Cultura, Educación

1 – A las puertas de la universidad

Nota: El siguiente texto forma parte del libro “Universitario en China”, escrito por Daniel Méndez con el apoyo de la Fundación ICO. En él se analiza la evolución de las universidades chinas y la forma de vivir y pensar de sus estudiantes, intentando explicar muchas de las transformaciones que ha vivido el país en los últimos 30 años. Hoy ofrecemos el primer capítulo, donde se ofrece una visión general del sistema universitario chino. Actualización: puedes leer en ZaiChina todos los capítuloscomprar la versión impresa o hacerte con el libro para tu Kindle.


En el salón de actos, más de cien estudiantes de quince años esperaban con ansiedad para conocer a los ganadores del concurso de inglés. Después de una semana de clases en este instituto de Feicheng, en la provincia de Jiangxi, al sur de China, sólo tres de los más de 50 participantes se llevarían un regalo a casa. Hu Xiyuan, la encargada de este campamento de verano organizado por la Universidad de Pekín, se acercó hasta la mesa central y mostró al auditorio los premios que se llevarían los ganadores: postales, pins, marcapáginas y agendas. No hubiera sido nada excepcional para estos jóvenes que estaban a punto de comenzar el instituto, a no ser porque los regalos provenían directamente de la Universidad de Pekín y tenían su famoso escudo impreso en ellos. Cuando estos quinceañeros vieron los emblemas de la que está considerada la mejor universidad de China, la ovación y los gritos fueron tan grandes que por un momento el salón de actos pareció convertirse en un estadio de fútbol. Mientras los jóvenes señalaban con las manos los regalos traídos desde Pekín, entre las filas de estudiantes se extendieron los gritos de sorpresa y alegría.

Esta es la pasión que despierta en China la Universidad de Pekín, conocida por todos como Beida -北大- (abreviación de su nombre original, Beijing Daxue). Durante los dos años que pasé en esta universidad, me bastaba con pronunciar estas dos sílabas para que mi interlocutor me llenara de elogios y se me abrieran numerosas puertas. Su importancia es tan grande que Beida se ha convertido en una atracción turística, con museo propio y miles de personas que acuden todos los años al campus para pasear por su lago y contemplar su pagoda. Frente a la puerta principal, es frecuente ver a padres que acuden con sus hijos para sacarles una foto frente a los cuatro caracteres que indican el nombre de la universidad. Piensan que esa fotografía les dará suerte y algún día sus hijos podrán estar al otro lado de la puerta.

La Universidad de Pekín cuenta con este prestigio porque, en un país con más de 1.300 millones de habitantes y diez millones haciendo el examen de selectividad, sólo 3.500 estudiantes consiguen entrar cada año en Beida. Su prestigio llega hasta los pueblos más remotos de China y la Universidad de Pekín puede presumir de ser una máquina de reclutar a los alumnos más brillantes de todo el país. Sólo unos pocos consiguen cruzar sus puertas cada año. Los mejores.

Pero Beida es mucho más que un centro elitista con los mejores estudiantes del país. Por ella han pasado algunos de los intelectuales más importantes del siglo XX, como el escritor Lu Xun, los fundadores del Partido Comunista Chino Chen Duxiu y Li Dazhao o los científicos Wu Wenjun, Huang Kun y Wang Xuan. La universidad ha sido también el centro político y social de los movimientos más importantes de la historia de China, desde el movimiento de mayo de 1919 hasta las manifestaciones en Tiananmen de 1989. La Universidad de Pekín emana respeto por el peso histórico y cultural que ha tenido a lo largo de su historia.

Para comprender lo que pasa hoy en las universidades chinas es imprescindible analizar la situación que vive el país. Desde 1978, cuando Deng Xiaoping tomó definitivamente el control del Gobierno, China comenzó lo que se ha llamado la época de Reforma y Apertura. Con el pragmatismo como guía ideológica y centrada en avanzar hacia el capitalismo y la apertura al mundo, China ha vivido en los últimos 30 años una transformación espectacular. Aunque casi siempre se hace hincapié en los cambios económicos, con un Producto Interior Bruto que ya es el tercero del mundo, lo cierto es que la sociedad también se ha transformado a pasos agigantados.

Desde 1978, China se ha esforzado tanto en mejorar sus instituciones que en muchas ocasiones parece estar construyendo un país nuevo. El sistema legal, la compra y venta de viviendas, las relaciones con el exterior, los medios de comunicación, la estructura de las ciudades, el transporte, el funcionamiento de las empresas, la sanidad, la producción artística… todo ha cambiado (y sigue cambiando) en un país que se mueve a una velocidad vertiginosa. La educación y las universidades no son una excepción.

Después de la paralización de la mayoría de centros educativos durante la Revolución Cultural (1966–1976), China comenzó la reforma de sus universidades en 1977, cuando se restableció el examen de selectividad (en China llamado gaokao) y se organizaron los estudios superiores tal y como se conocen hoy (título de grado, máster y doctorado). Desde entonces, la universidad no ha cesado de reflejar la mutación general del país.

Uno de los aspectos más destacados de este cambio es la extensión y dimensión de la educación superior. De los 270.000 nuevos universitarios en 1977 se ha pasado a más de cinco millones y medio en 2007. El número total de estudiantes en 2005 llegaba a los 23 millones, lo que mostraba un crecimiento del 10% desde 1990. Cada vez más gente disfruta de la universidad en China, que ha pasado de ser un reducto de una élite minoritaria a parte de la sociedad de masas. El porcentaje de estudiantes universitarios entre los 18 y 22 años ha pasado del 4% en 1990 al 22% en 2005.

Otro de los aspectos del desarrollo de las universidades en China es la búsqueda de la excelencia en unos pocos centros educativos. El objetivo prioritario desde los 90 se ha convertido en situar una decena de universidades chinas entre las mejores del mundo. Esta idea se desarrolló durante los años de Jiang Zeming como Presidente del Gobierno Chino (1993 ‐ 2003), quien aplicó esta idea a casi todos los aspectos de la política china. Unos pocos debían enriquecerse primero. Algunas universidades debían liderar el camino a la excelencia educativa.

Para ello se han aprobado dos planes que son los que marcan el rumbo de las universidades: el Proyecto 211, comenzado en 1995 y que pretende impulsar el desarrollo de varias disciplinas clave para el desarrollo del país en 100 universidades de élite; y el Proyecto 985, que habla explícitamente de desarrollar 10 ó 12 universidades “de nivel mundial”. Las primeras nueve universidades incluidas en el Proyecto 985 son las que están consideradas como las mejores del país: la Universidad de Pekín, la Universidad de Fudan, el Instituto de Tecnología de Harbin, la Universidad de Nanjing, la Universidad de Shanghai Jiao Tong, la Universidad de Tsinghua, la Universidad de Ciencia y Tecnología, la Universidad de Xian Jiao Tong y la Universidad de Zhejiang. Las autoridades chinas quieren pasar de la cantidad, que ha aumentado de forma espectacular en las últimas décadas, a la calidad.

El intento de las universidades chinas por situarse entre las mejores del mundo es tan grande que el Ranking Académico de Universidades del Mundo (ARWU, por sus siglas en inglés), elaborado por la Universidad de Shanghai Jiao Tong, se ha convertido en una de las clasificaciones más fiables. Realizado desde 2003, este ranking tiene como objetivo principal conocer “la brecha que separa a las universidades chinas de las mejores universidades del mundo”. Según sus datos de 2008, que como siempre hacen hincapié en el nivel académico y de investigación, ninguna universidad china está entre las 100 mejores, clasificación dominada con diferencia por Estados Unidos, con 54 de los 100 mejores centros educativos. China sitúa 18 universidades entre las 500 mejores del mundo (España tiene nueve). Pekín pretende que dentro de algunas décadas sus universidades destaquen en la parte alta, y en eso está volcando su dinero y todas sus energías.

Li Chen es una de esas estudiantes brillantes que consiguió entrar en Beida, una de las universidades que está llamada a entrar en el ranking de las mejores del mundo en las próximas décadas. Con un español e inglés perfectos, Li Chen es una universitaria muy consciente de las circunstancias sociales, políticas y económicas que vive su país en estos momentos. Cuando le pregunté por la situación de las universidades, Li Chen se mostró tan pesimista como contundente: “En China sólo hay dos buenas universidades, la Universidad de Pekín y la Universidad de Tsinghua. El resto son una mierda”.

Aunque el comentario resulte un poco exagerado, lo cierto es que China avanza en la dirección de unas pocas universidades excelentes y muchas mediocres. Por encima de todas, y copando siempre los mejores resultados en todas las pruebas nacionales, están la Universidad de Pekín y la Universidad de Tsinghua, la primera especializada en temas de ciencias sociales, derecho y economía y la segunda en ingenierías y ciencias. Por debajo de ellas se encuentran las universidades que disfrutan de ayudas especiales gracias a los proyectos 211 y 985. Muy por detrás están el resto.

Cuando, hablando con otros ciudadanos, me alababan por estar en una de las mejores universidades chinas, no tenía más remedio que confesarles la realidad: para los estudiantes extranjeros es mucho más fácil. Basta con tener dinero en el bolsillo y paciencia con el papeleo para poder tomar las clases de chino intensivo. En mi caso fue todavía más fácil, ya que una beca de la Fundación ICO puso todos los medios para que no tuviera que preocuparme nada más que de comprarme el billete de avión. De esta forma, el 6 de septiembre de 2007, habiéndome saltado todos los exámenes y horas de estudio que los estudiantes chinos necesitan, crucé la puerta de Beida como estudiante extranjero. Para los chinos es mucho más difícil.

Fuentes

► Los datos sobre el aumento de estudiantes universitarios chinos en las últimas décadas vienen de: Uwe Brandenburg y Jiani Zhu (2007). Higher Education in China in the light of massification and demographic change. German Center of Higher Education Development, 2007.

► Para más detalles, pues leer en ZaiChina todos los capítuloscomprar la versión impresa o hacerte con el libro para tu Kindle.

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1 Comentario

  1. Bien, es la primera vez que leo algo sobre la vida universitaria en China.  Para mí, todo esto es nuevo, el reportaje refleja la realidad de un país que quiere llegar a ser el mejor, y, obviamente con una educación de primera calidad, el recurso humano formado en esas universidades, tiene una gran ventaja sobre los estudiantes de otros países.  Excelente reportaje, esto me empuja a buscar mejorar mis habilidades cada día.

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