Política, Sociedad

Seguridad en las escuelas

Antonio Broto, que lleva trabajando en la agencia EFE en Pekín desde hace siete ocho años, continúa hoy con nuestra semana de “invitados de lujo”. Él es también la persona detrás del blog más famoso sobre China en español, Chinochano, que ha recibido premios tan importantes como el de 20blogs al mejor blog expatriado y el Blasillo de Huesca al ingenio español en Internet.

Antonio Broto nos ofrece hoy un análisis de los recientes ataques con cuchillo en varias escuelas chinas que han causado la muerte de ocho niños y más de 60 heridos. ¿Funciona la pena de muerte para evitar más crímenes? ¿Cuál es el papel de los medios de comunicación en este tipo de casos?

Portada del 5 de mayo del Dongguan Shibao, un periódico de la provincia de Guangdong, donde tuvo lugar uno de los ataques. El diario explica que a partir de ahora se aumentarán las medidas de seguridad y la presencia policial cuando los estudiantes abandonen la escuela.

 


Miedo en la guardería

Por Antonio Broto

Si a los chinos se les preguntara estos días cuál es el problema que más les preocupa, es bastante probable que hablaran de la seguridad en las escuelas. La razón de esto es la acojonante –perdonen la expresión pero es la más adecuada en este contexto- ola de ataques de perturbados con cuchillo que han sufrido las escuelas chinas en los últimos días, hasta el punto de que hubo tres días consecutivos en los que se produjeron ataques de este tipo.

No es la primera vez que en China se producen este tipo de ataques a niños, pero sí parece ser la primera ocasión en que llegan encadenados. Y el primer eslabón de la cadena empezó el 23 de marzo, cuando un cirujano que había perdido novia y trabajo entró en una escuela del sureste de China y apuñaló a 13 niños, matando a ocho de ellos.

La Justicia china es conocida por su amplia ampliación de la pena de muerte, pero también por la celeridad con la que decide tratar crímenes que, cómo éste, causan una enorme alarma social. La visión del Gobierno chino es la de que ha de dictar un castigo rápido, duro, y que dé ejemplo a la sociedad, es lo que en la tradición china se llama “matar al pollo para asustar al mono”.

En esta ocasión a la justicia le salió el tiro por la culata. El mismo día en que el cirujano era ejecutado por su crimen (28 de abril) otro perturbado entraba en una escuela china y hería a 16 niños y un maestro en Cantón (sur). Un día después, el 29 de abril, otro ataque similar en otra escuela causaba 32 heridos (29 de ellos niños) en el este del país. Y un día después, 30 de abril, un tercer ataque consecutivo, esta vez en la provincia de Shandong (también en el este), se saldaba con cinco niños y un maestro heridos en una guardería. Siempre en escuelas, siempre con cuchillos.

Esta oleada dejó a los chinos bastante conmocionados. Los días 1, 2 y 3 de mayo no hubo clases en todo el país, por los tres días nacionales de asueto que tuvieron los chinos por la festividad del trabajo. El martes, día 4, se reabrieron los colegios, casi todos con la seguridad reforzada. Incluso ha habido lugares de China donde a la policía se le ha dicho que disparen “a matar” si alguien armado con cuchillos intenta tocar un pelo de los niños.

De estos tristes sucesos, se pueden extraer varias conclusiones e incluso lecciones, aunque está por ver si China las digerirá o no.

Una de ellas es la de que la pena de muerte no parece funcionar como elemento “aterrorizador” de potenciales delincuentes. En este caso, ha quedado claro que, por mucho que se apele a la casualidad, la ejecución del primero de los cuatro agresores posiblemente tocó algún resorte oscuro en la mente de los otros tres que les llevó a copiar su comportamiento.

¿O no? Es imposible demostrarlo, pero lo que sí es posible es que la Justicia china comience a reflexionar si es cierto eso de que matando pollos se asustan monos. Una reflexión que quizá ya se esté produciendo antes, pero a la que estos hechos podría ayudar…

China, aunque no lo parezca a veces desde el exterior, está reduciendo la aplicación de la pena de muerte (se calcula que lo ha hecho en un 50 por ciento en los últimos años), y aunque aún queda mucho por andar en la supresión de esta controvertida pena, parece que se ha iniciado el camino hacia ello, o por lo menos a que se aplique de forma minoritaria, como ocurre en lugares como Japón o Taiwán.

Otro debate que podría y debería surgir en China tras este incidente es el de la atención social a las personas con problemas mentales. El primer atacante de los cuatro, por ejemplo, dejó su trabajo porque él mismo dijo tener problemas psicológicos. No parece muy probable que nadie le ayudara, o que recibiera tratamiento de algún tipo. El problema va más allá de este sólo caso: en China, la mayoría de los enfermos mentales, y son millones en un país tan poblado, no reciben ningún tipo de tratamiento, porque éste, como el resto de la sanidad, es de pago para la mayoría de los chinos, y muchos no pueden permitirse ir a un psiquiatra, ni ser ingresado en un centro de rehabilitación.

Son muy conocidos los casos de familias en remotas aldeas chinas que tienen a un pariente encerrado, atado, enjaulado incluso, porque tiene problemas mentales y no lo pueden mantener de otra forma. Conozco personalmente esto, pues tengo un amigo cuyo abuelo pasó los últimos años de su vida encerrado en un establo de la familia: hasta visité una vez ese establo, cuyas paredes estaban inquietantemente llenas de poemas escritos por este abuelo, fallecido ya muchos años antes.

Por último, y para seguir dándole más vueltas al asunto –espero no estar mareando- creo que también se plantea aquí un tema relacionado con los medios de comunicación, un problema que ya no es chino sino mundial. ¿Se debe informar de ciertos sucesos cuando vemos que empiezan a proliferar? Por ejemplo, en España tenemos la polémica de si el estar dando cada día noticias de violencia doméstica está teniendo un “efecto llamada” para otros maltratadores o no. Igual en China está ocurriendo lo mismo…

No es la primera ola de delitos en cadena que se conoce en China, de hecho. Otra, ocurrida hace unos cinco o seis años, fue la proliferación de envenenamientos masivos y deliberados en restaurantes, comedores escolares, banquetes de bodas… En casi todos los casos se utilizó el mismo veneno, un potente matarratas que se prohibió a raíz de aquella tétrica “moda”. Recuerdo que en al menos uno de los casos hubo decenas de fallecidos, en un comedor universitario de Nanjing.

También en aquellos tiempos, hubo varios incidentes muy similares de personas que fabricaban artefactos explosivos caseros y los explosionaban en centros comerciales y otros lugares públicos (afortunadamente, eran bombas de escasa potencia y nunca se pudieron considerar aquellos sucesos “ataques terroristas”).

Y actualmente, también proliferan en los medios chinos ataques de perturbados con cuchillo que en la calle o en una tienda agarran del cuello a una persona y la toman de rehén durante horas. Estos sucesos, de los que creo recordar al menos una decena en los últimos años, suelen acabar siempre con la muerte del secuestrador, que no del secuestrado.

Este último tipo de crímenes y sus fatales desenlaces también han traído a China el debate de que en la policía del país no hay buenos negociadores capaces de enternecer a secuestradores y atracadores. Pero esta es otra historia, y el artículo ya se está empezando a parecer demasiado a la portada de El Caso, así que por hoy lo dejaremos aquí.

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