por los alumnos no pueden llegar a niveles muy profundos. La mayoría sólo los hacen para quitárselos de en medio y en ocasiones un mismo trabajo se presenta a tres asignaturas distintas.

A la búsqueda de la flexibilidad

En los últimos años, una de las críticas que se hacía al sistema universitario chino era su rigidez. Todos los estudiantes tenían un plan definido de asignaturas, desde el primer hasta el último año, con pocas optativas y pocos itinerarios que recogieran las distintas motivaciones de los estudiantes. Desde 2003, la universidad de Pekín se ha esforzado por dar mayor libertad a sus estudiantes en cada carrera, reduciendo las asignaturas obligatorias hasta el 60% de los créditos totales. Desde 1989 se han impulsado también las dobles licenciaturas, de tal forma que los estudiantes obtienen dos títulos en tan sólo cuatro años. Según las cifras de la universidad, un 30% del total de universitarios de Beida ha formado parte de este modelo de doble grado entre distintos departamentos. La intención es fomentar la creatividad, los intereses de los alumnos y una educación más integral.

El doble grado no sólo permite la interacción entre las distintas carreras de la universidad, sino que en China también sirve para dar más libertad a sus estudiantes y que puedan dedicarse a lo que realmente les interesa. Debido a lo complicado de entrar en las mejores universidades, la mayoría ni siquiera se preocupa por qué carrera estudiar. Con el doble grado, muchos tienen la oportunidad de dedicarse a aquellas materias que les interesan y hacer carreras para las que no les llegaba la nota. Este sistema también está dando un fuerte impulso a los estudios de economía y negocios: en un país que se ha lanzado al capitalismo, estos estudios parecen fundamentales para poder encontrar un trabajo después de la universidad.

Entre esta tendencia hacia la libertad de los estudiantes, el Plan Yuanpei (en honor a Cai Yuanpei, un antiguo rector de la universidad de Pekín que tuvo una enorme influencia a principios del siglo XX debido a su impulso del libre pensamiento) es sin duda el proyecto más ambicioso. La idea es que los estudiantes, guiados por un tutor, puedan elegir libremente el plan de estudio en sus primeros años para después profundizar y especializarse en un sólo tema. Una vez más, se trata de fomentar los intereses de los estudiantes y hacer más flexible el sistema universitario.

Profesores

Una de las cosas más sorprendentes de Beida es que, a pesar de contar con algunos de los mejores profesores del país, sus salarios y condiciones son bastante modestas. Aunque depende del departamento y la experiencia (los que más cobran son los de la escuela de economía y business, llamada Guanghua), podríamos situar su sueldo medio entre los 4.000 y 6.000 yuanes al mes (400 – 600 euros). Hasta los años 80 e incluso 90 muchos disfrutaban de otras ventajas (dietas, alojamiento…) que han ido desapareciendo en el siglo XXI.

“Poco a poco ya no va quedando nada de los antiguos privilegios”, confirma el profesor Liu en uno de los restaurantes de la universidad. “El salario es un poco bajo, sobre todo si lo comparas con los países occidentales”, declara Liu, un antiguo minero que accedió a la universidad en el primer examen tras la Revolución Cultural y que ha sido profesor de Historia Contemporánea de China desde 1986. Un fenómeno todavía más sorprendente es que los profesores de los mejores institutos del país tienen salarios más altos que los de la universidad: los primeros se aprovechan de las altas tasas que hay que pagar en los institutos (sobre todo para la gente que viene de fuera) para engordar sus ingresos mensuales. En algunos casos, la situación es tan paradójica que un recién licenciado puede ganar más dinero que un profesor de la mejor universidad del país.

Aún así, los profesores de Beida tienen suerte: la universidad no les paga mucho en dinero, pero sí en prestigio. Los mejores profesores aumentan sus beneficios anuales gracias a conferencias, artículos y libros. Algunas instituciones y empresas están dispuestas a pagar a golpe de talonario a los mejores profesores del país, así que una parte importante de su sueldo viene de forma indirecta gracias al prestigio de Beida.

En muchos casos, cada vez más, los profesores cuentan con ayudantes (denominados zhujiao -助教-) que les apoyan en el desarrollo de sus clases. Su función es facilitar el contacto con los estudiantes, corregir trabajos, preparar los ordenadores antes de las clases y echar una mano en cualquier tarea que necesite el profesor. Los ayudantes suelen ser estudiantes de máster y cobran unos 500 yuanes ‐50 euros‐ al mes por asignatura. No es un fenómeno tan generalizado y bien desarrollado como en las universidades norteamericanas, pero lo cierto es que libera a los profesores y ayuda a los estudiantes.

“Repite, repite”

Wugang es un pequeño pueblo situado al sur de la provincia de Henan, en el centro‐este de China. Para llegar hasta allí primero hay que coger un tren hasta Luohe y después una de las furgonetas que se encargan del transporte hasta los lugares más remotos. En todo el pueblo no hay ningún lugar donde comer pizza y sólo un sitio, el hotel, donde se puede tomar café. Este pueblo, rodeado de montañas, un lago inmenso y flores que cambian de color en cada estación, es probablemente uno de los lugares en el que los niños tienen menos oportunidades de llegar a una buena universidad.

Kevin lo sabe y por eso ha decidido volver. Después de estudiar inglés en la Universidad de Xian y un máster de Derecho en Beida, decidió que lo mejor que podía hacer con su vida era regresar a Wugang y mejorar las oportunidades de sus pequeños estudiantes. Contactó con guarderías e institutos y, acompañado de su mujer, comenzó a dar clases de inglés y realizar actividades relacionadas con el extranjero. Kevin suele traer occidentales de la capital de China para ayudarle con las clases, a los cuales invita a su casa con la mayor hospitalidad china que uno pueda imaginar.

Cuando estuve en la guardería de este pueblo de Henan, me quedé prendado de una estudiante de cinco años llamada Mia. Era una de las chicas más inteligentes de la clase, siempre despierta, atenta a las explicaciones y con ganas de participar. Su entusiasmo se combinaba con un gran respeto por el profesor: sabía cuándo había que callarse y no impedía el desarrollo de la clase. Cuando le pregunté a Kevin por ella, se puso triste de inmediato: “es una estudiante muy inteligente, muy activa, le gusta siempre contestar a las preguntas de los profesores… y esto a ellos no les gusta”. Según Kevin, los profesores están intentando por todos los medios rebajar la actividad e iniciativa de Mia, incluso hablando con sus padres. “A los profesores les gustan los estudiantes tranquilos y obedientes, de esta forma se pueden ocupar de los 60 alumnos que tienen por clase”, dice Kevin, que aunque no comparte esta forma de enseñanza, reconoce que la única forma de dar clases con tantos alumnos (en los institutos puede llegar a haber más de 100 estudiantes por clase y algunos profesores utilizan micrófono) es sin participación.

Una de las críticas al sistema chino, desde la educación primaria hasta la universidad, es su excesivo énfasis en la memorización y la pasividad de sus estudiantes. Zhang Li, que estudió en la Universidad Pedagógica de Pekín, recuerda como “el profesor nunca te pregunta `¿qué opinas?´ `¿Qué piensas?´ Siempre dice: `repite, repite´”. Hasta que asistió a clases de idioma en un centro extranjero, Zhangli siempre había considerado este método como algo normal. “Los profesores extranjeros no obligan nunca a memorizar las palabras, pero los chinos sí”, dice sin dudar en elegir su método preferido: “los extranjeros nos dicen que hablemos naturalmente, a mí me gusta más y se aprende más, es más divertido”.

En el estudio de idiomas, la memorización de listas de vocabulario es una de las tareas más importantes en China. En la propia Universidad de Pekín, muchos estudiantes se aprenden de memoria los textos de clase: frase a frase, palabra a palabra, coma a coma. Al salir del último examen de Historia Contemporánea de China, mi amigo Yin Ziqi, en segundo año de la carrera de Historia, me confesaba que el examen no le había salido muy bien: “no memoricé lo suficiente”, decía una y otra vez. En ocasiones la palabra estudiar (xue, 学) y memorizar (bei, 背) son sinónimos en China.

En su muy crítica revisión de la educación en China, la periodista Qu Lan afirmaba sin dudas que a los estudiantes chinos les faltaba “capacidad de imaginación, réplica, pensamiento y planificación”. Para explicar este fenómeno, la autora ponía un ejemplo. Un niño de cinco años, recién llegado a Estados Unidos desde China, asistía contrariado al método de su profesor de dibujo. Después de unas pocas horas de clase, el niño no quería volver porque “el profesor no hacía nada” y tan sólo decía a los estudiantes que “dibujaran lo que quisieran”. Su padre, que era artista profesional, decidió asistir a las clase de dibujo para ver cuál era la situación y comprobar las diferencias entre la forma de enseñar en China y en Estados Unidos. Según él, al acabar sus dibujos, los estadounidenses siempre preguntaban al profesor: “¿Está bien?”. Los niños chinos hacían una pregunta diferente: “¿Se parece?”. Según pudo comprobar con su propio hijo, éste era capaz de imitar a la perfección el trazo de cualquier objeto y realizar una copia en papel exacta. Cuando se le pedía que realizara una creación propia sobre un tema en concreto, sin embargo, el niño no tenía la suficiente imaginación. Según Qu Lan, esta es la forma de enseñanza en China: los estudiantes aprenden a copiar y memorizar; no a crear y pensar.

Michael Pettis, que tiene una buena perspectiva de las diferencias educativas en distintos países, también piensa que la educación china “está demasiado basada en la memorización”. “En vez de enseñarles cómo romper las normas, lo que de verdad se hace es enseñarles a seguirlas”, dice Michael Pettis mientras cuatro de sus estudiantes asienten en silencio. Michael continúa con un ejemplo que se repite en las mejores universidades estadounidenses y que apunta a la educación primaria como lugar donde se crean estos problemas:

“Si vas a las mejores universidades de EE.UU. y los programas de doctorado, hay muchos estudiantes chinos. Nunca encontrarás a ninguno en la parte baja, todos están de la mitad para arriba. Pero el problema es que nunca verás a un estudiante chino entre el 10% de los mejores. Porque trabajan muy duro, hacen muy buenos exámenes, pero no dan el siguiente paso… Y yo creo que esto es un problema educativo”.

Un problema conocido y sobre el que se debate en la sociedad china. El periódico pequinés Xinjingbao publicaba el 1 de noviembre tres páginas de debate bajo el título: “¿Cómo pueden las universidades cultivar la innovación y el talento?”. El McKinsey Global Institute publicó en octubre de 2005 un informe en el que hablaba de la falta de talento en China y decía que el país debería mejorar la calidad de sus licenciados. Según este informe, a pesar del enorme número de ingenieros que salen al mercado todos los años (según unas cifras muy discutidas, 600.000 en el año 2004, más que Estados Unidos e India juntos), las empresas internacionales y chinas encuentran problemas a la hora de reclutar candidatos idóneos. El McKindsey Global Institute apuntaba a una mejor formación académica para pasar de un modelo económico basado en las exportaciones baratas a uno en el sector servicios y las nuevas tecnologías. O, como se dice normalmente, pasar del made in China al invented in China. El futuro desarrollo del país pasa en buena medida por mejorar el nivel de educación y ser capaces de crear talento.

Algunas voces apuntan al idioma chino como uno de los motivos de este énfasis en la memorización. Aprender la escritura china, incluso para un nativo, requiere una cantidad de tiempo y esfuerzo impensables para los occidentales. El chino no tiene alfabeto, con lo cual los niños tienen que memorizar cada uno de los caracteres de forma individual, con su significado y sonido. Los estudiantes suelen aprender unos 3.000 caracteres antes de llegar al instituto, con doce años, y cuando llegan a la universidad el número se sitúa en los 7.000. La única forma de aprender estos caracteres es a través de la repetición y la memorización. Los niños chinos lo aprenden desde muy pequeños, y de una forma u otra, sin duda influye en su desarrollo posterior.

Junto al estudio de su propia lengua, Zhang Yan, profesor de chino clásico en Beida, piensa que otra de las causas proviene de la herencia histórica. Los exámenes imperiales, que comenzaron en el año 605 con la Dinastía Sui, primaban el conocimiento palabra por palabra de los textos clásicos y eran la única forma de trabajar para el gobierno. En el siglo XII, durante la dinastía Song, el neoconfucianismo encabezado por Zhuxi promovió una educación estricta basada en la memorización. Durante la dinastía Qing (1644 – 1911) se prohibió expresar ideas y opiniones propias en los exámenes. La cultura china tiene una larga historia educativa basada en la recitación de poemas y la memorización de textos clásicos como forma básica de aprendizaje.

Aún así, esta memorización y la lengua china tienen ventajas importantes. Los niños chinos obtienen notas excelentes en las competiciones internacionales y en disciplinas como matemáticas. La necesidad de aprender tantos caracteres desde tan pequeños es una increíble fuente de estímulo para el cerebro. Zhang Yan cree que la memorización debe ser una parte importante de la educación, aunque “lo malo es cuando la memorización reemplaza al análisis”.

En China, casi todo el mundo cree que la memorización debe ser un método fundamental de enseñanza en las escuelas. La profesora Liu Xiaoyu, que tiene una hija de nueve años, piensa que la memorización “es algo necesario”. “Mi hija tiene que memorizar todos los días un montón de frases de Laozi, Confucio, Mencio… ella no entiende nada, pero lo importante es que esté aquí”, dice mientras señala su cabeza. La idea de muchos chinos es que hay que aprovechar los primeros años de los niños, cuando la capacidad de memorización es mayor, para meter todas esas cosas en su cerebro.

Cuando se debate en torno a este tema, en China siempre se suele hablar del Premio Nobel. Aunque varias personalidades nacidas en China han obtenido este prestigioso galardón, todos ellos han realizado sus carreras en el extranjero, como el escritor Gao Xingjian o el físico Chen Ning Yang. A pesar de ser el país más poblado del mundo, China todavía no ha creado ningún ganador del prestigioso galardón. “Naturalmente, esto no es lo que China quiere ver”, resumía Li Lixu, profesor de la Universidad Normal de Shandong y experto en temas de educación.

Por encima de muchas otras consideraciones, las estructuras sociales, culturales y políticas del país también impiden el espíritu de crítica y la liberación creativa de los jóvenes chinos. Aunque la situación haya mejorado enormemente en los últimos 30 años, en China sigue sin haber libertad de expresión ni una opinión pública real. En la televisión se echan en falta debates acalorados sobre temas polémicos. El Partido Comunista marca casi siempre los límites sobre lo que se puede hablar y lo que no. Los universitarios chinos han crecido y viven en este ambiente, que sin duda sigue potenciando la obediencia, castrando la libertad y poniendo obstáculos a la creatividad y el pensamiento crítico.

Junto a las características históricas y culturales de este fenómeno, el nivel de desarrollo del país es otro factor importante. Japón y Corea del Sur también fueron criticadas por este énfasis en la memorización en los años 60 y 70 (o incluso en la actualidad) y hoy cuentan con algunas de las mejores universidades del mundo y son líderes en innovación en el sector de las nuevas tecnologías. El fenómeno, aunque nadie habla de él, tampoco es desconocido en España, donde hasta hace bien poco la memorización era el único método de evaluación de los estudiantes. China está tomando medidas para potenciar el debate y el análisis, y en las clases de máster de Beida, por poner sólo un ejemplo, los estudiantes hablan más que el profesor. Es de esperar que con el desarrollo económico y los cambios sociales que está experimentando el país la situación vaya mejorando poco a poco en los próximos años.

Fuentes

- Todas las fuentes han sido incluidas en forma de links a lo largo del capítulo. Para más detalles, pues leer en ZaiChina todos los capítuloscomprar la versión impresa o hacerte con el libro para tu Kindle.

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4 Comments

  1. Mengsi

    Llevo 3 años ejerciendo como profesora de español en China. He trabajado en 3 universidades distintas en lugares distintos (a nivel geográfico e institucional) y si bien es cierto que los suspensos son raros y que todos los que siguen sus estudios sin abandonarlos, los terminan en 4 años, no es siempre por méritos propios. En realidad, solo un numero que no debe superar el 50% de los licenciados, calculo sin estadísticas pero consciente de mi experiencia y de lo mucho comentados con mis colegas, aprueban por méritos propios. El resto son aprobados, algunos sin saber poner una frase del derecho en la lengua que estudian (español y otras, pues esto lo hemos comentado con profesores de muchos departamentos). Por supuesto, no puedo decir esto sobre Beida, no la conozco, ni sobre todas las carreras. Pero si me centro en las de lenguas extranjeras, el párrafo de tu escrito en el que dices: “La inmensa mayoría de estudiantes finaliza sus estudios en el plazo previsto (cuatro años para las licenciaturas) y el número de estudiantes que suspende alguna asignatura cada año es tan mínimo que en las universidades chinas no existen los exámenes de recuperación en junio o en septiembre. El contraste con España es radical: en nuestro país el 30% de los universitarios abandona la carrera en los dos primeros años y la media de estancia en la universidad es de seis cursos, dos más de los previstos.” me ha hecho saltar de la silla. Digo de nuevo, quizás en Beida sea así (aunque he visto vídeos de las clases de español de allí y francamente tengo muchas dudas….) pero extrapolar esta aseveración a todas las universidades chinas es, según mi opinión, erróneo. Redunda en la creación de un estereotipo que cada día desde hace 4 o 5 años se da menos en la realidad de las notas de licenciaturas en China, la relación directa proporcional entre esfuerzo y conocimientos del estudiante y los resultados numéricos de sus notas finales. Por otro lado, comprar el sistema universitario de España con el de China comentando solo que hay un alto índice de abandono de los estudios en el 1er año de carrera o que se tarda más en terminar una carrera, me parece también muy breve comparación que no tiene en cuenta ninguna hipótesis social, económica, política, o de otra índole que explique tales cifras. Me he quedado con “mal cuerpo”, creo que por dentro me siento desasosegada, porque en general me gusta mucho como se tratan los temas de China en esta web, pero en este caso, pienso que se habla muy a la ligera de cosas muy importantes.

    Un saludo cordial !

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    • Hola Mengsi,

      Muchas gracias por tu comentario.

      Estoy de acuerdo con lo que dices y siento mucho que te hayas quedado con mal cuerpo. Ten en cuenta que lo que acabas de leer es sólo un capítulo de los nueve que tiene el libro. En otros apartados puedes leer más comparaciones con el sistema español y puedes ver también como yo mismo me doy cuenta de uno de los puntos débiles del libro: que está muy basado en Beida. Es sin duda un libro que habla de la Universidad de Pekín y que a la hora de extrapolar cosas a todo el país, pues no siempre acierta del todo.

      Fíjate, sin embargo, como a lo largo de este mismo capítulo hablo de algunas de las deficiencias del sistema educativo chino, de como los estudiantes tienen muchas asignaturas en las que profundizan poco, de cómo algunos trabajos se entregan para varias asignaturas, etc, etc… Fíjate como ese mismo párrafo que citas, comienza de la siguiente forma: “Todos los estudiantes coinciden en definir la universidad con una frase: jinru tebie nan, chulai rongyi (进入特别难,出来容易), entrar es muy difícil, salir muy fácil”. Un poco más abajo digo muy claramente que “las exigencias son bajas”… en fin, creo que estoy diciendo de esta forma muchas de las cosas que tú explicas en tu comentario.

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  2. Mengsi

    Apreciado Daniel,
    Muchas gracias por tu respuesta, que aprecio ya que percibo que me entiendes, que se nos entiende a los “profes” en China cuando nos quejamos de que nuestro trabajo y esfuerzo en las aulas de este hermoso y complejo país no importan para nada ya. El hecho de que los alumnos aprendan o no, se esfuercen o no; el hecho de si el profesor se esfuerza a su vez, si es profesional, si está formado, si quiere verdaderamente ayudar a sus alumnos a aprender con placer y no solo a pasar exámenes, ya no tiene valor. Nuestro trabajo aquí resulta bastante banal cuando se mira desde esta perspectiva y ¿a qué profesional que se tome en serio su trabajo no le molesta esto? Nos piden que les enseñemos pero en realidad no importa si lo hacemos o no. Nos piden que expliquemos a los compañeros profesores de las instituciones que nos acogen lo que pensamos de su sistema de enseñanza o de evaluación, pero es pura retórica, pura cortesía que en general termina en un “me he matado a hacerlo lo mejor que he podido y ellos siguen engrosando sus estadísticas de éxito y graduados universitarios en este inmenso país gracias a una mentira, en muchos casos al fraude puro y duro”.
    “Bueno”, pienso a veces, “¡y qué !” Si los chicos a esta edad de 18 a 22 años son todavía muy jóvenes. Ya aprenderán, no hay que ser tan rígida, tan “clasicona” con la educación formal…..Pero entonces me molesta y me parece muy injusto que se compare y se critique a los jóvenes de nuestro país diciendo como se dice en muchos medios que son unos “ni-ni”, que no se “buscan la vida”, que se tiran demasiados años estudiando, que abandonan sus estudios. Bueno, es que en realidad su coyuntura socio-económica no tiene nada que ver con la inversión que está haciendo China en educación para dar estadísticas (falseando resultados) grandilocuentes de sus exitosos universitarios, cuando a nuestros jóvenes universitarios pocas veces se les ha regalado un aprobado “por la cara o por las estadísticas” y tenemos ahora una generación de los nacidos a finales de los años 80 y a primeros de los 90 que tienen formación y títulos, ganados a pulso, para parar un tren y ¿qué hacen con ellos? Se los comen con patatas para cenar, porque no tiene trabajo para poner carne con las patatas. Ya me entiendes. Cada vez que leo o escucho la frase: “los chinos son muy trabajadores”, “los estudiantes chinos estudian mucho”…..miro la realidad que yo veo cada día aquí en China y me digo: “otro topicazao”, porque de todo hay en el mundo y de todo hay en China, trabajadores y vagos (unos cuantos y con tanta desidia a veces que me hierve la sangre!), como en todos lados.
    Bueno, no me enrollo ya más. Un placer leer tu blog. Tus artículos super articulados, de alguien que conoce China y la ama (yo también la amo, con pasión desde hace años), con un don para el análisis intelectual y la escritura que admiro.

    Un saludo
    Mengsi

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    • Gracias por tu comentario, Mengsi. Comprendo muy bien todo lo que me cuentas, de verdad, he conocido a varios profesores extranjeros en China que me cuentan cosas parecidas.

      Y muchas gracias por tu comentario sobre la calidad de esta web, me alegro mucho de que lo veas así.

      Un abrazo.

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